MIRAME MOROCHA MIRAME

PERSONAJES
PEDRO
LUIS
DOS CHICAS

El mar y la arena. Sobre la arena un bar de playa que ostenta un balcón de madera. Sobre el balcón hay una mesa ratona pequeña, dos sillones. Sobre la mesa hay platos y pocillos. Será un desayuno, pues sobre el bar, la arena y el mar, está el sol, recién salido. Sobre los pocillos hay un vapor que algunos confunden con humo. Sobre cada uno de los sillones hay un hombre de mediana edad. Más atrás y también sobre mesas, sillones y pocillos con café, hay dos mujeres, no las escuchamos hablar, en realidad, no sabemos si hablan; si sabemos que son hermosas. A ellos, a los hombres, sí los escuchamos. La charla de los hombres está sobre todo esto.

PEDRO: Hace un tiempo vi un video en Youtube. Un chabón que predice cómo va a caer la moneda. Dice cara, la tira al piso haciéndola girar, la cámara enfoca, es cara. Así tres, cuatro veces. Y siempre le pega. Entonces, en un momento, el vago dice, mira la cámara y dice: “cae de canto” o sea, parada. La tira... y la moneda cae entre dos baldosas de la vereda y queda así: paradita.
LUIS: Está armado.
PEDRO: ¿Cómo?
LUIS: Nada, es fácil.
PEDRO: ¿Cómo fácil?
LUIS: Nada. Haces un truco con la cámara, como que seguís la moneda y ya está en el piso. Hace rato que está en el piso. Hay un boludo que está abajo, en el piso, que vos no lo ves. Mientras el tipo habla con la cámara, el de abajo acomoda la moneda.
PEDRO: No.
LUIS: Pero sí.
PEDRO: No, no lo viste al video. El tipo está entero. En plano general. Tira la moneda y cuando cae al piso, ahí se acerca la cámara para ver. Para comprobar.
LUIS: Igual está trucado.
PEDRO: No está trucado.
LUIS: Entonces vos decís que el tipo adivina.
PEDRO: Sí.
LUIS: ¿Y si tiene ese poder por qué no se dedica a otra cosa, en vez de hacer un video en Youtube?
PEDRO: El tipo hizo un video en Youtube, no te dije que se dedica a eso. Por ahí el tipo gana fortuna adivinando. No te dije que era un youtuber.
LUIS: Está trucado Pedro.
PEDRO: ¿Pero por qué pensás que está trucado?
LUIS: Entonces David Copperfield vuela.
PEDRO: Pero David Copperfield es mago.
LUIS: ¿Y este vago?
PEDRO: Y este vago no.
LUIS: Bueno, está bien. Es un genio el vago éste.
PEDRO: No, no es un genio, es un vago que adivina.
LUIS: Bueno. Yo tengo una tía que corta el pelo a palabra.
PEDRO: No, nene. Tenés que creer, en algo tenés que creer. No podés cuestionar todo.
LUIS: Soy agnóstico.
PEDRO: Explicame cómo lo hace.
LUIS: Es que no soy mago yo.
PEDRO: Él tampoco.
LUIS: No sé, no sé cómo lo hace. Tiene suerte.
PEDRO: No, suerte no es. Suerte es que yo ahora adivine cuatro veces seguidas como va a caer una moneda, pero en algún momento me voy a equivocar. Él no.
LUIS: ¿Nunca se corta el video?
PEDRO: No, nunca. Plano secuencia.
LUIS: No le creo cuando dice que cae parada y cae parada.
PEDRO: Es que ese es el momento en que te das cuenta de que el tipo no es mago. Porque la moneda no cae parada en la nada, eso sí sería un truco. El tipo dice que va a caer parada y la moneda queda en una hendija, entre dos baldosas de la vereda. ¿Me entendés? No es mago, adivina la trayectoria de la moneda.
LUIS: ¿Tiene otros videos?
PEDRO: No, no sé.
LUIS: ¿Y cuántas visitas tiene ese video?
PEDRO: Que sé yo, no me fijo en eso.
LUIS: ¿Por qué me contás esto?
PEDRO: No sé por qué te cuento esto, pero sí sé por qué seguimos discutiéndolo.
LUIS: ¿Por qué?
PEDRO: Porque vos elegis no creer. Ante un hecho, elegis no creer. Te cuento algo y elegis no creer.
LUIS: Yo te dije, soy agnóstico.
PEDRO: ¿Pero ésto qué tiene que ver con dios?
LUIS: Bueno, dios es la moneda.
PEDRO: No, en todo caso, dios es el hecho de que un tipo adivine como va a caer una moneda.
LUIS: Ok. No niego ese hecho, supongo que hay un truco, como no puedo explicar el truco, ese hecho se transforma para mí en uno inentendible, entonces no quiero saber nada con eso.
PEDRO: La complicas, elegís no creer.
LUIS: Dale, elijo no creer. Escéptico, soy escéptico ¿te gusta así? Y no me rompas más las pelotas con ese pelotudo de Youtube.

