EJERCICIO PARA DOS ACTRICES EN UN CAMARÍN

PERSONAJES
ESTELA
EMILIA

Un amplio camarín. El color blanco predomina en las paredes y los objetos. Espejo con focos alrededor, una mesa que sostiene un florero repleto de flores multicolores, una botella de licor con un moño que adorna su cuello. A un costado y colgando, hay vestuarios teatrales, con tantos colores como las flores, un mueble con cajones y algunas cajas sueltas completan el lugar. Una sola puerta entreabierta, no hay ventanas. Las voces de las damas, se escuchan unos segundos antes de que las veamos entrar. Estela, es mayor, lleva una bata con plumas, su andar es ágil, rítmico. Detrás de ella, está Emilia, una joven que no llega a los treinta años. Parece pausada, quizás es el respeto lo que la paraliza. Tiene un atado de cigarrillos en la mano.

ESTELA: Ay mi amor, muchas gracias. Te juro que es la primera vez que me quedo sin cigarrillos en cuarenta años. ¡Me da una vergüenza pedirlos! Siempre tengo dos o tres paquetes acá en el camarín, (cierra la puerta) no porque los vaya a fumar a todos, no fumo tanto, pero tengo que saber que hay ¿viste? (Sirve dos vasos con la botella que está sobre la mesa). Un paquete en la cartera y dos o tres acá. Tomás, tomate una copita. (Le alcanza el vaso. Emilia lo sostiene en su pecho). Sentate, mi amor.
EMILIA: Muchas gracias y no se preocupe, para mí es un placer.
ESTELA: Para mí no. Odio pedir, nunca le pedí nada a nadie en cuarenta años de carrera. Ahora le voy a pedir al chico que me vaya a comprar dos o tres paquetes, pero todavía no apareció. ¿Qué estará haciendo ese? Bueno, ¿me das uno?
EMILIA: Claro, tome. (Le da un cigarrillo).
ESTELA: Dame dos o tres, no quiero volver a pedirte y andá a saber cuanto demora en llegar este boludo. Sentate mi vida, charlemos un poco.
EMILIA: ¿Quiere que le deje el paquete?
ESTELA: ¡No, por favor! Ahora mando al chico a que me compre alguno. Con dos o tres me alcanza. Dame el paquete, (Emilia se lo da) yo te saco dos o tres y no te jodo más. (Busca sobre la mesa). Yo por acá tenía un encendedor, dónde lo habré dejado la puta que los parió.
EMILIA: Tome, yo tengo fuego. (Le acerca el encendedor prendido).
ESTELA: Ay, gracias mi vida, sos un sol. (Estela, con el pucho en la boca, deja que Emilia se lo prenda. Pero se apaga. Emilia, intenta, sin éxito, hacer aparecer nuevamente la llama). Dejá, dámelo a mí. (Le saca el encendedor de la mano, se prende el cigarrillo). Sentate mi amor. ¿Te gusta el licor? Me lo regalaron hace unos días, yo ni sé qué gusto tiene. ¿No vas a fumar vos?
EMILIA: No, está bien, recién me fumé uno.
ESTELA: ¿Y que tiene? ¡Fumate otro! Dale, sentate ahi, tomate el licorcito y fumá conmigo. Charlemos un rato. ¿Cómo estás?
EMILIA: Bien, muy bien. Estoy contenta.
ESTELA: Yo también estoy contenta. Al final terminamos siendo amigas, ya vas a ver. Yo tengo muchos amigos y amigas que me he hecho a lo largo de cuarenta años de carrera. Y sé que nosotras vamos a terminar siendo grandes amigas. A pesar de la diferencia de edad. Por cierto ¿qué edad tenés vos, primor?
EMILIA: Veintiséis.
ESTELA: ¡Por favor! ¡Qué chiquitita! Mi vida, una nena. ¿No vas a fumar vos?
