PARA VERNOS

PERSONAJES
NATALIA
MUJER
MOZA
VICTOR

Vemos a Natalia. Es una mujer que está sentada en la mesa de un bar. Vemos su espalda, su largo pelo lacio y suelto, su cartera entrelazada en el respaldar de la silla. Vemos su mano ahora, que se mueve en busca de un teléfono celular que está en la mesa. Vemos que lo ve. Vemos que lo vuelve a apoyar sobre la mesa. Vemos que espera, vemos que respira. Vemos, y no sabemos por qué, a otra mujer, de frente, que nos ve. Vemos que cuando habla, lo hace directamente viéndonos a nosotros.

MUJER: 22:17. Dos minutos más desde la última vez que miraste el reloj. Llegaste tarde a propósito, llegaste a las 22:15 cuando la cita era a las 22:00. ¿Qué pensás? ¿Que vino y se fue? No, nadie espera menos de 20 minutos o media hora. Sí, lo mínimo sería esperar media hora y entonces te manda un mensaje. Vos no le vas a escribir, porque si escribís va a parecer que esperaste mucho y sólo fueron dos minutos, que no es mucho. Igual, tendría que estar esperando él. Tendría que haber esperado esos quince minutos que quisiste que espere y tendrías que haber llegado haciéndote la linda y decir: “perdón, se me hizo tarde”. ¿No son acaso las mujeres las que tenemos la fama de hacer esperar?

Natalia vuelve a ver su celular, la mujer que está ahí, la mira mirar.

MUJER: ¿Hace cuánto que esperás? Tres minutos. Es un montón. 22:18 ya. Otra vez mirás el celular. Ni se te ocurra escribir. ¿Escuchaste? Cuando llegue lo vas a mirar con una cara de culo que asuste y que la reme y que labure si quiere levantar la noche, si te quiere levantar. Que la-bu-re. Y otra cosa más, en cinco minutos nos vamos, en cuatro en realidad, porque aquel minuto que pasó ya cuenta como el primero.

Se acerca a la mesa una chica joven, es la moza, la reconocemos enseguida.

MOZA: Buenas noches. ¿Vas a estar sola o espera a alguien más?
MUJER: Sí, voy a estar sola. Soy una vieja chota, que vive con treinta y cinco gatos, y vos una pendeja de mierda.
NATALIA: Sí, estoy esperando a alguien.
MUJER: Tenías que aclararlo ¿no?
MOZA: ¿Querés que te traiga algo para tomar?
MUJER: Cicuta.
NATALIA: No, está bien, espero.
MOZA: Bueno, te dejo la cartita.
MUJER: La “cartita”.
NATALIA: Muchas gracias.
MOZA: Cualquier cosa me llamás.
MUJER: No.
NATALIA: Sí, gracias.
MUJER: Sola, vas a quedarte sola. La moza ya se dio cuenta que te están haciendo esperar. ¡¿Qué hora es?!

Natalia vuelve a ver el celular.

MUJER: ¡Por dios! No viene más este tipo.

Entra un tipo.

MUJER: Ahí llegó. No mirés. Hacete la boluda, abrí el wathsapp, que vea de refilón un chat con otro hombre. (Vemos que Natalia toma el celular, lo desbloquea, intenta abrir alguna aplicación cualquiera. ¿Le está temblando la mano? No, es sólo un dedo indeciso). ¡Dale! Lenta que sos.
VICTOR: Hola Nati.

Natalia se levanta para saludar, lo hace con un beso en la mejilla. En realidad, el beso es un choque de mejillas con ruido a beso.

NATALIA: ¡Hola!
MUJER: ¡Ay! Cuánto énfasis.

Ya habíamos visto que Víctor lleva consigo un pequeño, pero intenso, ramo de flores. Natalia y esa Mujer también lo han visto. La Mujer lo mira fijamente, porque ve sin que la miren, Natalia, disimuladamente, lo ve dos o tres veces.

MUJER: Trajo flores chicos.
VICTOR: Disculpame pero… ¿hace mucho que esperás?
MUJER: Decí poco.
NATALIA: No, recién llegué.
VICTOR: Ah genial, porque es un quilombo para estacionar acá…
MUJER: Vino en auto, tiene auto.
NATALIA: Sí, claro.
MUJER: ¿Por qué te hacés la que entendés? Si nunca estacionaste un auto en tu vida. ¡Que te dé las flores por dios!
VICTOR: Lo dejé a seis cuadras de acá.
NATALIA: Uf.
VICTOR: Bueno, esto es para vos (entregando las flores), espero no quedar demasiado…
MUJER: Romántico.
VICTOR: Pelotudo.
NATALIA: No, para nada, me encantan. Gracias.

