PERSONAJES
LUCÍA
FERNANDO
MAMA MAMBA MAMBO
SILVIO
SILVIA
BELÉN
VALERIA
ACTO 1
ESCENA 1
LUCÍA: No creo que pueda coincidir todo conmigo, o sea, todo. Pero por lo que leí el tipo me iba leyendo la mente. Yo leía su muro, pero era como si leyera el mío. Yo leyendo el mío no. Él leyendo el mío mientras yo leía el suyo y viceversa. Fue mágico y yo no acepto a cualquiera, no me gusta prácticamente aceptar desconocidos. Si te fijás en mis amigos, son todos amigos, amigos de carne y hueso. Algún que otro familiar lejano, pero los veo, los conozco, a todos. Entonces cuando me llega esto, yo no acepto enseguida. ¿Qué hago? Me fijo en su muro, público, ya me la secó. Pero leo igual y ahí se produce mi desconcierto. A éste tipo lo tengo que conocer de algún lado, ¡sino no puede ser! ¡Lo tengo que conocer! En ambos sentidos de la frase. No te digo que era todo perfecto, pero ahora sólo me acuerdo de las coincidencias. Entonces pienso. ¿Qué lo lleva a él a agregarme a mí? ¿Leyó mi muro y vio que eran idénticos? O casi; y ahí me invitó. No, mi muro no es público. ¿Casualidad? ¿Me invitó porque sí? No, tampoco. Él de algún lado me debe tener. ¿Acaso vos invitarías a una persona cualquiera y al darte cuenta que son casi iguales, descubrimiento que se produce una vez que acepté la invitación, te quedás en el molde y no escribís diciendo: “hola, somos re parecidos ¿no?”?
FER: ¿Y vos?
LUCÍA: ¿Qué?
FER: ¿No le escribiste vos?
LUCÍA: No… Sí… Pero no lo leyó todavía. Pero igual sigo pensando. Si un sábado a las 3 de la mañana vos estás en Facebook agregando a personas, tan copado no podés ser. Pero por ahí se enteró de mí a esa hora y me agregó. A ver, tampoco creo que sea malo estar en la compu a las 3 de la mañana, yo estaba en la compu a esa hora. Lo malo es agregar desconocidos a las 3 de la mañana, entonces no es un desconocido o, en realidad, no tiene que ser un desconocido.
FER: ¿No creés que le estas dando mucha relevancia al asunto?
LUCÍA: ¿Relevancia?
FER: Sí, relevancia. Te agregó un tipo, te gustó. Punto.
LUCÍA: ¿Me gustó, punto? ¿Vos me estas escuchando?
FER: Sí, te gustó. Punto. Leíste tres boludeces, viste una foto…
LUCÍA: ¡Ah! Ahí te equivocás, no tiene fotos. Ni una foto, de él. Sólo imágenes, en donde no hay gente y si hay fotos con gente, él no está. ¿Cómo lo sé? Están todos siempre etiquetados. Que el tipo le presta atención a su muro es obvio. Pero mucha, seguro que es un obsesivo en ese sentido. Pero no son sólo las fotos o imágenes lo que me llamó la atención, es todo lo otro. Además no me gustó, me siento… intrigada.
FER: Debe ser un bagayo.
LUCÍA: ¡Nooo!
FER: ¿No?
LUCÍA: No puede ser un bagayo. En realidad, lo que quiero decir es que no me importa.
FER: ¿Amigos en común?
LUCÍA: Ese es él único aspecto positivo en todo este asunto. Dos.
FER: ¿Y que vas a hacer?
LUCÍA: Básicamente les pregunto sobre él, después de que escuchen mi relato.
FER: Si haces todo esto es seguro que el tipo te gusta, te atrae, te calienta o algo. Espero, por tu bien, que yo no tenga razón y que no sea un bagayo. (Pausa) ¿Qué pasa? ¿Por qué me mirás así?
LUCÍA: Es que vos lo tenés que saber mejor que yo… Amigo en común.
ESCENA 2
MAMÁ MAMBA MAMBO: No podemos negar que en el mundo existen fuerzas misteriosas que actúan alrededor nuestro. Fuerzas misteriosas que nos llevan a cometer los actos más bellos y los más lamentables. La fuerza de los celos, por ejemplo, que nos mueven hacia la desesperación. La fuerza de la verdad, que nos convierten en santos. O la fuerza del amor... que nos hace héroes o condenados, según resulte la cosa.
Esta historia, como todas, es una historia de amor. Pero donde el amor, lejos de ser el protagonista, se transforma en el enemigo. Ustedes ya conocieron a Lucía y su pequeña obsesión con el hombre del Facebook misterioso, pero esta historia está a punto de dar un paso fundamental a favor del drama. No se asusten, no vamos a presenciar una tragedia acuosa para quebrarnos el pecho en cuatro partes, no... no... no... Lo que está a punto aparecer antes sus ojos, ¡es el alma de la comedia!
ESCENA 3
LUCÍA: (De frente, habla mirando una imaginaria computadora gigante, ojos muy abiertos) Cerré los ojos a la espera de que me diga la verdad. Por un instante, se abrieron ante mí la cantidad de caminos a seguir después del conocimiento. Pero esos caminos se derrumbaron como imágenes en un espejo, después de ser golpeado por la piedra de la estupidez humana.
FER: ¿Quién? ¿Manuel cuánto? A ver...
LUCÍA: Abrió el facebook en la sección de amigos, arriba a la derecha cerca de la lupa, en un cuadro de texto escribió el nombre completo de mi, hasta ahora desconocido, amigo en común. Y ahí estaba, la misma foto de perfil que no decía nada y a la vez estaba torturándome desde hacía 30 horas aproximadamente.
FER: No, ni idea quien es.
LUCÍA: La tontería de tener amigos que uno no conoce. ¿Con qué fin podríamos agregar personas con las cuales no tenemos motivo de charla más que la averiguación idiota de ver de quién se trata?
FER: ¿No tiene fotos de él decís?
LUCÍA: (A Fernando, pero continuando con el mismo registro casi impersonal y robótica.) No, no tiene. (Al frente) Buscamos juntos y por motivación mía entre las fotos publicadas, las últimas 40 para ser más precisa. Pasaban ante nuestros ojos, caras sonrientes de personas desconocidas en fondo oscuro, resaltando los rostros la fuerte luz del flash, iluminando los pómulos, los dientes, deformando las pupilas. Hasta que...
FER: Acá está.
LUCÍA: ¿Acá está? (Una luz de esperanza aparece en el rostro de Lucía, pero se apaga a medida que ella misma saca sus conclusiones) No podía ser, como ya lo había anticipado, todas las personas que posaban en ese muro, repleto de palabras y fotos de paisajes preciosos y vacíos, estaban etiquetadas con el característico recuadro color blanco como un dialogo que te derivan a su propio perfil. (A Fernando) ¿Acá está? ¿Quién? Ese no puede ser él.
FER: ¿Cómo sabés? (Pausa) Pero no, no me refiero a “él”. A este pibe lo conozco. Jugaba conmigo al paddle hace unos años, era amigo de Tomás, ¿te acordás de Tomás no?
LUCÍA: (Nuevamente al frente) Sí, lamentablemente me acordaba de Tomás. Pero no me importaba ahora la vida del gordo, sino de que me serviría a mí la relación de mi jefe con ese otro “amigo” nuevo que ahora aparecía.
FER: Simple, le mandamos una solicitud a él y le hacés el popular interrogatorio.
LUCÍA: ¿Él? ¿Qué edad tiene? (Al frente) Lindo, canchero, metro sexual, posiblemente soltero o sumergido en relaciones esporádicas. Me atraería si no estaría en la búsqueda de Manuel. (Sonríe) ¡Ay! Manuel, es la primera vez que digo si nombre en voz alta.
FER: No sé, debe tener la edad de Tomás.
LUCÍA: 300 años.
FER: Entre 40 y 45, por ahí.
ESCENA 4
(La conversación es un Chat, de Silvio sólo vemos su silueta, Fernando queda en escena, aunque parecería ausente.)
LUCÍA: Hola.
SILVIO: Hola, signo de interrogación.
LUCÍA: Disculpame, coma, no acostumbro a hacer esto, punto.
SILVIO: ¿Esto? Signo de interrogación
LUCÍA: Agregar a personas que no conozco digo, punto.
SILVIO: Ah, signo de admiración. Yo sí ja ja doble jota y otra a.
LUCÍA: Ja ja ja. Enter. (Pequeña pausa) Soy amiga de Manuel, punto. Enter. (Pausa, comienza a notarse su respiración) Silvio está escribiendo. (Pausa) Silvio está escribiendo. (Pausa, su respiración crece en intensidad) Silvio está escribiendo. (Pausa larga, casi agitada) ¡Silvio está escribiendo! (Cambiando el clima impersonal) ¡¿Qué estás escribiendo Silvio?!
SILVIO: Ah. (Pausa eterna, la respiración de Lucía se regula hasta alcanzar casi una normalidad, pero se nota). ¿Querés hablar personalmente? Signo de interrogación. Sólo al final, más cómodo.
LUCÍA: ¿Vos conocés a Manuel no? Signo de interrogación, sólo al final, me acostumbré, enter.
SILVIO: Es mi hermano.
LUCÍA: Sí, coma, dale. Punto, enter.
SILVIO: ¿Qué? Signo de interrogación.
LUCÍA: Tres signos de interrogación, uno al lado del otro. Sin espacios.
SILVIO: Sí dale ¿qué? Signo de interrogación.
LUCÍA: Hablar personalmente, tres puntos suspensivos, esa es otra costumbre.
SILVIO: Venite a casa.
LUCÍA: ¿Dónde vivís? Signo de interrogación.
SILVIO: En lo de Manuel.
LUCÍA: ¿Y eso queda? Signo de interrogación.
SILVIO: ¿No eras su amiga? Signo de interrogación.
LUCÍA: (Su respiración que casi se había normalizado, vuelve a notarse). Sí, coma, pero nunca fui a su casa. Respuesta rápida. Enter.
SILVIO: Raro, ja ja ja.
LUCÍA: Raro sí, ja ja ja.
SILVIO: Sarmiento 1 5 0 5. 7mo B.
LUCÍA: Salgo del trabajo y voy. Punto. ¿Tipo 8:30 estás? Signo de interrogación, dos, se me escapó el segundo.
SILVIO: Dale, signo de admiración.
LUCÍA: Nos vemos, puntos suspensivos, un beso. Carita con sonrisa. Smile. Flecha hacia abajo, corro el cursor hasta la palabra “salir”. (La figura de Silvio desaparece junto con la última palabra de Lucía).
FER: ¿Vas a ir?
LUCÍA: (Grita) ¡Ay! Fer, me asustaste, no sabía que todavía estabas acá.