Sobre Luis está la calentura. Sobre Pedro el regocijo y la risa muda. Sobre ambos está el conocimiento de que Pedro puede hacer enojar a Luis. Ésto, a Luis lo calienta y a Pedro le encanta. Sobre ellos está la charla, pero sobre la charla está la competencia. Mientras tanto las mujeres del fondo sólo están ahí, son parte del cuadro, tan hermosas se ven. Sobre sus rostros hay gafas para el sol, sobre sus cabellos hay detalles maravillosos, detalles de colores o de pañuelos. Son tan hermosas que parecen estar más lejos aún. Alguna de ellas, no importa cual, a veces, tiene sobre su mano un celular.

LUIS: Está embarazada.
PEDRO: ¿Quién?
LUIS: Soledad.
PEDRO: ¡Uh! ¿Tu novia?
LUIS: No boludo, no estoy de novio.
PEDRO: ¿Soledad no es la mina con la que salís?
LUIS: No. Soledad es la mina que me gusta. Con la que salí hace mucho. De la que… La que más me gusta.
PEDRO: ¿Y cómo sabés que está embarazada?
LUIS: La vi en facebook. Se sacó una foto con la panza. Así: (Imita una foto con postura de una mamá con panza, de una mamá orgullosa de su panza). Y abajo miles de comentarios; “Divina”, “Felicitaciones a los dos”, “hermosa esa panza”, “se lo merecen”...
PEDRO: Uh.
LUIS: Me mató.
PEDRO: ¿Hace cuánto que no la ves?
LUIS: Y… hace como tres años.
PEDRO: ¿Y le revisas las fotos?
LUIS: Si, de vez en cuando.
PEDRO: ¿Ella se da cuenta de eso?
LUIS: No, no, creo que no.
PEDRO: ¿Cómo?
LUIS: No somos amigos, pero ella lo tiene público.
PEDRO: No sé que decirte.
LUIS: Y no.
PEDRO: Un bajón.
LUIS: Ahora sí, ahora la veo más lejos que nunca. Una cosa era ver fotos con el otro, con el novio, abrazados, de vacaciones, leer los mensajes que se escribían en el muro: “mi vida”, “mi amor”, ¿no? Uno sabe que las relaciones se terminan en algún momento, pero decidir tener un hijo y estar felices y publicarlo. Y no me pone contento su felicidad. Perdón. Me hace mal que esté feliz, sufro porque ella es feliz. El sentimiento de una basura, lo acepto. Pero yo quiero que sea feliz conmigo.
PEDRO: Y bueno, la gente es feliz por otro lado.
LUIS: Ella creerá, si alguna vez piensa en mi, cosa en la cual no creo, que yo no pienso en ella. Qué yo me olvidé. Ella no sabe que con cada cosa que sé de su vida yo sufro. Ella no sabe que yo sé. Ella no sabe que yo sé que ella es feliz. Lo peor es que ella seguramente me olvidó a mi. No sabe nada de mi, no sabe que sufro, que respiro, que vivo. No sabe nada y eso no la modifica en nada.
PEDRO: Pero es que pasó mucho tiempo. En tres años uno hace su vida.
LUIS: Yo también hice mi vida, pero siempre pendiente de la suya.
PEDRO: ¿Pendiente?
LUIS: Sí, siempre. No pasa un mes sin que le revise un poco alguna de sus... redes sociales.
PEDRO: ¿No te preguntaste alguna vez porqué no están juntos?
LUIS: Porque ella no me quiere, porque nunca me quiso.
PEDRO: ¿Cuánto tiempo saliste con ella?