Natalia vuelve a sentarse, Víctor no, Víctor comienza a sacarse una campera de jean.

VICTOR: Genial entonces. Hace calor acá ¿No?

Víctor deja la campera en el respaldar de su silla y ahora apoya las manos sobre la campera y la silla.

NATALIA: Sí, un poco sí. Pero afuera está bastante fresco.
MUJER: Dale, hablamos del clima. Preguntale si llueve. La dignidad de las primeras palabras.
VICTOR: Sí, bastante.
MUJER: Sentate Víctor.
VICTOR: Bueno, ¿todo bien entonces?
MUJER: Si no te sentás, no.
NATALIA: Sí, todo bien.
VICTOR: ¿Pediste algo?
NATALIA: No.
MUJER: Sentate por favor.
VICTOR: ¿Vino alguien a atender?
MUJER: Cuarenta y cinco veces vino. ¡Sentate!
VICTOR: Ahí está la chica.

Víctor hace señas, con la mano alzada y aún parado, a la moza que pasa por ahí. La moza lo ve y le corresponde con otra seña.

VICTOR: ¿Qué querés tomar?

Las dos mujeres, sin contar a la moza, lo miran con la boca abierta.

MUJER: Un vino.
NATALIA: No sé, ¿vos?
VICTOR: ¿Tomamos un cervecita?
MUJER: ¿Qué pasa con los diminutivos hoy? No te vas a sentar ¿no?
NATALIA: Dale, sí.
VICTOR: Buenísimo entonces. ¿No vino la moza todavía?
MUJER: Ya te dije que vino cuarenta y cinco veces.
NATALIA: Sí, vino.
MUJER: No, vino no, cervecita vamos a tomar.
VICTOR: Acá está la carta, a ver… (Toma la carta entre sus manos, la ve). Pero no viene esta chica. (Mira otra vez a la moza y otra vez hace la misma seña, ahora acompañada por un:) ¡Flaqui!
MUJER: “Flaqui”.

La moza lo ve otra vez y se acerca. Víctor, al ver que ha sido visto y que la moza se acerca, vuelve a ver a la carta.

MOZA: Buenas noches.
MUJER: ¡Sentate por favor!

Víctor no deja de ver la carta. Lo hace como quien ve un manuscrito antiguo en un idioma desconocido, sintiéndose atraído más por la forma que por el contenido.

VICTOR: Hola, ¿qué tal? Me traés una Stella.
MUJER: Gracias por consultar.
MOZA: Bueno. ¿Algo más?
MUJER: Una pistola… Cargada.
VICTOR: ¿Qué tenés para picar?
MUJER: Tenés la carta en la mano.
MOZA: Te puedo recomendar la picada de campo para dos personas...
VICTOR: Bueno, dale, esa.
MUJER: Sentate y consultá.
MOZA: Bueno, enseguida.

La moza se aleja. Natalia la ve irse, no sin antes regalarle una sonrisa que intenta tapar con buena onda la forma en la que Víctor la ha ignorado. Pero Víctor sigue mirando la carta, la da vuelta, la investiga. Tiene en su poder las Tablas de la Ley, las originales, talladas en piedra y todo. Aunque le cuesta, levanta la mirada de la carta y ve a Natalia.

VICTOR: ¿Vos querías alguna otra cosa?
MUJER: Que te mueras, pero antes sentate.
NATALIA: No, está bien.
MUJER: Andate.

Victor se sienta.

MUJER: ¡Viva Perón!

Víctor y Natalia se miran, se sonríen. La sonrisa de Víctor es prolongada, una vez iniciada se mantiene; sus ojos, que ven los de Natalia, también sonríen. La sonrisa de Natalia comienza ancha y es acompañada por el ruido de la nariz que expulsa un poco de aire, pero en un instante pierde la anchura, la fuerza y queda dibujada, bocetada; sus ojos no sonríen. Son lindos juntos. Silencio. ¿Pasó un ángel?

VICTOR: Voy a tener que ir al baño.
MUJER: No boludo, me estás cargando.
NATALIA. Ah.
VICTOR: Ahí vengo.
NATALIA: Okey.