FER: Estabas como ida, me di cuenta. ¿Vas a ir?
LUCÍA: Sí.
FER: A la casa de un desconocido, de noche.
LUCÍA: Recordemos que fue todo una idea tuya. Y no es un desconocido, es el hermano de Manuel. Creo que es la primera vez que digo su nombre es voz alta. (Amague) Ah, hay algo que te tengo que decirte, no se usa más jugar al paddle.
ESCENA 5
SILVIA: (Sólo se ve el recorte de su silueta) Pasá querida, pasá. Disculpá el desorden y la falta de luz, es que no estamos acostumbrados a recibir visitas.
LUCÍA: Hola, yo buscaba a Silvio. ¿Él está?
SILVIA: No, salió. ¿Querés esperarlo?
LUCÍA: Si no es mucho inconveniente... Quedamos en vernos a ésta hora.
SILVIA: Y bueno, ya conocemos a Silvio.
LUCÍA: En realidad yo no.
SILVIA: ¡Ah! ¿Amiga nueva?
LUCÍA: Algo así... ¿Usted es su...?
SILVIA: Hermana, tranquila.
LUCÍA: Ah.
SILVIA: ¿Qué pasó?
LUCÍA: No es que, no sabía nada de otra hermana.
SILVIA: Otra no. Yo soy la única que tiene.
LUCÍA: No claro, lo que quiero decir es que yo... en realidad yo… conozco... bueno, soy una conocida de Manuel en realidad, no de Silvio.
SILVIA: ¿De Manuel?
LUCÍA: Sí. De Manuel. Y no sabía lo de los hermanos, de ninguno.
SILVIA: ¿Y hace mucho que conocés a Manuel?
LUCÍA: Sí. No, en realidad no. Nos conocimos esta semana, en Facebook.
SILVIA: Aja. (Pausa)
LUCÍA: ¿Demorará mucho? Digo, ¿es de demorar mucho? Cuando… ¿Tu nombre?
SILVIA: (Apareciendo delante de Lucía) Silvia.
LUCÍA: (Ríe a carcajadas, mientras Silvia queda paralizadas y visiblemente molesta. Lucía trata de controlar su risa.) Perdón… perdón… es que… ¿Silvio?
SILVIA: ¿Qué?
LUCÍA: ¿Sos vos? Son re parecidos. O sea, sos Silvio con pelo largo. (Ríe, ahora nerviosa) ¿Nunca te dijeron eso?
SILVIA: Me lo han dicho sí, pero nunca de una manera tan descortés.
LUCÍA: No, perdoname. No, ya se, estuve horrible. Lo que pasa es que el misterio que tenía todo y…
SILVIA: ¿Misterio?
LUCÍA: Sí, las luces, las cosas… todo… o sea… No, perdoname. ¿Silvia?
SILVIA: Silvia, sí.
LUCÍA: Perdoname, en serio, fue horrible, si querés me voy. Perdoname.
SILVIA: Está bien, ya pasó.
LUCÍA: O sea que tu… eh… hermano, no viene. ¿Puedo hablar con… vos? Silvia.
SILVIA: ¿Para qué? Silvio puede ser impuntual. Pero si te hizo venir, esperalo. A mí no me molesta.
LUCÍA: Bueno. (Pausa)
SILVIA: ¿Amiga de Manuel decís?
LUCÍA: ¿Eh? Ah, sí.
SILVIA: ¿Muy amiga?
LUCÍA: ¿Muy amiga? No, un poco. (Lucía, nerviosa, casi no mira a Silvia cuando ésta la mira).
SILVIA: Nunca te vi por acá.
LUCÍA: No, nunca vine. ¿Viven los… eh… 3… juntos?
SILVIA: No, es la casa de Manuel. Ahora estamos Silvio y yo.
LUCÍA: Silvio, Silvia. ¿Son mellizos?
SILVIA: No, yo soy mayor. La mayor, después vino Manuel y el más chico es Silvio.
LUCÍA: ¡Ah! ¿Y porque los… (Ríe una vez más, menos) nombres?
SILVIA: ¿Nombres?
LUCÍA: Silvio, Silvia.
SILVIA: No sé. ¿Querés preguntarle a mis Padres?
LUCÍA: ¡No! No, claro. Perdón.
SILVIA: (Brusca) ¿Podes parar de pedir perdón? (Pausa)
LUCÍA: (Ya no se reirá) Ok.
SILVIA: ¿De donde conoces a Manuel?
LUCÍA: Es largo de explicar. Me mando una solicitud de amistad al Facebook, el sábado. Y, bueno, contradiciéndome un poco, leí su muro y… me gustó. Él, me gustó. Pero no contestó mis mensajes. El mensaje. Así que hice una pequeña investigación y di con Silvio, tu hermano. Cuando le pregunté por Manuel, me dijo de hablar personalmente y me citó acá, como te contaba.
SILVIA: ¿Entonces no conocés a Manuel?
LUCÍA: No, quiero… hacerlo.
SILVIA: (Casi un suspiro) Pobrecita.
LUCÍA: ¿Cómo?
SILVIA: Estás enamorada.
LUCÍA: No… Sólo estoy… intrigada.
SILVIA: Lo veo un tus ojos, hablás de Manuel y se iluminan, como la pantalla de una computadora en una pieza oscura, como el día en que lo conociste. (Se acerca a Lucía y le pone la mano sobre el mentón, levantándola levemente).
LUCÍA: ¿Cómo?
SILVIA: Pobrecita.
LUCÍA: (Le saca la mano) Esperá. ¿Qué?
SILVIA: Manuel está muerto… Manuel falleció.
LUCÍA: (Comienza a convulsionar) ¿Qu…? ¿Cuand…? Ah. (Las convulsiones se incrementan, Silvia se aleja con una mano en el pecho. Lucía cae al suelo, se mueve enérgicamente emitiendo sonidos llenos de dolor y tragedia. Silvia finalmente se acerca cuando se produce un apagón).
ESCENA 6
(Lucía esta acostada. Delante de ella, Belén, de espaldas, lee una carpeta, lleva una chaquetilla de Doctor).
LUCÍA: (Despertando) Mmm…
BELÉN: Ah, te despertaste.
LUCÍA: ¿Dónde estoy?
BELÉN: Bueno, no te asustes, tuviste una descompensación. Estás en el Hospital.
LUCÍA: ¿Qué hospital? ¿Cómo llegué acá?
BELÉN: Bueno, bueno, tranquila. Estás en el hospital San Jerónimo. Te trajo una la ambulancia, una chica llamó, se puso en contacto con nosotros. Pero tranquila que no es para alarmarse. ¿Vos estás tomando algún tipo de medicación? ¿Algo?
LUCÍA: ¿Debería?
BELÉN: No, no. Por ahora no. Pero tengo que saber. ¿Quién es tu médico de cabecera?
LUCÍA: No, no. No tengo médico.
BELÉN: Bien.
LUCÍA: ¿Está bien eso? (Pausa pequeña) ¿Quién me trajo? ¿Quién llamó? ¿Silvia?
BELÉN: Puede ser.
LUCÍA: ¿Puede ser?
BELÉN: A eso no lo sé con exactitud. Pero quedate tranquila que está todo bien por ahora.
LUCÍA: ¿Por qué decís “por ahora” todo el tiempo?
BELÉN: Mirá Lucía…
LUCÍA: ¿Cómo sabés mi nombre?
BELÉN: Bueno, llegaste con una descompensación, tuvimos que contactar a tu familia… a través de tu celular…
LUCÍA: ¿Dónde está mi celular? No la llamen a mi mamá, por favor, que se preocupa un montón.
BELÉN: Bueno Lucía, tranquila. Tuvimos que llamar a tu mamá, ella nos puso en contacto con una hermana tuya, ¿puede ser?
LUCÍA: No.
BELÉN: ¿No?
LUCÍA: No, sí. Pero no. ¿Qué dice mi mamá? ¿Qué dijo mi hermana?
BELÉN: Bueno, ella está viniendo para acá…
LUCÍA: ¿Quién?
BELÉN: Tu hermana.
LUCÍA: Media hermana.
BELÉN: Bueno, ella está viniendo.
LUCÍA: No.
BELÉN: Bien, lo más importante es que te quedes tranquila.
LUCÍA: ¡¿Podés dejar de decirme que me quede tranquila?!
BELÉN: Bueno, bien. Pero tenés que… bajar un cambio.
LUCÍA: ¿Cómo es tu nombre?
BELÉN: Soy la doctora Maldonado. (Pausa) Belén. Belén es mi nombre.
LUCÍA: ¿María Belén o Belén sólo?
BELÉN: Belén, Belén sólo.
LUCÍA: Qué raro. (Pausa) ¿Hace cuánto que estoy así?
BELÉN: No mucho, debe hacer una hora aproximadamente.
LUCÍA: ¿Eso no es mucho?
BELÉN: No, en realidad no. Además tuvimos que ponerte un pequeño sedante y eso, seguramente, intensificó el sueño. Mirá, no sé si estás en condiciones ahora, pero necesitaría que en algún momento hablemos de Manuel.
LUCÍA: ¡¿Qué?! ¡¿Cómo sabés de Manuel?!
BELÉN: No, eh… No te alteres. Cuando llegaste acá estabas en un estado bastante alterado y… hablabas… mucho… de un Manuel.
LUCÍA: ¿Vos conocés a Manuel?
BELÉN: No, no, claro que no.
LUCÍA: ¿No conocés ningún Manuel?
BELÉN: Bueno sí, claro que conozco algún Manuel, pero no viene al caso, ¿sí?
LUCÍA: ¿Qué Manuel conocés?
BELÉN: No, mirá, tranq… Ehm…Escuchame a mí. Te pregunto esto para saber si vos tuviste algún acto de violencia relacionado con algún Manuel.
LUCÍA: No.
BELÉN: Ok. Bueno, es por ese… estado… en el que llegaste… que tuvimos que proporcionarte un calmante y por eso has dormido tanto. ¿Se entiende hasta ahí?
LUCÍA: Sí, todo perfecto.
BELÉN: ¿Es la primera vez que te pasa esto?
LUCÍA: ¿Qué?
BELÉN: Los desmayos.
LUCÍA: Sí.
BELÉN: ¿Tenés alguna idea a qué se debe? ¿Has recibido alguna noticia últimamente? ¿Alguna crisis con tu pareja?
LUCÍA: No tengo pareja.
BELÉN: ¿Alguna noticia?
LUCÍA: (Pausa larga, Lucía mira a Belén un largo rato). ¿Vos que sabés de mí?
BELÉN: Perdón.
LUCÍA: ¿Esa remera no es mía?
BELÉN: ¿Qué remera?
LUCÍA: La que tenés puesta.
BELÉN: No, no. Es mía.
LUCÍA: Es muy parecida.