EMILIA: Y bueno…
ESTELA: No, no pienses que te estoy obligando, pero ya que estamos acá y pasándola tan bien, por qué no te fumas un pucho digo yo. Además con el licor debe estar bien fumar. ¿Qué tal el licor?
EMILIA: (Bebe el primer sorbo). Está muy rico.
ESTELA: (También bebe). Por favor, esto es una mierda. Dame que lo tiro. (Le saca el vaso de las manos, se deshace del contenido). Son esas cosas que le regalan a una y que no sabe lo que es hasta que lo prueba. Esperá que yo acá tengo un whisky que de verdad va a estar bien. (Buscando entre las cajas). Por dios que asco me dio esa mierda. ¿Viste cómo es con los regalos? Uno dice gracias a cosas que no prueba y cuando las prueba, mamita querida, una porquería. Parece que me odiaran algunas personas. Fumá, mi amor, fumá así se te va un poco el gusto a mierda. Yo mientras busco el whisky ese, que seguro lo tenía por acá. Escondido, acá hay que esconder todo, cualquiera sino se mete y te roba el licor. Bueno, a ese licor me lo hubieran robado, me habrían hecho un favor. Veintiséis años y ya estás trabajando acá, qué lindo, qué bárbaro. Sos hermosa querida, muy joven y hermosa. Me hacés acordar un poco a mí. Y claro, por eso te deben haber elegido. Aunque me parece una boludez eso del parecido, lo importante es el talento. Hay gente que no se parece en nada a ellos mismos, vos los ves hoy y los ves dentro de dos años y son otra persona. Lo importante es el talento. (Encuentra el whisky). Acá está. (Sirve dos vasos). ¿Vos sabés lo que es el talento? (La mira). ¿Sos talentosa vos mi querida? (Le entrega uno de los vasos).
EMILIA: Este…
ESTELA: No digas este, decí que sí y te van a creer aunque no lo seas. (Bebe). Decí siempre que sí, al fin y al cabo es una cuestión de confianza. ¿Vas a fumar o no vas a fumar mi amor?
EMILIA: Sí, fumo.
ESTELA: No creas que te estoy obligando, en realidad quiero verte fumar. Quiero ver como lo hacés. Es muy importante para una actriz saber fumar, en cuanto las veo fumar ya me doy cuenta, saber fumar y saber actuar está a sólo un paso de distancia. Saber fumar es ya tener un talento. ¿Hace cuanto que fumás?
EMILIA: Mhm, como diez años.
ESTELA: Bueno, al menos tenés experiencia. A ver, dale, fumá y yo te observo.
EMILIA: (Sosteniendo el cigarrillo entre sus finos dedos). ¿Cómo? ¿De alguna manera en especial?
ESTELA: No, como te salga, fumá normalmente, como lo harías en tu casa. Como si estuvieras sola.
EMILIA: (Lo prende, fuma una calada suave). ¿Así está bien?
ESTELA: Sí, así. Pero ahora en silencio. (Emilia fuma, Estela la mira fumar por un tiempo. Emilia sonríe y fuma, ahora cierra los ojos un momento y se toma la frente suavemente). ¿Estás bien mi vida?
EMILIA: Sí, sí, estoy bien, me parece que estoy mareada.
ESTELA: No habrás comido nada vos. Quedate acá un ratito y terminate la bebida. Yo no tengo problema, ya somos amigas nosotras, no me vas a robar nada ¿no? (Se ríe un poco, va saliendo). Yo voy a ver si llegó este tonto, así me compra los puchos. Quedate querida, mi amor… ¿Cómo era tu nombre?
EMILIA: Emília.
ESTELA: Emília, mi amor, descansá un poco. Hoy nos espera un largo día.
EMILIA: Yo quería que usted…
ESTELA: (Deteniendo su salida). ¿Cómo?
EMILIA: Es que sólo estoy un poco nerviosa. Ya se me pasa, me pasa siempre que estoy nerviosa.
ESTELA: Y ¿por qué estás nerviosa?
EMILIA: Usted…
ESTELA: ¿Por mí?