A Luis le cuesta tanto contestar ésta pregunta que se toma un tiempo más que considerable. Casi un minuto está callado, un montón. Raro.

LUIS: Una semana.
PEDRO: Poco.
LUIS: Sí poco, pero para mí fue fuerte.
PEDRO. Fue fuerte porque fue poco.
LUIS: ¿Vos tenés una idea para todo?
PEDRO: Es físico el asunto. Hay algo, hubo algo que no se terminó de desarrollar, por eso queda.
LUIS: ¿Vos decis que las cosas sólo se desarrollan en el tiempo?
PEDRO: Sí, generalmente sí.
LUIS; O sea que si en vez de una semana era un año, yo no estaría así.
PERO: Así no.
LUIS: Igual no era mi intención hablar de ésto. Seguime hablando del mago.
PEDRO: No es un mago.
LUIS: Bueno, del boludo ese de youtube.
PEDRO: Recién no querías saber nada con el boludo ese y tampoco es un boludo.
LUIS: ¿De qué me serviría a mí poder adivinar la caída de una moneda?
PEDRO: Podrías hacer un video en youtube.
LUIS: Tengo ganas de escribirle.
PEDRO: ¿Al vago?
LUIS: A ella, que sepa que yo sé. Que sé que es feliz. Es un mensaje que diga: “Hola, sé que sos feliz y lo sé porque nunca te olvide”.
PEDRO: Un poco fuerte.
LUIS: Le voy a escrbir.

Luis saca su celular y lo mira. Pedro ahora se dedica al café, a las medialunas, a su propio celular. Luis está largo rato mirando el celular, podemos ver que escribe. Arriba suyo hay una nube de pensamiento, una nube de tormenta, con rayos y todo. La nube que está sobre su cabeza no lo deja en paz, la mano sobre la frente, la cabeza sobre el texto, los ojos sobre la pantalla. La nube se agranda.

LUIS: No. No puedo. No le puedo escribir nada. Que quede así, que crea que me olvide, que se vaya a la concha de su madre.

Luis deja el celular sobre la mesa y toma el pocillo de café. Bebe con la misma violencia con la que arroja el teléfono sobre la mesa. Éste fue un gran esfuerzo para alejar a la nube que lo sobrevuela. Pero no.

PEDRO: ¡Qué buena que está la morocha Luisito! (Mira hacia la mesa de las mujeres. Luis, luego de ese comentario, también mira). Andá a decirles algo. (Luis sonríe). No miran. Ni una sólo vez miraron para acá. ¿Vos podes creer eso? Yo miré mil. Seis mil veces las mire desde que me senté. Cuarenta millones de veces miré para allá. ¿Cómo puede ser que ellas no miraron una? Una. Una vez. Aunque sea una mirada de desprecio. ¿No me merezco ni una mirada de desprecio? ¡Ninguneame morocha!

La nube ataca. Pausa. Caen los rayos de los pensamientos dañinos.

LUIS: Pero no así.
PEDRO: ¡Claro! Pero no tan así.

Otra descarga eléctrica.

LUIS: Exáctamente.

La nube que está sobre Luis no se irá nunca. Todo lo que dice y hace, está subyugado por el accionar de la nube.