BELÉN: Lucía…
LUCÍA: No me digas Lucía que no te conozco y me pone nerviosa.
BELÉN: Mirá, estás bastante alterada y lo entiendo. Aunque no te guste, necesito que te quedes tranquila y me dejes hacer las preguntas a mí. Esta todo bien, pero no es bueno para vos, ni para nadie, que te pongas nerviosa y por eso te lo estoy repitiendo todo el tiempo. Te vas a quedar una horita más en observación y después te podes ir a tu casa. ¿Sí?
LUCÍA: Sí. (De golpe irrumpe Vale, llega nerviosa e histérica, con carpetas, portafolio y celular en mano).
VALE: ¿Qué pasó Lucía? ¿Qué hacés acá? ¿Pero estás despierta? A mí me dijeron que estabas dormida. ¿Es joda esto? ¿Para qué me llaman y me asustan así? ¿Qué tiene?
BELÉN: (A Lucía) ¿Tu hermana?
VALE Y LUCÍA: Media hermana.
VALE: Por parte de padre. ¿Qué tiene?
BELÉN: Nada para alarmarse. Ha tenido una descompensación pero ya está controlada.
VALE: ¿Qué estudios le hicieron?
LUCÍA: Valeria no te metas.
BELÉN: No, por ahora no le hemos hecho estudios…
VALE: No, bueno, vos te vas inmediatamente de acá. Te vas a una clínica privada, no sé, no me importa. Yo te invito.
LUCÍA: ¿Yo te invito? ¿Qué estás diciendo?
VALE: ¿Pero quién es esta chica?
BELÉN: Soy la doctora Maldonado.
LUCÍA: Belén.
VALE: No, no, no. Dale, levantate que nos vamos.
BELÉN: No, señorita, ella se tiene que quedar en observación.
VALE: Yo con usted no hablo. Levantate Lucía que nos vamos.
BELÉN: Pero no señorita, se tiene que quedar.
VALE: ¿Y qué sabe usted? ¿Dónde estudió? ¿Cuándo estudió? ¿Qué título tiene?
LUCÍA: ¿Ahora entiende porque no quería que venga?
BELÉN: Señorita, quédese tranquila, no le hace bien a su hermana…
VALE: No me diga que me quede tranquila.
LUCÍA: Bueno, está con eso desde hoy.
VALE: Levantate de una vez Lucía.
BELÉN: Si no se tranquiliza voy a tener que llamar a seguridad.
VALE: Pero llámela por favor. ¿No se da cuenta que estoy pensando en la salud de mi hermana?
BELÉN: Bueno, no se nota, no está haciendo más que alterarla.
LUCÍA: Yo estoy tranquila eh…
VALE: Vos callate y levantate. (Lucía se levanta. En ese momento entra Fernando, preocupado).
FER: ¿Pero qué paso? Luci, por favor mamita, ¿estás bien?
LUCÍA: Hola Fer. Sí, estoy bien.
FER: ¿Te hizo algo ese hijo de puta?
BELÉN y VALE: ¿Quién?
FER: Silvio, ese hijo de puta, yo sabía que no tenías…
LUCÍA: No, Fer, no. Ni lo vi a Silvio.
FER: ¿Y qué pasó?
BELÉN: Bueno, acá hay mucha gente y no le hace bien a Lucía que acaba de despertarse de una situación…
FER: ¿Ésta quién es?
BELÉN: Soy la doctora…
LUCÍA: Belén se llama…
BELÉN: Maldonado.
VALE: Doctora ¡bue!…
FER: No, no, no… Sí, sí, sí. (A Lucía:) Yo te dejo, pero me quedo acá ¿eh? Hasta que estés mejor…
LUCÍA: No Fer, tranquilo que no pasa nada.
BELÉN: (Acostando nuevamente a Lucía) Es mejor que desalojen la sala…
FER: Sí, sí, sí… Vamos Valeria dale.
VALE: Pero ¿qué? ¿Están locos? (A Lucía) ¿Qué haces acostada de nuevo? ¡Lavantate que nos vamos, carajo!
LUCÍA: Me dejan decidir a mí…
VALE: (Al mismo tiempo que Fernando) Vos callate.
FER: No, mamita, vos quedate calladita, no te va a hacer bien.
BELÉN: Por favor, desalojen la sala. Esto parece un conventillo… (Entra Silvio, como buscando).
SILVIO: Perdón, ¿Lucía?
FER: Silvio.
BELÉN: Perdón ¿usted quién es?
SILVIO: No, busco a Lucía, me dijo mi hermana que…
LUCÍA: Acá estoy Silvio.
SILVIO: Ah, hola. ¿Qué pasó? (A Belén) ¿Usted es la doctora?
BELÉN: Sí, soy la doctora pero…
LUCÍA: Belén…
BELÉN: …tenemos que irnos y dejar sola a…
VALE: Levantate Lucía. (Lo hace).
BELÉN: …la paciente.
FER: Sí, sí, vamos. Quedate acá Luci ¿sí? (Acuesta Lucía). Yo ahora hablo con la doctora y vengo.
VALE: (A Fernando) No, es que ella se va.
FER: ¿Cómo que se va?
SILVIO: Pero Fernandito, ¿qué hacés querido? ¿No estás yendo más a jugar al paddle?
FER: ¿Qué? ¿Ustedes siguen?
VALE: Lucía… dale. (Le hace señas para que se levante, Lucía lo hace a medias. Belén está casi empujando a Fernando y Silvio para que salgan. Cuando ve que Lucía está por levantarse se dirige a Vale).
BELÉN: Señorita, por favor se lo pido… (Acuesta a Lucía).
SILVIO: (Con Fernando) Sí, sí, todos los jueves.
FER: No te puedo creer, no sabía.
BELÉN: Señores… (Intentando que Fernando y Silvio se vayan afuera).
FER: (Para Belén) Sí, sí, sí… (Volviendo a Silvio) ¿Cómo fue esto? ¿No sabías nada vos?
SILVIO: No, me avisó mi hermana hace un rato.
FER: Sí, a mí me avisó ella (Por Vale), es la hermana de Lucía.
VALE: Media hermana. (Belén ahora empuja, un poco, a Vale). ¡No me toque!
BELÉN: Bueno, es que…
LUCÍA: Valeria andate, por favor.
VALE: Yo te quiero hacer un favor y vos me echás.
FER: Vamos Valeria, vamos.
SILVIO: ¿Por parte de padre o de madre?
LUCÍA y VALE: Padre.
BELÉN: Señores, por favor…
FER: Sí, sí… vamos Silvio, vamos… Valeria… (Todos van saliendo).
VALE: Yo voy a hablar con un médico de verdad para que le hagan estudios…
FER: Bueno, bueno, ahora vamos a hablar acá con la doctora…
BELÉN: Maldonado.
VALE: No, no, no… Dije médico de verdad. (Sale apurada).
SILVIO: ¿Qué? ¿Ella no es médica?
FER: Sí, calculo que sí.
BELÉN. Sí. Soy… eh… por favor… (Arriándolos)
FER: ¿Los jueves me dijiste? Voy a ir de nuevo, a mí me gusta mucho el paddle viste…
SILVIO: Sí bueno, siempre nos falta alguno. (Casi afuera)
LUCÍA: Eh… Doctora…
BELÉN: ¿Sí?
LUCÍA: (Piensa) La remera… ¿Dónde la compró? (Belén la mira un segundo, luego niega con la cabeza y sale. Lucía queda sola, silencio. Se levanta y camina por la habitación. Busca entre una pila de revistas, agarra una, se sienta en la cama, la hojea. Queda paralizada en una página. De golpe se levanta y sale. En la revista se ve una foto de “MAMÁ MAMBA MAMBO” con un texto alrededor, alcanzamos a leer una promoción sobre magia Vudú).
ACTO 2
ESCENA 1
MAMÁ MAMBA MAMBO: (Se escucha el sonido de tambores)
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
Bueno señor, aquí llego mamá
y vengo a enseñarte como se ha de bailar.
Tengo la sangre negra y la lengua también,
yo puedo tocarte y ver tu piel arder.
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
Se escuchan campanas por toda la ciudad,
son gritos de heridas que no pueden sangrar.
Yo ayudo a la gente a que se sientan bien,
yo pongo a los muertos una vez más de pie.
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
Vení a visitarme, tengo un lindo lugar,
no pierdas el tiempo, el show va a comenzar.
Si tienes problemas que debes resolver,
es Mamá Mamba Mambo que te va comprender.
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!
¡Mamá Mamba Mambo!¡Se acabo! (Apagón. Suena un teléfono, es el lugar de Mamá Mamba Mambo. Después de unos timbres, es ella la que atiende).
Buenas noches, estás hablando Mamá Mamba Mambo. Invocaciones, brujería, Magia Vudú, diferentes interpretaciones de la Biblia y la vida de los santos. ¿En qué puedo ayudarte?... Sí, ella habla… Tengo que informarte que esta conversación está siendo grabada para seguridad de ambas partes… La tuya como la mía, sí claro… Ajam… Sí… Muy bien… No… No, no, no… Nunca le cortes la cabeza… ¡No, eso tampoco!… Dejalo en agua fresca un par de días y si se pone feo le agregas un poquito de leche de cabra… Yo tengo… Bueno querida… Amén querida, amén. (Corta. Camina unos pasos como queriendo salir, pero el teléfono vuelve a sonar). Buenas noches, estás hablando Mamá Mamba Mambo. Invocaciones, brujería, Magia Vudú, diferentes interpretaciones de la Biblia y la vida de los santos. ¿En qué puedo ayudarte?... ¿Es la primera vez que llamás?... Tengo que informarte que esta conversación está siendo grabada para seguridad de ambas partes… Bueno… No, no, no. Escuchame: al ser la primera vez vamos a tener que acordar una cita personal… Claro, vas a tener que acercarte… Esperame un segundito (Busca una agenda, la revisa). Si, acá estoy… Mirá, podría ser el miércoles a las 15:30, ¿te parece?... Mmm, antes imposible… Bien, ¿tu nombre?... Muy bien Lucía, que tengas un buen día… Amén querida, amén. (Corta).
¡Mamá Mamba Mambo!
ESCENA 2
(Nuevo Chat).
FER: Hola Silvio. Punto. Abro signo de interrogación. ¿Estás? Cierro.
SILVIO: Hola. Sí, estoy. (Dice todo junto, sin respetar las puntaciones).
FER: Abro. ¿Juegan Mañana o el jueves? Cierro.
SILVIO: ¿Qué cosa?
FER: Al paddle digo.
SILVIO: Ah. Doble hache. No mañana no el jueves.