EMILIA: No, no por usted. Bueno, sí, pero en el buen sentido. No es que usted me ponga mal, es simplemente que la admiro mucho, la conozco de tantos años.
ESTELA: Bueno, no serán tantos.
EMILIA: Siempre la ví y siempre la admiré, desde chiquita.
ESTELA: Dejá de hacer eso.
EMILIA: ¿Cómo?
ESTELA: Dejá de remarcar así que soy un vieja.
EMILIA: No, no quise hacer eso.
ESTELA: Siempre con el usted usted usted. Siempre con ese respeto por delante. Siempre remarcando que cuando vos eras chica me veías en todos lados. Sí, hace rato que estoy en esto. Sí, tengo un buen par de años más que vos. Pero no hace falta que lo remarques tanto así y todo el tiempo.
EMILIA: No era…
ESTELA: Mi intención. ¡¿Cómo no va a ser tu intención?! Conozco muy bien a las de tu calaña.
EMILIA: ¿Calaña?
ESTELA: Metiéndose entre las patas de las que ya tenemos un recorrido, ¿para qué? Para reemplazarlas. Para serruchar el piso, para suplantar. ¿Sabés lo que hacíamos nosotras? ¿Sabés lo que hice yo para llegar acá? TRA-BA-JAR. Y nada más que eso. Claro, porque tenés treinta años y una figurita impecable, creés que ya podés reemplazar a la vieja, pero no, les falta talento a ustedes.
EMILIA: Señora, le juro…
ESTELA: ¡Cortala con el señora!
EMILIA: Estela.
ESTELA: ¿Qué?
EMILIA: Yo no quiero hacer nada de lo que usted me acusa, yo no estoy acá para reemplazar a nadie.
ESTELA: ¡Pero por favor!
EMILIA: Usted me invitó a su camarín porque quería que le dé cigarrillos.
ESTELA: Ahí está.
EMILIA: ¿Qué?
ESTELA: Yo sabía, sabía que me los ibas a echar en cara.
EMILIA: No…
ESTELA: Dejá, querida, dejá.
EMILIA: Yo quiero aprender, yo quiero que usted me enseñe cosas.
ESTELA: Fumás como un sapo.
EMILIA: ¿Qué?
ESTELA: Como un sapo. ¿Viste alguna vez a un sapo fumar?
EMILIA: ¿A un sapo?
ESTELA: Sí, nena, a un sapo.
EMILIA: La verdad que no.
ESTELA: Bueno, los sapos fuman y vos, parecés uno cuando fumás.
EMILIA: ¿Por qué me ofende de esa forma?
ESTELA: Porque se me canta, porque tengo el derecho.
EMILIA: Usted no tiene derecho a nada.
ESTELA: ¿A nada?
EMILIA: No, a nada, no puede tratarme así.
ESTELA: Te trato como se me da la gana, porque soy Estela Vargas.
EMILIA: Me voy, (dejando el atado de cigarrillos arriba de la mesa) quédese con los cigarrillos que quiera.
ESTELA: No te vas una mierda.
EMILIA: ¿Qué?
ESTELA: No te vas una mierda, dije. (Saca un revólver, apunta a Emilia).
EMILIA: Tranquila.
ESTELA: A claro, mirá cómo bajás los humos enseguida. La única forma que tienen ustedes de aprender es con rigor. Claro, enseguida se bajan de las estrellas y comienzan a entender que las cosas no son como sus caprichos dictan. Claro, ahora que tengo una arma en la mano se me respeta, pero hace un ratito, nada más, me estabas tratando como una vieja decrépita que había que reemplazar a la fuerza.
EMILIA: Tranquila, Estela.
ESTELA: Hasta me llamás por mi nombre. ¿A dónde quedó el usted y el señora? No puede ser, no puede ser que la única forma de entender las cosas sea cuando tu vida corre peligro.
EMILIA: Eso no es de verdad.
ESTELA: ¿Qué cosa?
EMILIA: El… arma.