PEDRO: Luisito... andá.
LUIS: No.
PEDRO: Andá Luisito.
LUIS: (Sonrie un poco) Pero no.
PEDRO: Dale Luisito.
LUIS: Ponele que voy. ¿Qué digo?
PEDRO: Dale Luisito a vos se te va a ocurrir algo, sos creativo.
LUIS: “Hola chicas. ¿Cómo están? ¿Saben que son muy lindas? ¿Qué hacen? ¿Quieren seguir desayunando conmigo y con mi hermano? Tenemos medialunas y jugos de naranja para compartir”.
PEDRO: No Luisito, no.
LUIS: Eso es lo que se me ocurre ahora.
PEDRO: Anda yendo y en el camino algo mejor se te va a ocurrir.
LUIS: Pegame una piña.
PEDRO: ¿Cómo?
LUIS. ¿Vos querés que miren no? Bueno, levantate y pegame una piña.
PEDRO: Ahí mirarían.
LUIS: Por eso. En serio. Te levantas, me tiras el café en la cara y me das un puñetazo. Después tiras la mesa al suelo, y me pateas en el piso. Gritando, todo gritando. Café, piña, mesa, patada y gritos. Van a mirar.
PEDRO. Van a mirar.
LUIS: Dale.
PEDRO: Pero no ganamos nada así. Nos mirarían, pero como se mira a dos tarados que se pelean en un bar.
LUIS: Pero mirarían. Con desprecio, con asco, pero mirarían. Hasta podrían acercarse a evitar que me sigas pegando. Te agarrarían, te tocarían Pedrito. Hasta podría pasar que se preocupen por mi, que se agachen a verme, que me toquen. Yo creo que es mejor que nada.
PEDRO: Pero yo paso.
LUIS: ¿Lo hago yo?
PEDRO: No gracias.
LUIS: ¿Y si lo filmamos? Ya se, filmamos todo. Si no conseguimos nada, por lo menos lo subimos a Youtube y sacamos un buen video. Es más, tengo otra idea. Antes que nada tiramos una moneda al aire. Si cae cara vos venis por mi, con lo del café y todo. Cara, vos me pegas a mi. Cruz, yo a vos.

Luis toma el celular y se prepara para filmarlo todo. Está realmente decidido. Ahora busca en su bolsillo. Sobre sus movimientos se evidencia alguna clase de entusiasmo.

LUIS: Tomá. Agarra la moneda.

Luis le tira a Pedro una moneda que sacó del bolsillo. Pedro puede manotearla en el aire, tiene la boca un poco abierta, pero ladeada por media sonrisa. Mira el accionar de Luis sin hacer mucho más que seguir abriendo la boca o fruncir el ceño o ladear esa sonrisa. Eso es todo lo que puede hacer Pedro mientras Luis acomoda el celular, que ya está filmando, en la mesa. Acomoda el celular de tal forma, que la cámara toma todo lo que va a ocurrir, es un plano general. Incluye, por su puesto, a la mesa de las damas. Demora poco a pesar de la complejidad del ángulo. Es la cámara del celular la que ahora está sobre toda la acción. Luis se acomoda en su asiento y dice, mirándola:

LUIS: Experimento: Mirame Morocha Mirame. (Mira a Pedro) Tirá la moneda Pedrito.

Asombrado pero a la vez incrédulo, Pedro tira la moneda al aire, haciéndola girar. Luis vuelve a mirar la cámara que filma todo, es muy profesional.

LUIS: Cae cara. (Luis, tomando el celular, busca filmar la moneda que quedó en el piso. Vuelve a mirar directo a la cámara). Cara.

Luis vuelve a dejar el celular en la mesa, en el mismo ángulo que había logrado antes. Muy rápido todo, es un profesional, quiero que se entienda. Las dos manos de Luis un poco hacia adelante, los codos cerca de la cintura, las palmas para arriba. Los dedos de Luis, salvo el pulgar, se mueven hacia atrás, dos veces.

LUIS: Dale Pedro, no me cagues el video que viene saliendo todo bien. (Pedro sonríe, sólo del lado izquierdo). Dale Pedro, salió cara. Dale Boludo.

Luis mira hacia la cámara por un segundo y después se para, con un sólo paso ya está frente a Pedro, sobre Pedro. Éste tiene que levantar la cabeza para ver a Luis a la cara. ¡Paf! Es un cachetazo. ¿Luis acaba de darle un cachetazo a Pedro? Sí. Pero si pestañeamos no lo vimos. Pedro lo sintió, abre los ojos y mira a Luis.

PEDRO: ¿Qué haces?
LUIS: Dale Pedro. Empezá por el café en la cara.
PEDRO: Pará boludo.
LUIS: Dijimos que íbamos a hacer ésto.
PEDRO: Yo no dije nada.
LUIS: Dale Pedro.