FER: Aquí tenemos tres maneras distintas de interpretar la frase. Número uno: No; mañana. No el jueves. Ergo: el partido de paddle se realizará mañana miércoles. Número dos: No mañana. No el jueves. Ergo: Ésta semana no se juega al paddle. Y por último, la número tres: No; mañana, no. El jueves. Así, el partido de paddle es el jueves. Aunque entendí perfectamente lo que quiso decir Silvio, este tipo de respuestas me pone un poquito nervioso. Entonces debo volver a preguntar abriendo un signo de interrogación al principio de la frase: ¿El jueves? Y cerrándolo al final.
SILVIO: Sí.
FER: Cuenten con mi presencia. Punto. (Seco).
SILVIO: ¿Y Tomás? Signo de interrogación.
VALE: Hola Fernando. Enter. ¿Está Lucía ahí? Signo más Enter.
FER: Hace meses que no lo veo.
VALE: ¡¿Cómo?! Múltiples signos.
FER: Hola Vale. No, no era para vos el mensaje. Lucía hoy no viene, tiene el día libre, por lo de ayer.
VALE: ¿Hablaste con ella?
FER: Le mande un mensaje hoy temprano.
VALE: ¿Te contestó?
FER: No, coma, ¿pasa algo? Signo de interrogación. Uno sólo, juro que se me escapó.
VALE: No me atiende el teléfono. La estoy llamando desde hoy.
SILVIO: ¿Le pasó algo?
FER: Ahora la pamo. Enter. Lamo. Borro. ¡Llamo! (Silvio toma el teléfono, marca y espera. En ese momento, repara en el texto de Silvio, lo mira. Desde ahora, cuando Fernando chatea con alguien mirará a esa persona. Mira a Silvio). ¿Cómo sabés?
SILVIO: No, no sabía nada. ¿Qué le pasó?
FER: Es que no se nada desde ayer. Hoy le mande un mensaje y no me contestó.
SILVIO: ¿Pero ayer estuviste? Signo de interrogación.
FER: ¡Estuvimos juntos Silvio!
SILVIO: ¿Qué decís? Signo de interrogación. Enter. Hace meses que no lo veo a ese gordo bagre.
FER: ¿Gordo bagre? Abro signo. ¿De quién me hablás? Cierro.
SILVIO: De Tomás.
FER: No, sí. El gordo está bien, si es terminator. (Cuelga el teléfono).
VALE: ¿Y? Tres puntos suspensivos.
FER: (Mirando a Silvio) No me atiende. Enter. (Llama de vuelta).
SILVIO: ¿Quién? Signo. Enter.
FER: (Mira a Vale) No me atiende. (A Silvio) Esperá Silvio. Después seguimos, tengo un tema con Lucía.
VALE: Pero la puta madre, a mí tampoco.
SILVIO: ¿Qué pasó con Lucía?
FER: (A Vale). Nada, no me atiende el teléfono.
VALE: (Nerviosa) ¡Ya sé! Admiración. A mí tampoco.
SILVIO: (Nervioso) ¿Le pasó algo a Lucía? Triple signo de admiración y uno más.
FER: (También nervioso. A Silvio) No Silvio, está todo bien. Ahora no puedo hablar, pero quedate tranquilo. (Al frente) Voy abajo a la derecha. Al lado de “Buscar” hay una ruedita, una especie de engranaje. Se llama “opciones”. Aprieto ahí, me muevo hasta donde dice “desactivar Chat” y clickeo una vez más. (A Vale). No, coma, no me atiende. (Toma el teléfono y marca).
VALE: ¡Pero la puta madre che! El pero y el che no están escritos.
FER: Estoy llamando al San Jerónimo. ¿Cómo era el nombre de la doctora? (Al teléfono) Hola, ¿sí, qué tal?... Llamo por una paciente… Sé que la atendió la doctora María Belén Maldonado… ¿Belén solo?... Ah, que raro… ¿Estaría la doctora? Quisiera hablar con ella un segundo... Muchas gracias.
VALE: ¿Y?
FER: (A Vale) Ahí hablo con la doctora. Punto. Enter. Quedate conectada. Enter. (Aparece Belén al teléfono. Fernando ahora se divide entre el teléfono y el chat).
BELÉN: Hable.
FER: Hola, habla Fernando, Fernando D´alesandro. ¿María Belén?
BELÉN: Belén sí, ella habla.
FER: Ah ¿Qué tal? (Al chat) Ahí me atendió.
VALE: ¿Y?
FER: (Al teléfono) Mire, yo ayer estuve en el hospital con una paciente suya. Almada, Lucía Almada.
BELÉN: Lucía, sí.
VALE: ¿Y? Triple signo de interrogación.
FER: Ella… ¿No está ahí no?
BELÉN: No, ella dejó el hospital ayer mismo.
FER: (Mientras escribe en el chat) Aja. ¿Cuál es el diagnóstico?
VALE: Fer está escribiendo.
BELÉN: ¿Perdón?
FER: Eso. ¿Cuál es el diagnóstico de ella?
BELÉN: No, ella ingresó al hospital por una descompensación que pudimos controlar, no posee ningún cuadro particular.
VALE: Fer está escribiendo.
FER: Bien, mire, yo no se si esto le interesara, pero ella está desaparecida.
BELÉN: ¿Desde cuándo?
FER: Ayer.
BELÉN: ¿Cuántas horas?
FER: No, no muchas, desde ayer.
VALE: Fer está escribiendo.
BELÉN: ¿La llamó? ¿Se acercó hasta su casa?
FER: Sí y no.
BELÉN: Bien, le diría que se acerque hasta su domicilio y constate que ella no está ahí.
FER: Tiene razón. Eso haremos. Muchas gracias.
BELÉN: Bueno, cualquier inconveniente puede comunicarse conmigo. ¿Quiere que le de mi número de teléfono particular?
VALE: ¡Fernando! Creo que fueron alrededor de cuarenta signos de interrogación.
FER: (Al teléfono) Si, démelo. (Al chat) No est… palabra cortada que comencé a escribir hace un rato. Enter. Vamos para la casa de Lucía, ella tiene que estar ahí. Enter. (Belén sigue hablando por teléfono con Fernando, el escribe un número es una pequeña hoja de papel, los tres van saliendo).
ESCENA 3
(Lucía está sola, en su casa. La computadora prendida, el celular en la mano. Sólo está mirando la pantalla, como ida. Pasa el tiempo, nada se mueve. Suena el timbre, una vez. Como si se tratase de una campana, ella se pone a accionar, maneja la computadora mecánicamente, ensimismada en esa tarea, va rápido, muy rápido, demasiado. Suena el timbre una vez más, ella lo nota, pero sólo hace que desvíe la mirada hacia el costado por menos de un segundo. Al poco tiempo también suena el celular, sin atenderlo o prestándole sólo un poco de atención, pareciera que acelerase su labor. El timbre y el celular suenan, suenan y vuelven a sonar, ahora el ruido es insoportable. Lucía se apura, cada vez un poco más. Todo se vuelve raro, ella se toma la cabeza, se golpea y sigue manipulando la computadora, los ruidos se incrementan más y más. Lucía grita y con el grito todo se calla. Golpes en la puerta.)
FER: (Desde afuera). Lucía ¿estás ahí? Lucía contestame. Lucía. (Aun desde afuera, charla con Valeria) No está.
VALE: Sí que está, golpea de nuevo.
FER: No está.
VALE: ¿No escuchaste su celular?
FER: Sí, lo escuche, pero lo puede haber dejado acá ¿no?
VALE: Está ahí, está adentro, la escucho.
FER: ¿Cómo que la escuchás?
VALE: Está ahí Fer. Golpea de nuevo. (Golpes).
FER: ¿Lucía? No puede ser mamita, si estás ahí abrí por favor. Estamos preocupados acá con tu hermana.
VALE: Decile algo del trabajo.
FER: ¿Cómo qué?
VALE: Y… Decile que la vas a echar.
FER: ¿Pero comó la voy a echar? ¿Qué estás diciendo?
VALE: A cualquier persona del mundo que falta al trabajo, sin aviso, la echan.
FER: No, yo no la voy a echar.
VALE: Bueno Fernando, amenazala con eso.
LUCÍA: ¡Él me dio el día libre Valeria!
FER: Ahí está vez, te dije, está adentro. (A Lucía) Abrí Lucía. Eeeh… No te voy a echar. Pero abrí.
LUCÍA: Está abierto Fer.
FER: ¿Cómo que está abier... Pero la puta madre. (Entrando. Detrás de él, Valeria). Lucía, ¿qué te pasó?
LUCÍA: ¿Por qué?
VALE: ¿Por qué?
FER: No fuiste a trabajar.
LUCÍA: Vos me diste el día libre.
FER: Bueno, pero no me contestaste el mensaje, no me atendés el teléfono. Yo me preocupo querida.
LUCÍA: Estoy bien Fer.
FER: Bueno, pero con lo que pasó ayer y todo…
VALE: Es la segunda vez en dos días que me hacer preocupar por vos y no te pasa nada. Yo, la próxima… Argentina.
LUCÍA: ¿Qué decís Valeria? ¿De dónde sacás esas frases?
VALE: Bueno. ¿Estás bien? Me voy.
LUCÍA: Pero sí, andá por la sombra sabés.
FER: No, no. Escuchá Lucía, tu hermana y yo estábamos preocupados.
LUCÍA: Bueno, ya estoy bien Fer.
FER: No, no, no, no, no. Evidentemente no estás bien. Te tocamos el timbre, te llamamos por celular, no atendés. Le tenemos que pedir a un boludo que nos abra y nos deje pasar, nos mira como si fuéramos a robar algo o que se yo. Llegamos hasta la puerta, te tocamos, toc toc, no nos contestas. Bien no estás Lucía ¿qué te pasa?
LUCÍA: Manuel falleció.
FER: Pero, la puta madre che… (Pausa) ¿Qué Manuel?
LUCÍA: Fernando…
FER: (La mira sin entender) ¡Ah! El muchacho del… del facebook. Bueno… ¿Y?
VALE: ¿Me pueden informar quién es ese Manuel?
LUCÍA: Manuel… Manuel es… (El clima cambia) Ay, creo que es la primera vez que digo su nombre en voz alta. Manuel es… perfecto. Tan perfecto. Ideal. El es el hombre con quien siempre soñé. No tiene defectos, o mejor dicho, tiene. Pero son justamente esos defectos los que lo hacen tan particular. Creo que… estoy enamorada de él. Él… Manuel… (El clima vuelve a la normalidad).
FER: (A Valeria) Un tipo que conoció en el Facebook. Y no sé por qué le choca tanto que se haya… ¿Cuándo fue?
LUCÍA: ¿Qué cosa?
FER: ¿Cuándo… murió?