ESTELLA: ¿A no? Mirá. (Dispara. Hace estallar el florero. El agua y las flores explotan en miles de colores. La imagen es espectacular, pero Emilia grita y se tapa la cabeza). Viste, es de verdad. Ese florero, también es un regalo. Todo lo que está acá adentro es un regalo y la mayoría me parecen horribles. Hacer rato que le quería pegar un tiro a ese florero.
EMILIA: ¡Ayuda!
ESTELA: ¡Callate o te vuelo a vos también ese florero que tenés por cabeza! (Se ríe). ¿Te imaginás? ¡Que risa! (Pausa). Una cosa, para que te quedes quieta. Este teatro tiene muchos años de antigüedad, muchos, muchos más que yo. Paredes anchas, de más de cuarenta centímetros, una acústica impecable, Pavarotti no quiso cantar acá, justamente por eso. En este teatro, se notaban todas las imperfecciones de su voz. La perfección de su acústica, le ganaba la pulseada a la imperfección de la voz del gordo ese, italiano. Lo que quiero decir, es que lo pase acá adentro, no se escucha en el escenario, ni siquiera un tiro. Y en este momento, están todos ahí.
EMILIA: ¿Y qué vas a hacer con el cadáver?
ESTELA: ¿Qué?
EMILIA: Sí, está bien, me matás. ¿Y después? ¿Cómo te deshacés del cadáver?
ESTELA: Marcelo. Sí, el mismo que me compra los puchos, se deshace de los muertos. ¿Qué pensás? ¿Que vas a ser la única? ¿Hasta en eso te pensás especial? No sos especial, sólo tenés menos de treinta años. Pero ese talento, el de ser joven, tiene fecha de vencimiento. Por ahí hasta te hago un favor, dicen que es mejor morir joven que llegar a viejo. ¿Cuántos años me dijiste que tenías?
EMILIA: Veintiséis.
ESTELA: Ay, qué lástima. Te falta uno para ser parte del club. No tenés suerte, nena. (Le apunta una vez más, va a disparar, lo intuimos. Emilia, mira a Estela a los ojos, no se le mueve un sólo músculo). ¿No rezás? ¿No vas a llorar, al menos? ¿Vas a morir así, estoicamente? Parada, sin suplicar de rodillas. Muy bien, Emília. Muy bien. (Baja el arma). Podemos decir que pasaste la prueba.
EMILIA: (Respira). ¿La qué?
ESTELA: Esto, todo esto. No te iba a matar querida, no soy una asesina, por favor. Soy una actriz. Soy una gaviota, ¡no! Soy una actriz. (Ríe). ¿Entendés la referencia? ¿Ahora llorás? ¿Recién no llorabas y ahora sí? Qué raro.
EMILIA: (Respira mucho más). Estaba tan… nerviosa… tan…
ESTELA: No, no estabas nerviosa, estabas perfecta. ¿No querías aprender a actuar? ¿No querías aprender de mí? ¿Chuparme la poca sangre que me queda como una Drácula del talento? ¿Sabés lo que es un talento? ¿Entendés esa referencia? Es un poco más difícil. Bueno, ya está. Lo que hiciste acá, lo repetís arriba del escenario. Listo. (Guarda la pistola entre sus ropas).
EMILIA: Pero el tiro, el ruido… ¿Estaban… ¿Todos lo sabían a esto? Es una locura… ¿Todos… todos sabían de esto... eran...?
ESTELA: Ah no, no, no. Esto es cosa mía. Un regalo de mí, para vos. El tiro no se escucha, lo del teatro es verdad. Una joya de la arquitectura. Lo de Pavarotti también, el gordo nunca quiso cantar acá. Bueno, no se si tanto, eso dicen algunos técnicos. ¿Pero viste cómo son los técnicos? Hablan y hablan y hablan, a veces no les creo nada. Eso te lo puedo asegurar, no se escuchó, ni el tiro, ni tu grito de ayuda. (Pausa). Mi amor, perdón por el mal trago… Por los dos malos tragos, el licor ese que tomaste ya cuenta como el primero. Pero tenía que saber que podía contar con vos, que tenías talento de verdad y me lo demostraste, sos un témpano de hielo… igual que yo.