Increiblemente Luis está calmado, habla y respira de manera normal. ¡Paf! Otro cachetazo feroz.

PEDRO: ¡Pará!
LUIS: ¿Tengo que hacerlo solo?
PEDRO: Pará boludo. ¿Qué te dió?

Luis toma la taza de café de Pedro, esa taza de la que aún sale humo, o mejor dicho vapor, y se la tira sobre su propia cara. Grita, está caliente. Cierra el puño y se cruza el propio rostro. Grita, le duele. Otra piña al estómago. Izquierda, derecha, izquierda al estómago, se tira el pelo. Grita. Se arrodilla, golpea la cabeza contra la mesa, no una, sino tres veces, ya está en el piso, se sigue pegando. Grita. Pedro mira todo con la boca y los ojos más grandes que ha tenido, intenta detenerlo pero no sabe como, tiene más miedo que asombro. No, es al reves. ¿Qué es lo que le hace tener a Pedro ese rostro agrandado? ¿El miedo o el asombro? Respuesta: las dos cosas juntas hacen tener esa cara. Pedro dice cosas que ni él entiende. Todo es parte de lo mismo. La violencia de Luis sobre si mismo, sobre el bar, la playa y la arena. La cámara lo sigue filmando todo.

LUIS: ¡Soy Edward Norton!

La referencia lo hace reír, está sacado, sangrando y se ríe. Parece que le gusta, pero no puede más, está más cansado que dolorido. No, es al reves. Acá se genera una pausa. Pedro lo mira. ¿Tiembla? Puede ser. Pero las chicas de la otra mesa no hacen nada, siguen en la suya, siguen hermosas y lejanas. No han visto nada de lo que pasó. No giraron nunca el cuello, si siquiera relojearon. Durante toda la autoflagelación de Luis, ellas sólo estuvieron ahí, sobre sus cosas, sin dedicarles ni una sóla mirada a Luis o a Pedro. Sus miradas variaron del teléfono al rostro de la otra, ese rostro tan bello, ese rostro que nunca, nunca, nunca miró. Luis toma el celular con la mano lastimada y roja, se enfoca de cerca. Un primer plano.

LUIS: Soledad, te mando éste video para que sepas que te quiero. Para que sepas que sé todo, todo, sé todo de tu vida. Sé como se llama tu novio, sé comos se llama tu hermana, la queres mucho. A tu hermana la queres mucho… A tu novio también. Lo queres mucho. Sé que él te dibuja desnuda. Esperá, quiero decirte una cosa: dibuja muy mal, muy mal, son horribles sus dibujos. Y vos no sos horrible, vos sos muy hermosa. Vos no tendrías que tener dibujos tuyos en donde estás horrible. ¡Ah! Sé que estás embarazada también y que estás feliz por eso. Felicitaciones. Ojalá salga igualita a vos. Y si es nene, igualito a vos también. Yo no estoy tan bien, yo estoy así. Golpeado. Y todo es tu culpa. Perdoname. Igual vos no tenes la culpa de que sea tu culpa. La culpa la tengo yo. Yo tengo la culpa de que sea tu culpa todo ésto. Si estuvimos una semana juntos, nada más. Mi hermano se ríe de eso. Él dice que yo elijo no creer y es verdad. Hay cosas en las cuales no puedo creer, en ésto no creo. No creo. Elijo no creer en tu olvido, frente a ese hecho elijo no creer. Elijo no creer en nada. Al fin y al cabo el escéptico es también un optimista. Y todo ésto, todo ésto… Todo ésto lo hice por vos. Para que sepas que te quiero. Éste video, ésta escena, la hice para que sepas que te quiero. ¡No! Es verdad que te quiero, pero no lo hice por eso, lo hice para que sepas de mi... Para que sepas de mí. Así que te lo mando y… espero que te guste. Y… te mando un beso grande. Te escribí una poesía, un par. No la voy a recitar, no me la acuerdo, tranquila. Pero escribo mal, tan mal como dibuja tu novio. Si me quisieras te gustarían mis poesías. Brindo por el amor, por la ceguera. No estés mal, el boludo soy yo. ¿Todavía tenes el anillo que te regalé?

