PERSONAJES
MARÍA
NÉSTOR
GUSTAVO
LAURA
Luz. Una mujer desnuda. Se llama María y está sobre la cama. Bajo la luz, habla.
MARÍA: Qué inútil que se vuelve uno cuando no ve. Nos acostumbramos demasiado a contar con la vista. Es nuestro sentido favorito. Nosotros, somos los hijos del sentido de la vista. Es el último sentido que nos gustaría perder. Si hacemos una encuesta y preguntamos… Hacer encuestas es algo que me gusta mucho. Preguntamos: “¿Cuál de los cinco sentidos perderías?”. Y hay que elegir uno por más que nos cueste. Nadie, nadie diría la vista. Más del noventa por ciento diría el tacto, así sin pensar, a ese lo eligen enseguida. Cuando es tan importante. ¿Sabías que sin tacto tendríamos más chances de morir? Porque sin tacto no hay dolor, y sin dolor, no sacaríamos las manos de encima del fuego, por ejemplo. Nos quemaríamos y ni cuenta nos damos. Elegirían el oído, EL OÍDO, ¿te imaginás un mundo sin música? No. El olfato, el gusto… ¿Cómo disfrutaríamos una buena comida sin esos dos? Te digo una cosa, la vista está sobrevalorada y es culpa nuestra, es culpa de este mundo en el que vivimos, donde sólo importa lo que se vé; la computadora, el celular, la televisión y el internet, todo depende de la vista. La obsesión con el cuerpo, los modelos a seguir, son modelos de revista… que sé yo. ¿Estás de acuerdo, Néstor?... ¿Néstor?... Néstor, ¿dónde te metiste?
Apagón.
No se ve nada.
NÉSTOR: ¡Uy! Se cortó la luz.
MARÍA: No me digas.
NÉSTOR: Bueno, ¿no se puede hacer un comentario al menos?
MARÍA: ¿Hay velas?
NÉSTOR: No, seguro que no..
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: Y no.
MARÍA: ¿Por qué no?
NÉSTOR: Porque estamos en siglo 21.
MARÍA: ¿Y qué se hace en el siglo 21 cuando se corta la luz?
NÉSTOR: Se prende el celular.
MARÍA: Bueno, mirá que interesante. ¿Lo vas a prender entonces?
NÉSTOR: No lo encuentro. ¿Vos no ves el tuyo?
MARÍA: No se ve nada, Néstor.
NÉSTOR: Digo, si no lo encontrás.
MARÍA: No, creo que lo dejé lejos. (Se escucha un ruido, algo que se cae). ¿Qué pasó?
NÉSTOR: No sé, creo que tumbé algo.
MARÍA: ¿Qué cosa?
NÉSTOR: Espero que no sea el celular, ahí sí que no lo encuentro más. (Otro ruido, otra cosa que se cae). Uy, la puta...
MARÍA: ¿Y ahora, qué tiraste?
NÉSTOR: No sé, María, no veo.
MARÍA: ¡Pero dejá de tirar cosas y agarrá una!
NÉSTOR: No veo, no-ve-o, ‘noveo’.
MARÍA: Yo-tam-poco.
NÉSTOR: Acá está… No, ¿ésto que es? Ah, me parece que la billetera.
MARÍA: A ver, dejame a mí.
NÉSTOR: ¡Ay, pará!
MARÍA: ¿Qué pasa?
NÉSTOR: ¡Cuidado, que me hacés mal!
MARÍA: Correte.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Para allá.
NÉSTOR: ¿Dónde es allá?
MARÍA: Allá, es allá.
NÉSTOR: No se ve nada.
MARÍA: Mirá: justamente “allá”, sería el lugar contrario al que estás.
NÉSTOR: ¿Contrario al que me estoy moviendo?
MARÍA: No sé para dónde te estás moviendo, Néstor.
NÉSTOR: ¡¿Ves?!
MARÍA: ¿Qué?... No. No veo, Néstor. No veo un pomo.
NÉSTOR: ¡Ahia! ¡Pará!
MARÍA: Acá está… No, esto es la billetera. ¿Por qué no descartás las cosas que vas encontrando?
NÉSTOR: Para mí que lo tiré, a ver…
MARÍA: ¡Néstor, me pisaste!
NÉSTOR: ¿Qué hacés ahí abajo?
MARÍA: Busco el celular.
NÉSTOR: ¿Y?
MARÍA: Nada.
NÉSTOR: ¿Nada?
MARÍA: No… ¿Qué es esto?... Ay, qué asco. ¿Qué es?
NÉSTOR: Qué sé yo. ¿Qué es?
MARÍA: No sé, no veo.
NÉSTOR: Bueno, ya sé. Pero, ¿cómo es?