EMILIA: Pero… el arma. ¿Por qué tiene un arma?
ESTELA: Tenés.
EMILIA: ¿Qué?
ESTELA: Que no vuelvas, otra vez, a tratarme de usted. ¿Porqué tengo un arma?
EMILIA: Sí.
ESTELA: Sí, claro, creo que te lo tengo que decir. Ahora sos, de alguna manera, mi cómplice.
EMILIA: ¿Tu cómplice?
ESTELA: Sí, claro. Bueno, es una tontería. Esta prueba… era para ver si… Para ver si tenías las agallas. No solamente como actriz, que ya demostraste tener lo que hace falta, aunque tendríamos que ver lo del cigarrillo. No sos un sapo, no. Pero te falta algo.
EMILIA: ¿Cómplice de qué?
ESTELA: ¿Sos celosa?
EMILIA: Perdón.
ESTELA: Yo no soy celosa, nunca fui celosa. Siempre, toda mi vida tuve tanta confianza en mí misma. Creo que ser celosa se trata de eso ¿no? Falta de confianza en una misma. Yo nunca fui así, en realidad siempre fui “víctima” de los celos. Imaginate, todos los regalos, las cartas, las propuestas que me hacían. Todas mis parejas fueron de celarme por eso. Tampoco fui una persona infiel, alguna que otra vez se me habrá escapado una “canita”… como dicen. Pero nunca me consideré una persona infiel y sabés por qué. Porque amaba.
EMILIA: ¿Podés ir al grano?
ESTELA: No, no puedo ir al grano. Estamos a punto de cometer un asesinato y vos me pedís que vaya al grano.
EMILIA: ¿Estamos?
ESTELA: Sí, querida. Para eso fue la prueba… Bueno, para ser buena actriz, también. Considera esa parte como un regalo. Pero lo más importante es que tenés esa frialdad, esa frialdad tan parecida a la mía.
EMILIA: Yo no voy a matar a nadie.
ESTELA: Entonces te tengo que matar a vos, ya sabés mucho.
EMILIA: No, yo no sé nada.
ESTELA: Es que no me dejás que te explique. En realidad no vas a matar a nadie. Sólo me tenés que ayudar a hacer algunas cosas.
EMILIA: ¿Qué cosas? (Respirando mucho, otra vez). Por favor, Estela, en realidad ya no sé si estás hablando en serio.
ESTELA: ¿Sos celosa?
EMILIA: Qué se yo.
ESTELA: ¿Cómo no vas a saber? ¿Sos o no sos celosa?
EMILIA: Sí, sí, lo soy.
ESTELA: Qué lástima, tendrías que tener seguridad en vos misma. Pero bueno, para el caso me viene bien, porque yo también. Hace poco que lo descubrí, me descubrí siendo celosa, cosa que no había sido en toda una puta vida. ¿Conocés a Miguel Ángel?
EMILIA: El director de la obra.
ESTELA: Exáctamente.
EMILIA: Y tu marido.
ESTELA: Tercer marido.
EMILIA: Sí, Miguel Ángel.
ESTELA: Me está cagando.
EMILIA: ¿Qué?
ESTELA: Con una pendeja. Una pendeja, más chica que vos incluso. Creo que tiene veintidós, una nena. Una putita. Y a ese viejo de mierda, parece que le calientan las putitas. Y acá estoy yo, celosa por primera vez en mi vida. Por eso lo odio. No porque me haya sido infiel, sino porque despertó en mí, este extraño y absurdo sentimiento de desconfianza. Porque por primera vez en mi vida dudo, dudo de mí misma. Porque me hizo sentir vieja, descartable, reemplazable. Y por eso, lo voy a matar.
EMILIA: ¿Y que tengo que ver yo en todo esto?
ESTELA: Claro, eso… Sos… la carnada.