Luis mira hacia abajo, la cámara lo sigue filmado. Pedro posa una mano sobre el hombro de Luis, la otra sobre el teléfono. Se lo quita pero lo sigue filmando. Un rato más. Un poquito más. Sólo unos segundo más y... corte.

PEDRO: No podes elegir cara con la moneda de un peso. Eso si es un truco. Es sol o escudo.
LUIS: ¿Miraron?
PEDRO: No se, supongo que sí.
LUIS: ¿Miran ahora?
PEDRO: (Mira hacia la otra mesa) No.

Luis se acomoda en el asiento. Toma su celular. La nube tormentosa vuelve sobre él o, en realidad, nunca se fue. Se queda un rato manipulando el celular. Descansa.

PEDRO: ¿Se lo mandaste? (Luis afirma con la cabeza). Bueno, esperamos. ¿Así que seguis escribiendo poesía?
LUIS: Sí.
PEDRO: ¿Mejoraste?
LUIS: No.
PEDRO: No tenés que escribir más.
LUIS: Y no. Pero a veces me sale.
PEDRO: No, no te sale.
LUIS: Bueno, me sale… Vos me entendes. No me jodas. Es sublimar.
PEDRO: ¿Sublimar?
LUIS: Sí.
PEDRO: Sublimas para el orto.
LUIS: No se trata de hacerlo bien o hacerlo mal. Se trata de hacerlo. Es terapéutico.
PEDRO: ¿Estás yendo a terapia?
LUIS: No.
PEDRO: ¿Entonces?
LUIS: Nada, no tenes que ir a terapia para aprender a hacer esas cosas. Son cosas que una aprende solo.
PEDRO: Ponele.

Pedro vuelve a mirar la mesa de las señoritas. Es verdad que a él le queda más cómodo mirar, pero es muy notorio que su interés sobre las chicas de la otra mesa es superior al de Luis.

PEDRO: No miran che. No miran. ¿Tenés algún otro plan?
LUIS: No.
PEDRO: Igual es al pedo. Todo es bastante al pedo.
LUIS: Sí.

Algo parecido a la tristeza está sobre Luis y Pedro, algo de melancolía, de frustración, de impotencia. Están como vencidos. Mientras tanto Luis se va secando la sangre con unas servilletas del bar. Ya no tiene tanto de que hablar, en realidad nunca lo han tenido. El silencio desciende, se hace largo y lo saben.

PEDRO: ¿Le llegó?
LUIS: ¿Cómo?
PEDRO. El mensaje.
LUIS: Ah, sí.
PEDRO: ¿Lo vió?
LUIS: No se.
PEDRO: ¿No contestó?
LUIS: No.
PEDRO: Ves… Es al pedo.
LUIS: Si. ¿Pero entonces porqué lo hacemos? ¿Para qué hacemos cosas? ¿No es una pelotudez eso de la esperanza?
PEDRO: Es que no es esperanza.
LUIS: ¿Y qué és?
PEDRO: Es algo parecido, pero no es esperanza. No me sale la palabra.
LUIS: ¿Fe?
PEDRO: No.
LUIS: ¿Ilusión?
PEDRO: Algo así, pero no. Sería: la ilusión de una posibilidad. Un sinónimos, pero no es los mismo.

De repente, las chicas de la otra mesa se paran, se acomodan un poco, la ropa, la cartera. Se dan un beso, se ríen. Podemos escuchar algo ahora, la risa. Pedro no puede evitar mirarlas. Salen y con ellas se va “la ilusión de una posibilidad”. El último pensamiento de Pedro se cae desde donde estaba, arriba de ellos, sobre él. Y no, no miran.

PEDRO: Se fueron Luisito.
LUIS: ¿Qué podemos hacer?
PEDRO: Nada.
LUIS: Nada.
PEDRO: ¿Qué hora es?
LUIS: Van a ser las once.
PEDRO: ¿No contestó?
LUIS: No.
PEDRO: Bueno. ¿Vamos yendo?
LUIS: Dale.
PEDRO: ¿La vez a la moza? Pedí la cuenta.

Luis, con su mano sobre la cabeza hace señas hacia el costado. El lugar donde suponemos que estará la moza.

LUIS: No mira esta boluda.

-FIN-

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