MARÍA: No sé, parece como un moco.
NÉSTOR: ¿Cómo como un moco? Dejalo, no lo toques.
MARÍA: (...)
NÉSTOR: No lo toques, María.
MARÍA: No lo estoy tocando.
NÉSTOR: María...
MARÍA: (...)
NÉSTOR: ¡Dejá de tocar eso, María!
MARÍA: Ay, Néstor, ahora sos adivino.
NÉSTOR: Acá está.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Ay no, otra vez la billetera.
MARÍA: Por dios.
NÉSTOR: ¿Dónde estás?
MARÍA: Acá.
NÉSTOR: ¿Dónde es acá?
MARÍA: (...)
NÉSTOR: María…
MARÍA: (...)
NÉSTOR: María, ¿me podés contestar?
Tiempo.
NÉSTOR: María, ¿qué haces?
MARÍA: Estaba pensado. Pensé en lo inútil que se vuelve uno cuando no ve… Néstor… Si tendrías que perder un sentido… ¿Cuál elegís?
NÉSTOR: En serio me estás preguntando esto ahora…
MARÍA: Te aseguro de que sí hacemos una encuesta y preguntamos: “¿Cuál de los cinco sentidos perderías?”. Nadie, nadie diría la vista. Más del noventa por ciento diría el tacto, así sin pensar, a ese lo eligen enseguida. ¿Sabías que sin tacto tendríamos más chances de morir? Sin tacto no hay dolor, y sin dolor, nos quemaríamos sin darnos cuenta. Sí, te lo estoy preguntando ahora, sabés que me encanta hacer encuestas. Tenés que elegir un sentido, un sentido para perder, ... ¿Néstor?... Néstor, ¿dónde te metiste?
Tiempo.
MARÍA: Néstor, no es gracioso. ¿Dónde estás? (Ruido). Ay, la puta madre, me golpeé. Néstor, no te hagas el boludo ¿querés? No me hace ninguna gracia el chiste.
GUSTAVO: Hola.
MARÍA: Ay, la puta que te parió. ¿Quién sos?
GUSTAVO: Hola, soy Gustavo.
MARÍA: ¿Y quién mierda es Gustavo? ¿Dónde está Néstor?
GUSTAVO: Soy el encargado. Su… Su marido… Seguramente saltó la térmica. Voy a ver si lo puedo solucionar.
MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: ¿Cómo?
MARÍA: No, no ponga la luz que estoy desnuda.
GUSTAVO: Ah, disculpe, ¿no se puede tapar con algo?
MARÍA: A ver… espere ¿sí?...
GUSTAVO: Sí, tranquila.
MARÍA: Un segundo, que acá no se ve nada. Sí… Ok… Ya está, puede prender.
GUSTAVO: A ver… (Un ruido) Perdón… (Otro ruido) Perdón, perdón… (Otro más) Uy, bue’... Perdón eh, sin querer todo… Acá está, a ver… Sí, sí... ¿Prendo?
MARÍA: Sí.
Luz. Néstor está vestido con un enterito marrón oscuro, pero descalzo. Bajo la luz, habla.
NÉSTOR: El tipo me apuntó con una escopeta, se me inyectaron los ojos con sangre, te lo juro, me puse blanco. No sé qué le dije, pero le expliqué todo. Las palabras y los gestos salían mecánicamente, no me trabé ni un segundo, era una máquina… ¿Viste lo que dicen? ¿Que al borde de la muerte te pasa, en un segundo, toda tu vida por delante?… ¿Todo tu pasado? Bueno, no es así , es todo lo contrario. Al borde de la muerte, lo único que se te pasa por delante es tu futuro. Yo me veía tirado, en pelotas y en el medio del campo, con un escopetazo en el pecho… María… ¿Por qué te cambias abajo de las sábanas?
Luz total. Interior de una cabaña. El piso es un desastre, la cama también. Hay muchas cosas tiradas. María, desnuda, se tapa con una revista y una almohada. Gustavo se queda mirándola por un rato.
GUSTAVO: Bueno, era la térmica no más. ¿Ustedes tenían prendida la estufa?
MARÍA: Sí.
GUSTAVO: Claro, debe ser eso, siempre pasa lo mismo. Lo que pasa es que las cabañas estas son bastante viejas y las instalaciones son antiguas. No se la bancan mucho… La estufa esa consume que da calambre. Va a tener que taparse.
MARÍA: Es que es lo único que encontré.
GUSTAVO: No, taparse con frazada, digo. Porque la estufa no la van a poder prender.
MARÍA: Ah, claro. Bueno, muchas gracias.
Ingresa Néstor, está vestido con un enterito marrón oscuro, igual al de Gustavo, pero descalzo.