EMILIA: ¿La carnada?
ESTELA: Es que no lo puedo demostrar. Sé que me engaña, pero no lo puedo demostrar. Entonces necesito a otra pendeja, perdón por el título que te adjudico, pero sos una pendeja… que lo seduzca, lo traiga hasta este camarín, para poder encontrarlo con las manos en la masa o, mejor dicho, en el culo, tu culo y… volarle la cabeza de un tiro. Ese es mi plan.
EMILIA: ¿Y si digo que no?
ESTELA: ¿Te conté lo de la acústica de este teatro?
EMILIA: Ya no te tengo miedo, Estela. En realidad nunca te tuve miedo. Gracias por hacermelo saber. Gracias por darme esa… lección. No te tengo miedo, ni a vos, ni a nadie. No lo sabía, por eso te agradezco. (Pausa). Pero, te voy a ayudar.
ESTELA: ¿Ah sí?
EMILIA: Sí.
ESTELA: ¿Puedo preguntar porqué?
EMILIA: Porque me encantan las emociones fuertes. Eso también te lo debo Estela, fuiste una gran maestra y ¿en cuánto? En diez minutos, me enseñaste la razón por la cual soy actriz. Porque quiero vivir emociones, fuertes, reales. Porque matar a alguien debería estar entre las cosas esas que una tiene que hacer antes de morir. Esas cosas que dicen por ahí, como tener un libro, poner un huevo, cultivar el árbol y qué sé yo qué más. VIVIR LA MUERTE, suicidarse, matar... incluso morir. Deberían incluirse esas cosas en los folletos de autoayuda. (Pausa). ¡Guau!… ¿Qué mierda tenía ese licor? Me siento como… Drogada. (Agarra a Estela). Matémoslo… Pero no quiero ser sólo la carnada, quiero apretar el gatillo.
ESTELA: El gatillo lo aprieto yo.
EMILIA: Juntas. Estela. Somos… almas gemelas. Dame al arma, quiero… sentirla. Es una aparato diseñado pura y exclusivamente para matar, es… fascinante. Qué diferencia con el cuchillo, con el cuchillo uno puede matar pero también puede… cortar una zanahoria. ¿Entendés esa referencia? Es un poco más compleja, no teatral. Ese revolver es… un vínculo. Es… sagrado. Prestámela un ratito, Estela. (Estela duda un segundo, pero es tan intenso el estado de Emilia, que no puede decirle que no. Le entrega el arma lentamente y Emilia, lentamente la toma y la observa). Me encanta, es hermosa. Como yo. Como vos. Todo es tan hermoso. Estoy tan… excitada.
ESTELA: ¿En qué sentido?
EMILIA: En el único sentido que tiene peso esa palabra, en el sentido sexual. Estoy caliente, quiero hacer el amor. (Pausa, se toma el pecho, fuertemente). Ay, por favor, ¿qué tengo? ¿Qué me diste? ¿Qué tenía ese licor? (Piensa). No, no es el licor, soy yo. SOY YO. (Vuelve a agarrar a Estela). Dame un beso, Estela.
ESTELA: Perdón, pero no sos mi tipo.
EMILIA: ¿Qué tipo? ¿Quién está hablando de tipos? ¿Quién necesita un tipo? Somos vos y yo, Estela. Y estamos a punto de matar a un hombre. (Piensa nuevamente, mirando a un costado, pasan unos segundo y vuelve a mirar a Estela). ¿Y después?
ESTELA: ¿Cómo?
EMILIA: Sí, eso, ¿qué vamos a hacer después?
ESTELA: ¿Después de qué?
EMILIA: (La suelta). ¡Ay! ¿No pensaste realmente en que Marcelo se deshaga del cadáver, no?
ESTELA: No, no… NO.