LUCÍA: (Otra vez el otro clima) No se bien cuando murió, no se bien si murió. Quizás está vivo, esperándome. Tengo que averiguarlo. (Pausa) Nuestro segundo amigo en común, era mi padre. Si, el padre de Valeria también. No le hice el interrogatorio aún, porque hace bastante tiempo que no hablo con mi papá, no porque esté enojada, porque que haya formado otra familia, porque que haya dejado a mamá, no me molesta. Yo también hubiera dejado a mamá, es totalmente insoportable. No se como pudo aguantarla tanto tiempo, como pudo haber tenido una hija con ella. No me hablo con él porque así se dio, no hay tanta vuelta para darle. Entonces no me pareció necesario hablarlo, imaginate: “Hola, hace 6 años que no hablamos, no importa. Vi que tenés un amigo en Facebook que se llama Manuel. ¿Quién es? ¿Dónde lo encuentro?” No daba. Sí, dije Manuel y no hice pausa, pero en este momento estoy pensando. Mientras tanto Fer y Valeria están a mi lado, en mi casa, hablándome de no se que, yo también estoy hablando con ellos, pero no estoy ahí. Estoy acá. Pensando en Manuel, en él. (Pausa) Me aburro un poco de mi voz, seguramente el supuesto público al que le estoy contando mis intimidades opina exactamente lo mismo. No tengo por qué hacerme este problema. Dentro de mis pensamientos puedo hablar con la voz de quien sea.
FER: Pero ejemplo la de mi jefe, Fernando D´alesandro, Fer. (Pausita) Desde anoche inicié una investigación exhaustiva para ver si en alguna foto del Facebook de Manuel… Manuel, su nombre en voz alta, en la voz de Fernando, ¡puaj! (Pausita) Retomo, para ver si en alguna foto del Facebook de Él, así es más fácil, se aparecía. Tenía que darle un rostro a mi amor. (De frente, una vez más la computadora gigante.) Revisé 7.257 fotos. La obsesión y la prolijidad de Manuel llevaban la labor a pasar el cursor del mouse sobre los rostros y comprobar una vez más que no había cabos sueltos, hasta los perros estaban etiquetados. Pero en 7.257 fotos, algo se le tenía que escapar. Y así fue… Suspenso. ¿Aburre? Cambio.
VALE: Otra vez el número 2. Un número de la suerte, hasta ahora. Exactamente en la foto 2.781 del historial y en la 429, aparecía una persona NO etiquetada. Dos fotos, dos fotos solas, la misma persona, con pelo más corto en la 2.781, y la misma falta de etiqueta. ¿Era él? ¿Era Manuel? Imprimí las fotos, no sé por qué. (Lucía muestra las fotos) Quizás más adelante me haga un portarretratos. Quizás podría comprobarlo con Silvio o Silvia, si aún quiere hablarme, si ese de la foto es Manuel…
VALE, LUCÍA y FER: ¡Ay! Manuel. Es la primera vez que digo su nombre en voz alta. (Cambio rotundo de clima).
VALE: (A Lucía)…y esta noche te venís a comer a casa.
LUCÍA: ¿Cómo? No, no puedo.
VALE: ¿Qué tenés que hacer?
LUCÍA: No quiero Valeria.
VALE: Ok, no me pidas más nada, sabés.
FER: Lucía… andá a comer con tu hermana. ¿Sabés que te quiere? Mirá todo lo que hace por vos, se preocupa.
VALE: Dejala Fernando.
LUCÍA: Sí, dejala Fernando.
FER: Bueno, Fernando la deja… pero Fernando sabe que puede ser…
LUCÍA: No hables en tercera persona, queda feo.
VALE: Me fui… (Medio mutis)
LUCÍA: Tampoco hables en pasado, también queda raro, aun no te fuist…
VALE: (Salió) ¡Andate a la puta que te parió!
FER: Lucía…
LUCÍA: Fernando…
FER: Si estás bien, mañana a las 8 en la oficina.
LUCÍA: Ahí estaré señor.
FER: Y no nos hagas asustar más.
LUCÍA: Nunca más.
FER: Bueno… Chau. (Medio Mutis).
LUCÍA: Fer.
FER: (Deteniéndose) ¿Qué pasa?
LUCÍA: Gracias… Te quiero. (Fernando chista y se va. Lucía queda mirando su salida con una leve sonrisa. Suena su celular, mira la pantalla y frunce las cejas, atiende). ¿Hola?... Sí, habla ella, ¿Quién habla ahí?... No, no lo sé. ¿Quién es?... ¿Qué?... (Escucha atentamente) ¿Quién habla?... Te digo que no… ¿Quién sos?... Mira, si no me respondes te corto… (Escucha, le cortaron. Se queda mirando la pantalla. Habla para ella). ¿Me cortó él?
ESCENA 4
(Son los últimos acordes de Mamá Mamba Mambo).
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Mamá Mamba Mambo! (Lucía entra) ¿Alguna vez visitaste a una bruja?
LUCÍA: ¿Perdón?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Ya me contestaste. Siéntate. (No hay un lugar, Lucía lo hace notar) En el piso mamita, delante de mí. (La mira) Mmm. Qué problema. ¡Uy! (Pausa)
LUCÍA: Yo venía porque…
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Sh! Ya lo sé todo. Tu mamá.
LUCÍA: Mno, o sea…
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Sh! (Se acomoda, la observa) Dejame verte. Ajam. Dame la cartera.
LUCÍA: ¿Cómo?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Dame la cartera. (Lucía se la da, dudando. Mamá Mamba Mambo la revisa. Saca unos billetes) Muy bien. Esto es para mí. (Se lo guarda. Saca el celular) ¿Y esto?
LUCÍA: Un celular.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No, no. Una prisión. (Le saca la batería) Acá, no. (Sigue revisando) ¡Ah! Sí. (Saca una rata muerta. Lucía dice con la mirada “¿como llegó eso ahí?”) Rata.
LUCÍA: ¿Muerta?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Muerta. (Sigue. Ríe. Comienza a jalar un cordón. Sigue riendo. El cordón es muy largo. Ríe más y más, al final del mismo están atadas las “fotos de Manuel”) Aja. Viniste preparada.
LUCÍA: Yo no las ate.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No claro, ellas te ataron a vos. (Se ríe más) Aplausos.
LUCÍA: ¿Cómo?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Que me aplaudas. Cuando un mago hace un truco, se aplaude. (Lucía queda atónita) Bueno. Se ve que no le das mucho énfasis a los trucos. ¿Quién es?
LUCÍA: Manuel. Creo.
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Ay! ¿Es la primera vez?
LUCÍA: ¿Qué digo su nombre…
MAMÁ MAMBA MAMBO: Sí.
LUCÍA: No.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Qué lastima. Hubiera sido… ¡Mágico! (Ríe mucho, es raro).
LUCÍA: ¿Usted me va a ayudar?
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¿A qué?
LUCÍA: A encontrarlo.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No.
LUCÍA: ¿Por qué?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Porque está muerto. ¡Como la rata!
LUCÍA: Me dijeron que no.
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Te mintieron! ¿Quién te dijo que no?
LUCÍA: Alguien, no sé. Por teléfono.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Por eso odio los teléfonos. (Pausa) Ya sé, tengo uno, perdón… Soy culpable. ¿Cómo voy a conseguir clientes? ¿Con señales de humo? Tengo Facebook también, Twitter… Estoy aggiornada. Pero hablemos de él.
LUCÍA: ¿De quién?
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¿Acaso hay muchos?
LUCÍA: De Manuel.
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡No! A partir de ahora le diremos el muerto. Me cansa el jueguito. Además, ya no tiene nombre. Se lo llevaron con él. Pobrecito. Pobrecita. ¿Qué querés?
LUCÍA: En realidad no s…
MAMÁ MAMBA MAMBO: Sh. Basta. ¿Querés verlo? ¿Hablar con él? ¿Querés que me posea y manosearme? ¿Acaso crees que soy Whoopi Goldberg? Tengo un aire. ¡No! (Se ríe más) Tampoco estoy loca, sólo me hago, algo así como un personaje. ¿Es teatro no? ¿Todo esto? No eso, esto. (Señala y se señala) Pichona… ¿Te puedo decir pichona? (Lucía solo niega con la cabeza) Mirá, es difícil. Lo que querés digo. Muy difícil, muy caro y no me refiero a la plata. Nunca lo hice… o sí… Alguna vez lo habré hecho, pero sale mal… Vuelven tontos.
LUCÍA: ¿De qué me está hablando?
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡Vamos! Ok. Lo hago. ¿Grupo y factor?
LUCÍA: ¿Quién?
MAMÁ MAMBA MAMBO: El muerto.
LUCÍA: No sé.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Averigualo. (Aplaude, de sus manos sale una especie de polvo. Apagón. La voz de Mamá Mamba Mambo se escucha en la oscuridad) Visitá su tumba, te están esperando.
ESCENA 5
(Cementerio. La tumba de Manuel. Dejando unas flores está Belén Maldonado. Lucía la ve desde lejos. Se acerca)
BELÉN: Hola Lucía. (Lucía queda paralizada) No te preocupes. Manuel era así, de enamorar a las chicas. Sobre todo a las chicas como vos. Tenía un imán para eso. Yo era su novia ¿sabés? Hasta el último día fui su novia y algo parecido a vos yo tenía. Sí, escuchaste bien, tenía. Porque al estar con él eso cambió para siempre. Me volví otra. Yo trabajaba en una tienda de ropa, ahí lo conocí. Vendiendo corpiños. Ahora soy médica recibida, trabajo en el hospital porque quiero, tenés que ver mis notas. Podría estar haciendo un master en Estados Unidos, pero me queda acá, a pelearla. ¿En qué te hubiera trasformado a vos? A ver… De empleada en una empresa de publicidad a… Dueña de una multinacional. Sí. Una multinacional que nunca contrataría a una empresa como en que vos estás trabajando, ahora. Sí, eso. Te hubiera hecho bien. Muy bien. (Lucía no dice nada) Te estás preguntando por qué no te lo dije antes. En el momento que me hablaste de Manuel. ¿No conocés a ningún Manuel? Bueno sí, claro que conozco algún Manuel, pero no viene al caso… Al único Manuel que conozco es a tu Manuel, mi Manuel, el único Manuel… que vale la pena… conocer… No sé porque no te lo dije. ¿Sabes lo que significa tener que estar trabajando cuando se murió la persona que más amás en el mundo? Qué vas a saber vos… si ni siquiera sabés como es su cara.
LUCÍA: …Yo sabía.
BELÉN: ¿Qué sabías? No sabés nada. ¿Qué hacés acá?
LUCÍA: Tengo que…
BELÉN: No mires la foto.
LUCÍA: ¿Grupo y factor?
BELÉN: ¿Qué? ¿De quién?
LUCÍA: Sos médica, tenés que saber…
BELÉN: Silvia…
LUCÍA: ¿Qué?