Víctor se para y se va.

MUJER: Todo mal, todo mal. Lo que yo me pregunto es ¿de donde los sacas a estos tipos? ¿Por qué no volvés con Joaquín mejor? Mandale un mensaje. No, llamalo mejor. Quizás hasta tenemos suerte y no está con ninguna de las trescientas ochenta y cinco minas con las que te guampió. Ya fue, mañana me voy a comprar esos zapatos que vi. Igual voy a necesitar algo para combinarlos, no tengo nada que pegue con eso. Capaz que se murió. Resbaló en el baño con una meada fresca y se fue de jeta contra el mingitorio. ¡Pum! Se partió la cabeza al medio. Pasarán cinco o siete minutos hasta que entre otro tipo al baño y lo ve, tirado entre la sangre y la orina, un asco bárbaro le da. Entonces el otro tipo vomita, ahí al toque, le vomita encima. Ahora es sangre, vómito y orina. Y el tipo ahí muerto. Igual tendrían que ser negros los zapatos. Iguales a los que vi, pero negros, un golazo, el negro pega con todo. Muerto. Llega la ambulancia, al pedo, porque el tipo está muerto hace diez minutos, con la cabeza partida.

Ninguna, ni Natalia ni la mujer, ven a la moza que se acerca.

MOZA: Señora. No se asuste, pero el señor que estaba con usted acaba de tener un accidente en el baño.
NATALIA: ¿Cómo?
MOZA: Sí, tuvo un accidente en el baño.
NATALIA: ¿Pero qué tipo de accidente?
MOZA: Parece que se ha resbalado y se golpeó la cabeza. Ya hemos llamado a la ambulancia y está viniendo para acá. ¿Usted es la pareja?
NATALIA: Sí. Bueno, no. Nos estábamos conociendo.
MOZA: Acompáñeme por favor.
NATALIA: Un momento. ¿Cómo está él?
MOZA: Ha tenido un accidente.
NATALIA: Sí, eso ya me lo dijo. ¿Cómo está?
MOZA: Bueno, eso no se lo podría decir con exactitud, pero si me acompaña, podemos esperar que lleguen los médicos y que le digan como está.
NATALIA: ¿Está consciente?
MOZA: No. La herida es bastante…
NATALIA: ¿Puedo verlo?
MOZA: No se lo recomiendo. Ya está viniendo la ambulancia y ellos van a saber que hacer.
NATALIA: Necesito sentarme, un ratito por favor.
MOZA: Está bien.

Natalia se sienta, la moza se aleja. La mujer, que ha estado mirando todo esto con mucha atención, finalmente dice:

MUJER: Me encantaría que estén en negro.
VICTOR: (A Natalia) ¡Qué pensativa!
NATALIA: Ah. (Sonríe con ojos y todo. Víctor se sienta). .
VICTOR: Contame algo de tu día.
NATALIA: ¿De mi día?
VICTOR: Si querés, claro.
NATALIA: No, sí, no. Que se yo, normal. Normal sábado.
VICTOR. ¿Ah sí? ¿Cómo sería eso?
NATALIA: Bueno. Me levanté tarde.
MUJER: 8:30 de la mañana.
NATALIA: Desayuné.
MUJER: Tomé mate.
NATALIA: Leí un poco.
MUJER: Facebook
NATALIA: Después hice unas compras.
MUJER: Miré unos zapatos que me gustaron en una vidriera.
NATALIA: Nada, cociné, almorcé.
MUJER: Comí pizza del jueves.
NATALIA: Qué se yo, normal, tranqui.
MUJER: Pensé en Javier, dormí una siesta, me levanté deprimida. Escribiste vos, no me quedó otra que aceptar,
VICTOR: Y ahora estás acá.
MUJER: Porque sos de insistir bastante.
NATALIA: Y ahora estoy acá.

Natalia se sonríe y ve a Víctor. Víctor ve a Natalia y oscila la cabeza de arriba a abajo, es una afirmación, un gesto, también sonríe.

NATALIA: ¿Vos?
VICTOR. ¿Yo?
MUJER: No, tu vieja, me re interesa saber de su vida.
VICTOR: ¿Yo qué?
NATALIA: ¿Cómo fue tu día?
MUJER: Imbécil.
VICTOR: ¿Tenés ganas de aburrirte?