EMILIA: Okey. Eso está bien, no podemos meter a nadie más en este secreto. Hay… hay muchos cabos sueltos en tu plan. Hay que estar más frías, más pensantes. ¿Por eso me buscaste a mí no? Alguien que pueda pensar de una manera más… Fría. (Pausa, piensa). Primero, siempre es a la pareja a quien buscan, siempre le preguntan cosas, no podés estar nerviosa, no podés estar tranquila tampoco, eso da para sospechar. ¿Vos sabés cómo vas a estar cuando te pregunten cosas?
ESTELA: Soy actriz.
EMILIA: Pero se nota, se nota demasiado. Ponen a un especialista, te ponen trampas. ¿Alguien más sabe que vos tenés un revólver? (Se la ve pensar). Si eliminamos a un famoso, la cosa es mucho peor, va a salir en todos los medios, te van a hacer notas, vas a estar en todos lados hasta que alguna otra noticia, tape ésta. Vas a ser el punto de mira de todo un país, de todo el mundo, Estela. Podrás engañar a dos o tres, pero a todo un mundo… Hay muchos cabos sueltos en tu plan, no podemos hacerlo.
ESTELA: Me importa poco.
EMILIA: ¿De verdad? ¿Tan poco? ¿Tan poco te importa? ¿Cuántos años de carrera?
ESTELA: Cuarenta. Necesito otro trago. (Se sirve más whisky. Bebe. Se sirve otro. Piensa, con el vaso cerca de la boca). Lo matamos y después incendiamos el teatro. Que el fuego purifique. Sí, es eso. Una gran llamarada en donde todo se va convirtiendo en cenizas, en donde todo lo que pudimos haber sido se vaya yendo un poco a la mierda. Un fuego amarillo, gigante, sostenido. Un fuego largo y tendido, fino y alto. Y en medio de todo eso, Miguel Ángel, con un tiro en el pecho. El teatro más importante de latinoamérica, arde una noche cualquiera, la noche del primer ensayo de una obra nueva, bendiciendo con calor los caminos de dos actrices, que se hacen más grandes, eternas, vírgenes de todo lo que daña. Y, en medio de todo eso, un pelotudo, con un tiro en el pecho.
EMILIA: Encerrado en un camarín.
ESTELA: Con cara de entender lo que pasa.
EMILIA: Todo por celos. Carbonizado y negro, transformado en un moro y nosotras, inocentes Desdémonas. Libres, bellas y tristes, para las cámaras. Dándole vuelta la tortilla al mismísimo Shakespeare. ¿Entendes esa referencia? Para que nadie se olvide de nosotras, nunca más.

Pausa. Estoicas y bellas, miran el imaginario horizonte. En sus ojos, estará el fuego.

ESTELA: Es mucho.
EMILIA: Es un montón.
ESTELA: Un crimen perfecto que NO vamos a cometer.
EMILIA: Pero que podríamos haber hecho.
ESTELA: Sí. La verdad que estaba convencida. Pero un día como hoy... Lo dejamos para otro día. Tendríamos que ver cómo va saliendo la obra ¿no?
EMILIA: Quizás después de estreno.
ESTELA: ¡Claro! Después del estreno. ¿O después de la gira? ¿Fuiste gira alguna vez, querida?
EMILIA: No, la verdad que no.
ESTELA: Te va a encantar. Lo dejamos para después de la gira. Queda arreglado. ¿Dale?... Dame.
EMILIA: ¿Qué cosa?
ESTELA: El revólver, lo voy a esconder, lo guardo para cuando… Para después de la gira. Después del éxito, de las luces, de los aplausos. Te va encantar la gira. (Emilia le entrega el arma). Gracias.
EMILIA: No hay de qué.
ESTELA: (Esconde el arma y el whisky). Después te compro un atado. A penas venga este chico, que ya me parece que está demorando bastante.
EMILIA: (Ambas, van saliendo). Deberíamos almorzar juntas, alguno de estos días.
ESTELA: (Abre la puerta, deja pasar primero a Emilia). Claro, cuando quieras. (Ríe). Te lo dije, al final terminamos siendo amigas.

Han salido. El camarín quedó CASI igual que al principio.

FIN

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