BELÉN: No digas que estoy acá. Porque te juro… que te mato. (Belén se esconde. Silvia ingresa, lleva un velo negro y flores en la mano).
SILVIA: Hola. (Deja unas flores, se queda mirando la tumba unos segundo, largos, de repente se da cuenta de quien es la chica que está a su lado) ¡Lucía!
LUCÍA: ¡Ay! ¿Qué? Silvia…?
SILVIA: No, Silvio, pelotuda…
LUCÍA: Perdón, me los sigo… confundiendo.
SILVIA: ¿Qué hacés acá? ¿Cómo sabés que él estaba acá?
LUCÍA: En realidad… no sé… No sé cómo…
SILVIA: Mejor callate querés. (Silvia queda mirando la tumba, murmulla, pareciera algo así como un rezo. Lucía mira a Silvia y también el lugar donde se escondió Belén). ¿A qué viniste?
LUCÍA: No yo…
SILVIA: ¿A rezar o a molestar? Si es a rezar, reza. Si es a molestar, hacelo por allá lejos, no cerca mío.
LUCÍA: ¿Por allá?
SILVIA: Donde quieras, pero no cerca mío. (Lucía se aleja e intenta acercarse al escondite de Belén, ella saca un gran cuchillo y amenaza a Lucía con él).
LUCÍA: Espera…
BELÉN: Sh… Soy médica, ¿te acordás? Sé dónde cortar para que no puedas gritar, ni hablar. Así que tranquila, te tenés que quedar tranquila, aunque no te guste que te lo diga. También sé dónde herir para no matar, pero sí para causar mucho dolor.
LUCÍA: Eso lo escuche en una película.
BELÉN: Sí, yo también, pero acá es verdad.
SILVIA: Lucía. ¿Estás ahí todavía?
BELÉN: (A Lucía) Sí estoy acá.
LUCÍA: Sí estoy acá.
SILVIA: Disculpame si te traté mal. ¿Sabés? No era mi intención. Estoy un poquito… nerviosa últimamente.
BELÉN: No hay problema.
LUCÍA: No hay problema.
SILVIA: ¿Querés venir? Me haría bien la compañía.
BELÉN: No, estoy bien acá.
LUCÍA: No, estoy bien acá.
BELÉN: Seguile la corriente.
SILVIA: ¿Querés hablar de él? A eso fuiste a casa ¿no?
LUCÍA: Sí. Me gustaría saber cosas de él.
SILVIA: ¿Cosas como qué?
LUCÍA: No sé, cosas banales. Cosas de todos los días. Tonterías.
SILVIA: Bueno. Tenía la costumbre de hacer café, a eso olía su casa. A café. Lo habrás notado, todavía queda un poco, de olor digo. Pero yo no quiero olerlo ahora. No sé si voy a tomar café algún día. Ahora.
LUCÍA: ¿Cuánto calzaba?
SILVIA: (Sonríe) Cuarenta y tres. Cuarenta y dos y medio en realidad. Porque el cuarenta y dos le era chico y el tres siempre le quedaba un poco grande. Depende la marca.
LUCÍA: ¿Grupo y factor? (Silvia sonríe)
BELÉN: ¿Por qué estás con eso?
LUCÍA: ¡Ay!
SILVIA: (Dándose vuelta, ve la situación) ¡¡¡Lucía!!! ¡¡¡¿Qué hacés con un cuchillo?!!!
LUCÍA: Ay, ay, ay… (Sangra) Creo que… ay… creo que me cortó. (Lucía sigue sangrando, pero a la vez aparecen los mismos espasmos del primer desmayo, cae al suelo y se revuelca de dolor, se va calmando o muriendo, no sabemos)
SILVIA: Otra vez, Lucía. (Las luces se desvanecen poco a poco. Silvia se acerca quizás a socorrerla).
ESCENA 6
(El mismo hospital u otro, la cama donde reposa Lucía es alta, muy alta. Lucía se despierta de un salto. Mira a los costados, quiere bajar de la cama pero no puede, vértigo. Lo intentará por diferentes lados, pero siempre con el mismo resultado. Al poco tiempo ingresa Belén, otra vez lleva la chaqueta de médica.)
BELÉN: Hola Lucía. (Lucía se asusta al verla).Tranquila. (Belén ríe un poco. Lucía la mira sin contestar) ¿Viste cómo una amenaza baja los humos? Pero ahora soy tu médica y estoy para ayudarte.
LUCÍA: ¿Qué... ¿Qué me hiciste?
BELÉN: ¿Yo? Te abrí los ojos.
LUCÍA: ¿A qué?
BELÉN: Ahora mirá. Ahora podés.
LUCÍA: (Lucía mira alrededor, como buscando algo perdido) ¿Dónde está mi celular?
BELÉN: ¡Ay! El celular. ¿Qué le pasa a la gente con el celular? Lo pierden de vista por un minuto y es como si le faltase un brazo. El celular es un pequeño bracito que llevamos colgado, un pulmoncito.
LUCÍA: ¿Dónde está?
BELÉN: Acá está. (Se lo da) Te llegó un mensaje, creo. (Lucía lo revisa y lee el mensaje) ¿Qué dice?
LUCÍA: Es alguien, un número desconocido que me viene llamando hace poco. No sé quién es, pero no puede ser quien dice ser.
BELÉN: ¿Y quién dice ser?
LUCÍA: ¿Vos sabés algo?
BELÉN: ¿De qué?
LUCÍA: ¿Cómo llegué acá? ¿Quién me trajo? ¿Silvia? ¿Por qué la cama es tan alta?
BELÉN: Bueno, una pregunta a la vez. Belén no puede con todo.
LUCÍA: Es raro.
BELÉN: Cortala con eso.
LUCÍA: No hablo de tu nombre.
BELÉN: Escuchame, yo no soy mala, yo soy como vos. Tenemos que ser amigas.
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¡No! (Apareciendo, Belén queda a un costado de la cama, Mamá Mamba Mambo al otro. Y Lucía, en medio, siempre mira a la que habla) Lucía, no la escuches.
BELÉN: Vos.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Yo.
BELÉN: Una vez más nos encontramos frente a frente.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Una vez más. Ya te lo dije, este lugar es chico, en esta ciudad no hay sitio para ambas.
BELÉN: Lucía está conmigo ahora.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No lo creo, tiene un contrato firmado conmigo, ya pagó mi precio y ahora le pertenezco.
BELÉN: ¿Sí? ¿Y qué tenés para ofrecerle?
MAMÁ MAMBA MAMBO: A Manuel.
BELÉN: Mentirosa. Él está muerto.
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¿Está?
LUCÍA: Esperen, todo esto me confunde. ¿Dónde estoy?
BELÉN: En el hospital San Jerónimo.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No le mientas a la pobre chica.
BELÉN: Yo no le miento. (A Lucía) Es un ala diferente, pero es el hospital.
LUCÍA: ¿Le avisaste a alguien de que estoy acá, de nuevo?
MAMÁ MAMBA MAMBO: No le creas Lucía.
BELÉN: Claro que avise. Están viniendo, todos. Tu hermana está acá, en el pasillo.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No le creas Lucía.
LUCÍA: Que venga.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No Lucía, no.
BELÉN: (Sonríe) Valeria, pasá. (Valeria entra y se pone junto a Belén).
MAMÁ MAMBA MAMBO: A Fernando, lo conozco…
BELÉN: Sos una tramposa.
MAMÁ MAMBA MAMBO: Somos pareja hace muchos años.
BELÉN: ¿Tan bajo vas a caer?
LUCÍA: ¿Cómo pareja?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Sí, pareja. Somos novios hace un tiempo, fue una casualidad que vos me contactes. Vos que justo trabajás con él. Él es como un padre para vos ¿no? ¿Querés que venga? Está acá conmigo, él me trajo.
LUCÍA: Sí, quiero que entre. (Belén se lamenta).
MAMÁ MAMBA MAMBO: Fernando. (Fernando entra y se pone junto a Mamá Mamba Mambo). Es importante, Lucía, que sepas que yo estoy acá porque vos me contactaste, vos quisiste hablar conmigo buscando una solución a tus problemas. Estás… Conmigo… Decilo.
LUCÍA: ¿Qué cosa?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Que estás conmigo.
BELÉN: ¿Sabés que acá podés hacer cualquier cosa Lucía?
LUCÍA: ¿Cómo?
MAMÁ MAMBA MAMBO: (A Belén) ¿Y yo caigo bajo?
BELÉN: ¿No te diste cuenta? Estábamos solas y el que quisiste que venga vino. Esto es… como un sueño. Sí, eso, como un sueño. En realidad estás dormida ahora, te desmayaste otra vez y volviste al estado alterado, te dimos algo para que duermas y ahora estás soñando. ¿Quién querés que venga Lucía? Decilo vos.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No.
LUCÍA: No entiendo. Me dijiste que estaba en el hospital.
BELÉN: Y estás… pero dormida.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No le creas Lucía.
BELÉN: ¿Quién querés que venga?
LUCÍA: No voy a decir su nombre en voz alta, se me gasta.
BELÉN: No es necesario. Pensalo, pensalo y vamos a escuchar todos. Ya te lo dije, acá podes hacer cualquier cosa.
MAMÁ MAMBA MAMBO: No, no, no, no. Es mentira, no le creas. Si lo trae acá es para ella, ella también lo quiere. Yo, yo te lo puedo traer de verdad.
BELÉN: Nunca lo hiciste.
LUCÍA: Quiero…
MAMÁ MAMBA MAMBO: No Lucía.
LUCÍA: Quiero…
BELÉN: Sí, sí, sí… Decilo.
LUCÍA: Quiero… quiero despertar. (Pausa larga, no pasa nada)
BELÉN: Mmm… qué bien. Acabas de perderte la mejor oportunidad de verlo. La única que tenías, esta mina no va a poder hacer nada por vos. (Belén y Valeria se van).
MAMÁ MAMBA MAMBO: Bien Lucía, estuviste bien. Cuando despiertes, vení a verme.
LUCÍA: ¿Es verdad?
MAMÁ MAMBA MAMBO: ¿Qué cosa?
LUCÍA: Lo que dijo ella… ¿Es verdad?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Vamos a averiguarlo… juntas. Atendé.
LUCÍA: ¿Qué cosa?
MAMÁ MAMBA MAMBO: Que atiendas el teléfono.
LUCÍA: (Mira su celular, está sonando). Hola… ¿Manuel? (Apagón).
ACTO 3
ESCENA 1
FERNANDO: No creo que pueda coincidir todo conmigo, o sea, todo. Pero por lo que leí el tipo me iba leyendo la mente. Yo leía su muro, pero era como si leyera el mío. Yo leyendo el mío no. Él leyendo el mío mientras yo leía el suyo y viceversa. Fue mágico…
LUCÍA: No, esto está mal.