Ninguno, ni Víctor, ni Natalia, ni la otra mujer, ven llegar a la moza. Ésta lleva una bandeja con una cerveza, dos vasos empañados, un pequeño recipiente con maní. La moza comienza a dejar estas cosas sobre la mesa, una a una, no se apura. Víctor y Natalia apartan sus cuerpos unos cuantos centímetros de la mesa, como brindando un espacio innecesario. Ven como la moza va dejando todo, ven como destapa la cerveza, ven como sirve un vaso, como sirve el otro. Ven sin hablar, hay algo que les impide continuar con la charla, una fuerza sobrenatural ejercida por esa intrusa que acomoda todo con rostro amistoso. Hay intentos de decir algo. Hay gestos inentendibles de agradecimiento y aceptación o brindando aval al rutinario movimiento de la moza. No se miran entre ellos, ven a la moza. No es un ángel, es una enorme y poderosa diosa del silencio.

MOZA: Que la disfruten chicos, ya sale lo otro.
NATALIA: Gracias.
VICTOR: Muchas gracias.

Beben un poco de sus cervezas, vemos que Natalia levanta las cejas. Pasan algunos segundo y siguen sin hablar, los efectos de la diosa.

VICTOR: ¿Hacemos un brindis?
MUJER: ¿Qué?
NATALIA: Dale.
VICTOR: ¿Por qué te gustaría brindar? (Natalia y la mujer levantan los hombros). Yo tengo uno: porque las cosas... sólo... puedan mejorar.
NATALIA: Está muy bien.
MUJER: Es un buen brindis.
VICTOR: ¿Te cuento mi día?
NATALIA: Sí.
MUJER: Tiene algo lindo en los ojos, a eso se lo podemos reconocer. Pero no sé. No me gusta para nada su nombre. Te llamó Víctor, te llegó un mensaje de Víctor. Víctorrr, Víctorrr, Vik-Torrr. Vik. Víctor. No, no me gusta. Ay, de repente me dieron ganas de estar en casa. Mirando una serie. Creo que hoy era la final del US Open. Tomando un vino, no una cervecita. Un vino, un porro y una estufa. Y mis zapatos nuevos. Y dormirme sabiendo que mañana es domingo y que no tengo que preocuparme porque estoy un poco gorda y ni tener que anotarme en un gimnasio y que el chocolate con dulce de leche me levante el culo y que los boludos no vengan en racimo y que estar sola se haga lindo cuanto más tiempo pase y que Javier algún día se acuerde de mí y que me llame.

La mujer ve hacia donde están Natalia y Víctor. También ve a la moza que se acerca a la mesa con la bandeja y la “picada de campo para dos personas”. Ve también como la moza se dirige a Natalia.

MOZA: Señorita. Tiene una llamada.
NATALIA: ¿Perdón?
MOZA: Tiene una llamada.
NATALIA: ¿Para mí?
MOZA: Sí. Un tal…
MUJER: Javier.
VICTOR: Y así es prácticamente todo el día.
NATALIA: Terrible.

La diosa del silencio actúa nuevamente sobre los cuerpos de los mortales. Ahora influye en ellos dejando los recipientes que contienen alimentos.

MOZA: Buen provecho chicos.
NATALIA: Gracias.
VICTOR: Muchas gracias.
MOZA: ¿Quieren ir pidiendo algo más?
VICTOR: No, con esto está bien. Cualquier cosa te llamo.
MUJER: No sos de los que consultan con el otro.
MOZA: Perfecto. Que la disfruten.

La moza se aleja. Víctor, bastante rápido se come un queso y aún con la boca llena dice:

VICTOR: Mmm. Buenísmo este queso.

Mucho antes de terminar el queso se mete un pedazo de salamín en la boca e instantáneamente corta un cacho de pan con la mano y se lo mete también. El bolo alimenticio de Víctor es grande y dice, siempre con la boca llena:

VICTOR: Mmm. Buenísimo, buenísimo.

Natalia aún no ha probado bocado, ve a Víctor comer, al igual que la otra mujer. Pero ésta, lo mira con asco.

MUJER: ¿Hace cuántos años que no comés?

Víctor que ha reducido su bolo en un 30%, se mete dos largos tragos de cerveza que le ayuda a tragar. Natalia y la otra mujer lo ven llevarse el puño cerrado a la boca cerrada y enderezar levemente la columna con el mentón cerca del pecho.