FERNANDO: …y yo no acepto a cualquiera, no me gusta prácticamente aceptar desconocidos. Si te fijás en mis amigos, son todos amigos, amigos de carne y hueso.
LUCÍA: Ese texto es mío.
FERNANDO: Algún que otro familiar lejano, pero los veo, los conozco, a todos.
LUCÍA: Fernando, tu facebook es cualquiera. ¿Qué decís?
FERNANDO: Entonces cuando me llega esto, yo no acepto enseguida. ¿Qué hago? Me fijo en su muro, público, ya me la secó.
LUCÍA: ¿No es “me la bajó”?
FERNANDO: Pero leo igual y ahí se produce mi desconcierto. A éste tipo lo tengo que conocer de algún lado, ¡si no, no puede ser!
LUCÍA: ¿A quién?
FERNANDO: ¡Lo tengo que conocer! En ambos sentidos de la frase.
LUCÍA: ¡¡¡¿A quién?!!!
BELÉN: A Manuel.
FERNANDO: ¡Ay! Es la primera vez que digo su nombre es voz alta.
LUCÍA: ¡No, no, no! Todo esto está mal, todo esto está mal.
BELÉN: No tiene fotos. Ni una foto, de él. Sólo imágenes, en donde no hay gente y si hay fotos con gente, él no está.
LUCÍA: Sí está.
BELÉN: ¿Cómo lo sé? Están todos siempre etiquetados.
LUCÍA: No, tengo fotos sin etiqueta. (Se abalanza contra Belén, le muestra las fotos que guardaba). Mirá, acá están, son fotos de él ¿no? Vos lo conocés, decime ¿es él? ¿Dónde está? ¿Decime si es él? ¿Decime dónde está?
FERNANDO: Es que vos lo tenés que saber mejor que yo… Amigo en común.
LUCÍA: ¡¡¡Callate Fernando, callate!!! (Silencio).
FERNANDO: Lucía ¿Qué te pasa? (Silencio, Lucía no responde). Lucía.. ¿Qué te pasa? Lucía…
LUCÍA: ¿Mm?
FERNANDO: ¿Estás bien?
LUCÍA: ¿Estaba dormida? ¿Dónde está mi celular?
FERNANDO: No sé. ¿Estás bien?
LUCÍA: Sí, sí. Creo que sí. (Pausa) ¿No lo viste a mi celular, no?
FERNANDO: ¿Qué le pasa a la gente con el celular? Lo pierden de vista por un minuto y es como si le faltase un brazo.
LUCÍA: ¿Eso no lo escuche en una película? (Pausa) ¡Ay! No estoy bien Fer. Me duele un poco la cabeza.
FERNANDO: ¿Querés que llame a un médico? (Lucía lo mira fijamente, no responde) ¿Sabés que tengo el número de esta chica? La que te atendió en el hospital…
LUCÍA: Belén solo.
FERNADO: ¿Cómo?
LUCÍA: Belén, era su nombre.
FERNADO: Esa, sí. ¿Querés que la llame? Es buena onda parece.
LUCÍA: (Mira hacia el lugar en donde había aparecido Belén antes, ya no está). ¿Sabés que Fer? Por ahí me voy a mi casa a descansar. ¿No te jode, no?
FERNANDO: No, claro que no. Si yo te di el día libre.
LUCÍA: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cuándo es hoy?
FERNANDO: Lucía anda, anda a descansar.
LUCÍA: Sí. (Pausa, camina, vuelve sobre sus pasos). Eeh… Dameló, al teléfono. Por ahí la llamo a ver si me da algo… para el dolor.
FERNANDO: Bueno. (Fernando saca su celular y busca en la agenda el número).
LUCÍA: Fer…
FERNANDO: ¿Mm?
LUCÍA: ¿Vos estás saliendo con alguien?
FERNANDO: ¿Cómo?
LUCÍA: ¿Estás saliendo con alguien? ¿Tenés novia ahora?
FERNANDO: Bueno, novia… lo que se dice novia… Estamos probando, pero… te lo había comentado me parece.
LUCÍA: Sí, sí, me parece que sí. (Ríe un poco).
FERNANDO: Acá está.
LUCÍA: ¿Acá está? ¿Quién? Ese no puede ser él.
FERNADO: ¿Qué decís? (Pausa) El número de teléfono digo. Acá lo tengo. ¿Anotás?
LUCÍA: No tengo el celular.
ESCENA 2
SILVIA: ¿Te conté que me encontré con ésta chica Lucía? No está bien. Está loca me parece. Habla y no te mira a vos. Mira para otro lado, eso es de loca. Yo no conozco muchos locos y no sé mucho de psicología, pero eso es de loco. La mirada así, a otro lado, la mirada que te atraviesa, que no mira acá (Se toca la cara), mira acá (Se toca detrás de la nuca). ¿Me entendés? (Pausa) ¿Me estás escuchando? ¿No? Yo no sé, hablo y pareciera que pasa un carro. ¿Vos siempre hacés eso? ¿Siempre lo hiciste? (Pausa) ¡Pero por favor! ¿Qué tengo que estar cagándote a pedos yo? ¿Me querés decir? Ya me parezco a Mamá. Tengo la voz de Mamá, cuando me enojo me parece que la escucho. Cuando te cago a pedos me parece escucharla cagándote a pedos, es enfermizo. Si hay algo que yo no hubiese querido heredar de mamá, era su voz. Y acá está, aferrada en mi garganta… Como un… Como un gallo… Un gallo rebelde, esos que por más uno carraspee y carraspee se quedan ahí, agarrados con la patas, esas asquerosas patas de reptil. ¿Por qué no le ponen plumas a las patas de los gallos? La puta madre que los parió. Así las disimulan un poco. (Pausa) Bueno, te decía, la voz, la voz de ella, se queda ahí. Ahora, en éste mismo momento, estoy hablando con la voz de mamá. ¿Te das cuenta? La edad la trajo, en su carrito. La edad tiene un carrito de ciruja, lleno de cosas viejas, que uno cree que las tiró, pero ella las va juntando. La edad es una ciruja. Y uno con la edad, es la edad. Cartonera de gestos. ¡Ay! ¿Ves? Ya me deprimí. Culpa de mamá. Y vos que no me contestas… ¡Manuel! (Se tapa la boca con la mano).
SILVIO: ¿Me dijiste…? ¿Eso también lo heredaste de mamá? Y esa chica no está loca, está enamorada. Enamorada de… Bueno, para el caso es lo mismo. ¿O no? (Saca el celular) “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira”. ¿Lindo no? ¿Lo publico? No, eso sí es ser como… Manuel. Publicando y publicando y publicando boludeces. Yo no soy él, (Se corrige) ¡no soy como él! No somos como él. ¿Silvia? Nosotros… (Mirando la pantalla del celular) Escucha: (lee) “Silvio, disculpame que te joda, pero necesito hablar con vos o con tu hermana. Necesito pedirles un favor. Personalmente, no puedo hablar por acá”. ¿Qué hacemos? ¿Quién habla con ella?
SILVIA: Yo no, paso.
SILVIO: Ésta bien. Hablo yo ésta vez. (Pausa) Pobrecita.
ESCENA 3
MAMA MAMBA MAMBO: Instrucciones para revivir un muerto. Primero y principal, debemos estar seguros de que el muerto esté así, muerto. Por más que lo parezcan, hay algunos que aún respiran y no es aconsejable hacer el procedimiento con uno de ellos. Si no está muerto aún, esperar unos años. Todos morimos en algún momento, así que… paciencia. Una vez que tengamos el muertito, debemos preparar el siguiente brebaje: un litro de sangre de cualquier animal, no hace falta que sea una cabra, cordero o esas cosas que se ven en la tele. A esto, lo mezclamos con unas gotitas de sangre del mismo grupo y factor que el susodicho y otras de mi sangre, no de la mía mía, sino de la tuya mami… de la persona que va a realizar el acto. Lo mezclamos bien y constantemente, así no se nos cuaja. Si nos pasa eso, es importante tener todo de respuesto, otro animalito cerca para sacrificar enseguida, una agujita para el dedo nuestro y un poco más de sangre, del mismo grupo y factor que el muerto, esto es muy importante, no olvidar. Ahora, si el muerto es un hombre, vamos a mezclar la sangre con un buen chorro de su semen. ¿Qué pasa? Ya sé. No tengo, no se puedo sacar ahora. Bueno, no te preocupes, el de cualquier familiar “vivo” sirve igual. Familiar con lazo de sangre, esto es muy importante si no tenemos el del susodicho. ¿Qué hacemos con ese preparado? Se lo tiramos encima al muerto y bebemos un poco nosotros. Es importante que suenen tambores, que haya alguna fogata que tire mucho humo, calor, buena ropa, rezos constante que vayan creciendo en volumen y para terminar, mantener relaciones con él, sí sí, con el muertito. No te preocupes, no me mires así, que para esta altura algo ya se le tiene que haber despertado. Si el muerto, en cambio es una mujer, bueno… Es más o menos lo mismo, lo único que cambia… (Pausa. Su cara cambia, su forma de expresarse cambia.) ¿Realmente interesa que diga ésta parte? Es para revivir a ese tal Manuel ¿no? Lucía… Lucía ¿estás? Lucía ¿estás? Lucía… Lucía… (Susurros) Lucía… La sangre de un animal… Un litro de sangre… Un sacrificio… Tu sangre… Una muerte a cambio del muerto… Muerte para el muerto… Lucía… Lucía… Lucía… Matar para vivir, para revivir… Amar… Amar para vivir… Morir para amar… Lucía… Lucía…
ESCENA 4
(Lucía está dormida. Sobre el final de la escena anterior un ruido fuerte rompe el clima de silencio y tranquilidad que asomaba. Es ese ruido el que despierta a Lucía, sobresaltada.)
LUCÍA: ¿Dónde estoy? ¿Dónde está…?
VALE: ¿Tu celular? Acá está. Te quedaste dormida después de comer. Como una nena.
LUCÍA: (Rascándose los ojos, la cara) ¿Qué día es hoy? Martes.
VALE: Miércoles.
LUCÍA: Silvio.
VALE: ¿Qué?
LUCÍA: Me tengo que encontrar con Silvio.
VALE: Silvio, Manuel.
LUCÍA: No digas su nombre.
VALE: ¿Cuál?
LUCÍA: No importa. ¿Qué hora es?
VALE: Las once.
LUCÍA: Me voy.
VALE: ¿Ahora? ¿A dónde?
LUCÍA: No te metas Valeria.
VALE: Bueno, me preocupo.
LUCÍA: Preocupate por tu concha Valeria y deja de ser un frígida rompe pelotas.
VALE: Andate Lucía.
(Cambio)
SILVIO: Hola.
LUCÍA: Hola. Signo de admiración.
SILVIO: (Sonríe) ¿Estás bien
LUCÍA: Quería hablar un poco con vos.
SILVIO: Bueno.
LUCÍA: ¿Grupo y factor?
SILVIO: ¿Cómo?
LUCÍA: Manuel.
SILVIO: Cero negativo.
LUCÍA: Lo sabía. ¿Y vos?
SILVIO: No entiendo, ¿a eso viniste?
LUCÍA: No, no. Ya seguimos. Me voy a… a poner más… ¿El baño? (Silvio señala la dirección. Medio cambio. En el trayecto aparece Belén).
BELÉN: Lucía. No te olvides de esto. (Le entrega el cuchillo. Cambio).
LUCÍA: Vos eras… ¿cero?
VALE: Negativo, como papá.
(Cambio)
FER: Lucía, vos sabés que tenes un cuchillo en la cartera ¿no? Ay, ay, ay. Cada vez te pareces más a mí. Una vez estuve toda la mañana con el cepillo de dientes en el bolsillo de atrás del pantalón.
(Cambio. Lucía atiende el celular)
LUCÍA: Hola… ¿Sos vos? ¿Otra vez? ¿Qué querés?... ¿Quién sos?... Manuel.
(Cambio)
BELEN: Manuel está muerto. (Lucía la amenaza con el cuchillo) Tranquila Lucía.
LUCÍA: ¡Deja de decirme que me quede tranquila!
BELÉN: Bueno, tenés que… bajar un cambio.
(Lucia baja el cuchillo, cambio).
LUCÍA: Decime, decime como sabía de mÍ. ¿Por qué me agregó, que vio en mí? ¿Él también estaba enamorado de mí?
BELÉN: No sé.
LUCÍA: Tenés que saberlo.
BELÉN: Sí.
LUCÍA: Sí, ¿Qué?
BELÉN: Lo conocés, no te acordás pero lo conocés. Era tu novio, un noviecito tuyo en la primaria. Hacé memoria. Te agrego estando conmigo… y yo lo maté.
(Cambio)
SILVIO: Estás con la misma ropa. ¿A qué fuiste al baño?
LUCÍA: Dame un beso. Quiero… un beso.
SILVIO: ¿Un beso mío?
LUCÍA: Tuyo, de Manuel. Para el caso es lo mismo ¿no?
SILVIO: Sí, creo que sí… (La besa) Yo… yo soy Manuel.
LUCÍA: ¿Cómo?
SILVIO: Un fake.
LUCÍA: ¿Qué?
SILVIO: Un perfil falso. Lo inventamos, con mi hermana. (Vuelve a besarla)
LUCÍA: No.
SILVIO: ¿Cómo que no?
LUCÍA: Yo vi su tumba.
SILVIO: La tumba de un Manuel, cualquier Manuel. Hay miles de Manuel.
LUCÍA: Vos estabas ahí.
SILVIO: ¡¿Yo?!
LUCÍA: No, vos no, tu hermana.
SILVIO: (Vuelve a besarla, ahora es con más énfasis) ¿Te gusta mi hermana?
LUCÍA: No, tu hermano…
SILVIO: ¿Querés que venga? ¿Querés que le diga a mi hermana que venga? A ella también le gustás…
LUCÍA: No, no, no…
SILVIO: ¡Silvia!
(Cambio)
FER: Lucía, no sé si tengo que decirte esto. No sé cómo voy a decírtelo. Pero no podés venir a trabajar así. Hace una semana que estás con la misma ropa. Estás… sucia Lucía. ¿Qué es eso que tenes ahí? ¿Tierra? Estás… mal.
LUCÍA: ¿Loca?
FER: No se Lucía. Pero… ponete bien y después vemos… No vengas así.
LUCÍA: ¿Me estás echando?
FER: ¡No!... Bueno… sí.
LUCÍA: Fernando.
FER: Es que… das… miedo. Además no estas haciendo nada. Ponete en mi lugar.
LUCÍA: ¡Ponete en mi lugar!
(Cambio)
VALE: ¡Lo encontre!
LUCÍA: ¿A quién?
VALE: A Manuel.
LUCÍA: ¿Cómo?
VALE: Es un amigo de papá. Bueno, más que amigo un colega. Era fácil de encontrar, pasa que vos te ahogás en un vaso con agua.
LUCÍA: Escuchame. ¿Vos tenés pala?
VALE: ¿Pala?
LUCÍA: Sí, pala.
VALE: Sí, tengo. ¿Para qué?
LUCÍA: Para desenterrar a un muerto.
VALE: (Ríe) Buscala, está en el fondo. (Lucía irá caminando hacia la pala y sobre su caminata irán apareciendo las demás personas, ella no los mira).
BELÉN: Manuel está muerto. Yo lo maté.
SILVIO: Manuel no existe. Yo lo inventé.
FER: Cuando estés bien, mejor… Lo vamos viendo.
BELEN: Un noviecito tuyo… Hacé memoria.
FER: Perdón Lucía. Perdón…
SILVIO: Yo soy Manuel… Vos también…
(Lucía toma la pala y regresa hacia Valeria).
VALE: ¡Qué cara! (Lucía deja caer la pala al piso). ¿Qué pasa? ¿Por qué me mirás así?
LUCÍA: ¿Grupo y factor? (Lucía saca el cuchillo).
ESCENA 5
(Cementerio. La tumba de Manuel. Lucía lleva una lámpara en la mano, un frasco con sangre y la pala. Llega hasta la tumba, deja la lámpara en el suelo. Mira fijamente la lápida. Belén la está siguiendo).
BELÉN: Acá estamos Lucía. Nosotras y él. ¿Qué vamos a hacer?
LUCÍA: No sé. Nunca… Nunca hice un pozo.
BELÉN: Éste es el momento para aprender.
LUCÍA: No tiene foto.
BELÉN: ¿Qué?
LUCÍA: Su tumba, no tiene foto.
BELÉN: ¿Y?
LUCÍA: Vos me dijiste que no mire su foto.
BELÉN: ¿Qué estás diciendo?
LUCÍA: La primera vez que nos encontramos acá. Me dijiste que no mire su foto.
BELÉN: ¿Vas a hacer el pozo Lucía? ¿O vas a preguntar por una foto?
LUCÍA: (Lucía busca las fotos de Manuel, se las muestra a Belén) ¿Éste es él?
BELÉN: ¿Cómo?
LUCÍA: Te estoy preguntando si éste de la foto es él. (Belén no contesta) ¿No sabés, no?
BELÉN: ¿Cómo no voy a…?
LUCÍA: ¿Vos tampoco lo conocés?
BELÉN: ¿Pero qué estás diciendo?
LUCÍA: Me das lástima. (Vuelve a mirar la tumba) Es hora de aprender a hacer un pozo. (Comienza a cavar). ¿Sabés una cosa? Vos y yo, al final, somos iguales. Por eso usamos la misma remera. Las dos estamos enamoradas de Manuel, las dos no sabemos nada de él más que lo que nos imaginamos. ¿Qué pasó? ¿A vos también te agregó?
BELÉN: No.
LUCÍA: ¿No qué?
BELÉN: Estás equivocada, Lucía.
LUCÍA: ¿En qué?
BELÉN: En todo.
LUCÍA: ¿Cómo?
BELÉN: Yo… en realidad yo… (Suena un teléfono. Lucía no se detiene. Belén saca el teléfono y atiende). ¿Mamá?... ¿Qué pasa, que querés?... Ahora no puedo, estoy ocupada… Haciendo cosas, mamá… Cosas… ¡Mis cosas!… Bueno, si no sabés cuáles son mis cosas es problema tuyo, no mío… Sí, te trato mal, porque no puedo tratarte bien cuando lo único que haces es joderme. Si te digo que estoy haciendo cosas es porque realmente no quiero entrar en detalles y a vos lo único que te interesa, es saber que son realmente esas cosas, esos detalles… ¿Qué?... ¿Fernando?... (Lucía se detiene y escucha). ¿Y qué te dijo?... Bueno… Sí, es así… No, no sé qué voy a hacer, pero ahora no puedo hablar… ¡Cosas! ¡Estoy haciendo cosas!... Bueno, está bien… Sí, está bien… Estoy con un hombre, Manuel se llama… No, no sé… Después te llamo. (Corta) ¿Ahora entendés, Lucía? No somos iguales, somos la misma persona. Tomá. (Le alcanza el celular). Llamala a mamá. (Lucía toma el celular, Belén se va. Lucía queda en silencio un rato, comienza a cavar enérgicamente, se cansa pero sigue, sigue, sigue. Jadea, se detiene, cae.)
ESCENA 6
(Otra vez el hospital, Lucía duerme. Fernando está a su lado. Pasa el tiempo. Lucía despierta).
FER: Hola Luci.
LUCÍA: Hola.
FER: ¿Cómo estás?
LUCÍA: Bien.
FER: Bueno.
LUCÍA: ¿Qué pasa?
FER: ¿Con qué?
LUCÍA: Acá.
FER: ¿Acá?
LUCÍA: Sí, acá. ¿Qué pasa?
FER: Tuviste un… otro desmayo. Y bueno… te trajeron para acá.
LUCÍA: ¿Quién… quién me trajo?
FER: No, no sé. Un hombre.
LUCÍA: ¿Un hombre? ¿Quién?
FER: Es que no lo sé. Yo vine para acá apenas me enteré y, bueno, ya no estaba él.
LUCÍA: ¿Quién?
FER: El hombre.
LUCÍA: ¿No te dijeron el nombre?
FER: No.
LUCÍA: Ah. (Pausa)
FER: Dicen que te van a tener que hacer unos estudios. Para encontrar la razón a estos desmayos.
LUCÍA: ¿Quién?
FER: ¿Qué cosa?
LUCÍA: ¿Quién lo dice?
FER: Un médico.
LUCÍA: ¿Un?
FER: Médico.
LUCÍA: Ah. (Pausa)
FER: Voy a avisar que ya te despertaste.
LUCÍA: Ok.
FER: Ya vengo. (Medio mutis).
LUCÍA: ¡Fer! (Fernando gira). Tengo una idea para una nueva publicidad. Es una mujer, desesperada, que busca y busca y busca algo en diferentes lugares, revuelve cosas hasta que llega a la calle. Ahí se le acerca un hombre y le pregunta que está buscando, ella le dice que está buscando el amor. Él, entonces, la mira fijo y le pregunta si sabe por donde lo perdió. Ella sonríe. Él también sonríe. Y ahí los vemos juntos, más tarde, en un café o tomando una gaseosa… depende del producto. Entonces con letras blancas se escribe: “no hace falta perdernos si nos queremos encontrar”. (Pausa, silencio).
FER: Está muy bien.
(Fernando sale. Lucía queda sola, un rato, en silencio. Belén ingresa y se sienta a su lado, casi en la misma posición).
-FIN-
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