MUJER: Eructa tranquilo. Total.
VICTOR: Está buenísimo. ¿No tenés hambre?
MUJER: Acabo de perderla.
NATALIA: Sí.

Natalia agarra el tenedor y pincha un salamín del cual muerde un poco menos de la mitad, estira y al partirlo mastica. En ese tiempo, Víctor se metió una aceituna, escupió el carozo en el agujero del puño que forma su mano derecha y al dejarlo sobre la mesa, aprovechó el viaje de vuelta de esa misma mano para agarrar dos pedazos de diferentes quesos y metérselos enteros, con un poco de pan que pescó con la mano izquierda.

MUJER: Estaría bueno probar un poco de comida antes de que este animal termine con todo.
NATALIA: Comes rápido.
VICTOR: Sí, mal.
MUJER: Te vas a morir atragantado. Dios me escuche.
NATALIA: ¿No te hace mal?
VICTOR: No.
MUJER: Una lástima.
VICTOR: ¿Cocinás?
NATALIA: ¿Cómo?
VICTOR: Si te gusta… si te gusta cocinar.
NATALIA: No mucho.
MUJER: Odio cocinar y a vos también te odio.
VICTOR: Yo no cocino tampoco, osea, no sé cocinar. Pero tengo cuatro platos, que la rompo toda.
NATALIA: ¿Sí?
VICTOR: Sí.
NATALIA: ¿Cuáles son?
MUJER: Como si te importara.
VICTOR: ¿Te gusta la pasta?
MUJER: Víctor chorreado de salsa. Víctor chupando un fideo, haciéndolo rebotar en la nariz, manchándose con salza la nariz y terminando de chupar el fideo. Víctor con una camisa blanca llena de manchas de tuco. Víctor gordo comiendo pasta, haciendo así con el tenedor, para juntar muchos fideos, acercando la boca al plato y chorriándose salsa roja. Víctor poniéndole mucho queso a la pasta, un queso rallado que abrió con la boca mugrienta de salsa y fideos y dejó así, con miguitas, el lugar por donde va salir el queso que forma una costra sobre el plato. Mucho queso, mucho queso. A Víctor le gusta la pasta con mucho queso. Víctor pelado, comiendo pasta, hablando a los gritos y con la boca llena, escupiendo tuco, fideos y pedazos de queso que vuelan un momento por los aires, para volver a caer en su plato y volver a ser tragados por Víctor unos segundo antes de volver a ser escupidos, porque habla con la boca llena. Víctor quemándose con el primer bocado de pasta y dejándolo caer de su boca sobre el plato. Víctor soplando los tenedores con fideos y llenado de pequeñas partículas de baba ese cacho de pasta que se lleva, todavía caliente a la boca. Víctor transpirado por tanto comer, secándose la frente con el antebrazo, sopando salsa con el pan, limpiando el plato con el pan, el quinto plato que se come. El quinto plato que limpia con pan. No, a partir de ahora no me gusta la pasta.
VICTOR: Y, por supuesto, hago buenos asados.
NATALIA: Ya lo probaremos.
VICTOR: Esa es la actitud.
MUJER: Espero no verte más en mi vida.
VICTOR: ¿Qué signo sos?
MUJER: A ver…
NATALIA: Acuario.
VICTOR: Mmm.
MUJER: ¿Qué?
NATALIA: ¿Qué?
VICTOR: No, no tengo ni idea de Acuario.
MUJER: Acuario es donde tendrías que estar… Pescado.

Natalia se ríe con sonido por lo que ha dicho la mujer. Victor la ve, se ríe también, pero acompaña la risa con un fruncido de cejas.

VICTOR: ¿Qué pasó?
NATALIA: No, nada.
VICTOR: Es que no sé nada de Acuario.
NATALIA: Está bien.
MUJER: Cree que te estás riendo por él, nena.
VICTOR: Debe ser el único signo del cual no conozco nada.

Efectivamente Víctor cree que Natalia se ríe gracias a él. Acompaña las palabras con una sonrisa dibujadísima y más suelto que nunca.

VICTOR: ¿No podrías haber dicho Escorpio, Leo, Cáncer? No, tenías que ser de Acuario.
MUJER: No fue mi elección nacer en febrero.
VICTOR: ¿Y que onda Acuario?
MUJER: Acuario no soporta a los pelotudos.
NATALIA: No sé, ni idea. No le doy mucha bola al horóscopo.
VICTOR: Ah no, yo tampoco.
MUJER: ¿Entonces para qué preguntás?
NATALIA: ¿Y entonces para qué preguntás?

Pausa. Silencio. La mujer ve a Natalia que ve a Víctor que ve a Natalia. Pausa. La mujer a quedado congelada, si la tocásemos, se quebraría en mil pedazos. Silencio. Roto.

MUJER: ¿Vos de qué signo sos?
NATALIA: ¿Vos de qué signo sos?
VICTOR: Aries.
MUJER: ¿De qué día?
NATALIA: ¿De qué día?
VICTOR: Del seis de abril.
MUJER: ¿Tomamos otra cerveza?
NATALIA: ¿Tomamos otra?
VICTOR: Dale. ¿Querés pedir otra cosa para comer?
MUJER: No, no tengo hambre.
NATALIA: No, no tengo hambre.
MUJER: Nena, por favor ayudame, no puedo sola.

Natalia levanta la mano y ve hacia donde está la moza, grita:

NATALIA: ¡Flaqui!
MUJER: Te estás pasando.
NATALIA: (A Víctor) ¿Qué hacemos después?
VICTOR: ¿Después?
MUJER: ¿Después?
NATALIA: Después de acá. ¿Qué se te ocurre?
VICTOR: No sé, lo que vos quieras.

Natalia afirma con la cabeza, no sabemos si va a decir algo, en todo caso la moza está a su lado.

NATALIA: ¿Me traerías otra?
MOZA: Dale.

La moza toma la botella vacía y se aleja.

NATALIA: Voy al baño ¿sí?
VICTOR: Sí.

Natalia se para, toma la cartera y se va. Víctor la ve irse. La mujer ve a Víctor que ve a Natalia irse.

MUJER: Te está mirando.
NATALIA: Ya lo sé.
MUJER: ¿Cómo te vas a ir? ¿Cómo vas a terminar con ésto? No te podes borrar. Se va a ofrecer para llevarte a tu casa. Le decís que sí, en la puerta de casa le das un beso en la mejilla, rápido y te bajás con un “gracias, nos vemos”. No, el “nos vemos” no va a ser necesario. En el viaje vas a estar callada, que se dé cuenta que no está todo bien. Callada, respondés con monosílabos. En la puerta, beso, corto, rápido y chau. Si te escribe otro día inventés excusas, no respondés, que sé yo. Mañana salís a correr, empezás la dieta, las dietas empiezan los domingos, las dietas empiezan los días que menos te esperás que empiecen. Los lunes son demasiado previsibles. Los lunes no hay que empezar las dietas. Salís a correr, vas a visitar a tu hermana, la llamás a tu vieja. Pero te vas a levantar tarde, muy tarde, a las doce, a la una y media. Qué lindo sería que te guste correr. Va a hacer frío mañana. Qué lindo sería dormir con él. Qué lindo sería despertar el domingo con él. A la una y media. A las doce. Cocinar algo. Qué lindo sería que te quieran. ¿En quién estás pensando? ¿En quién estás pensando? Ponete perfume, arreglate un poco el pelo, seducilo. Sos hermosa. Salí a correr mañana, comprate los zapatos, empezá la dieta y ponete el perfume. Se viene la primavera, se viene la poca ropa, se viene las vacaciones. Se te corrió el rimel. ¿Por qué lloras? ¿Por qué lloras? Te va a escribir cuando se aburra. Te va a escribir. Se llama Víctor, tiene lindos ojos. Sos hermosa Natalia. Siempre te lo dijeron, todos te lo dijeron siempre. Javier te lo decía. No llores, arreglate el pelo, arreglate el maquillaje, trajiste la cartera, trajiste todo lo que hace falta. Tiene lindos ojos, decile que te lleve a tu casa, levantate tarde, dormí con él, salía correr, dormí calentita, cogé, pasala bien, tiene lindos ojos.

Natalia aparece. Vemos su vestido largo y rojo. Víctor se aparta para verla llegar, le da un beso en la mejilla y la sigue mirando. La moza también la ve, fijamente la ve y le acerca el ramo de flores que está sobre la mesa. Natalia lo acepta, sonríe, mira al frente, nos mira. Nos saluda. Nos tira besos imaginarios que salen de la palma de su mano impulsado por el viento que hace su boca juntando los labios. Unos labios rojos, maquillados, brillantes. Mira a Víctor, mira a la moza, nos mira.

-FIN-

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