GUSTAVO: ¿Le quedó bien el enterito?
NÉSTOR: Sí, gracias. Un poco grande nomás, pero para safar, anda bien.
GUSTAVO: (A María) Me apareció en pelotas, ahí en la oficina, me pegué un julepe bárbaro.
MARÍA: Ah…
NÉSTOR: Bueno esteee…
GUSTAVO: Gustavo.
NÉSTOR: Gustavo, muchas gracias por todo.
GUSTAVO: Le decía recién a su señora que seguro fue la estufa, la instalación eléctrica de acá es vieja, no aguanta mucha corriente, van a tener que dormir con dos o tres frazadas. ¿Tienen, no?
NÉSTOR: Sí, seguro.
GUSTAVO: Sino cualquier cosa me avisa, yo tengo un par más para darle.
NÉSTOR: Bueno, no se haga problema, ya vemos cómo lo solucionamos.
GUSTAVO: No me va a prender la estufa ¿eh?
NÉSTOR: No, no, seguro.
GUSTAVO: Ah, se la voy a desenchufar.
Gustavo se dirige hacia donde está la estufa, para eso debe pasar cerca de María, que gira junto al paso de Gustavo, para quedar siempre de frente. Él la mira, le sonríe. Desenchufa la estufa y emprende el viaje de vuelta a su sitio. La secuencia se repite, pero a la inversa. María, también sonríe, pero está muy avergonzada.
GUSTAVO: Ahora vengo y le acomodo un poco acá las cosas. Sino se van a cortar si andan descalzos.
MARÍA: No, no se haga problema.
GUSTAVO: No, si no es problema, ahora mismo traigo una escoba.
NÉSTOR: No, déjelo así Gustavo, si nosotros nos metemos a la cama y listo, mañana se acomodo todo.
GUSTAVO: No, mire si se quiere levantar a tomar agua y se corta una pata, no. Mejor ahora vengo y le barro un poco.
NÉSTOR: Bueno, bueno.
MARÍA: ¿Bueno?
Néstor le hace un gesto a María, como diciendo: “Qué le vamos a hacer”, abre las manos y levanta las cejas.
GUSTAVO: Ahora vengo. (Sale un poco y se detiene). Ah, ¿tiene su ropa?
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: No, que si se quiere poner su ropa, así no hago dos viajes. Ya me lo llevo y lo guardo y le traigo la escoba.
NÉSTOR: Esteee… Mejor traiga la escoba y cuando vuelva le doy el enterito.
GUSTAVO: Es que es para no hacer tantos viajes, ida y vuelta, ida y vuelta.
NÉSTOR: Es que son la misma cantidad de viajes.
GUSTAVO: ¿Cómo?
NÉSTOR: Que son la misma cantidad de viajes, usted tiene que volver a venir y volver a irse.
GUSTAVO: No. No...
MARÍA: Querido, no lo contradigas al señor y dale el enterito, así va buscar la escoba y terminamos con esto.
NÉSTOR: Pero es que son la misma cantidad de viajes…
MARÍA: Amor…
NÉSTOR: Okey.
Néstor se acerca a la cama y busca su ropa. Se saca la parte de arriba del enterito y se coloca su remera, al bajar la parte baja, trata de que la remera le tape el pito. Lo logra a medias. Ya tiene el pantalón listo. se lo pone, pero sigue descalzo. María, mientras tanto, oscila entre la mirada con sonrisa a Gustavo, y la mirada inquieta hacia Néstor. Al terminar, Néstor le acerca la prenda al encargado.
NÉSTOR: Acá está, gracias.
GUSTAVO: No hay de qué. Para lo que necesite. Ya vengo. (Sale).
Néstor y María, se quedan mirando.
NÉSTOR: El tipo me apuntó con una escopeta. No sé que le dije, pero le expliqué todo… una máquina… ¿No te vas a cambiar vos?
MARÍA: No, me voy a quedar así, me encanta. (Se mete adentro de la cama).
NÉSTOR: ¿Viste que dicen que al borde de la muerte te pasa toda tu vida…
MARÍA: ¿Me podés pasar mi ropa?
NÉSTOR: (Pensando). Sí… (Alcanzándole la ropa). Me veía ahí… tirado, en pelotas y en el medio del campo, con un escopetazo en el pecho… María… ¿Por qué te cambias abajo de las sábanas?
MARÍA: Porque va a venir el boludo este a barrer y no quiero que me vea en bolas, otra vez.
NÉSTOR: ¿Te vió en bolas?
MARÍA: Me vió así, como vos me viste…
NÉSTOR: ¿Qué te vió?
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Eso. ¿Qué es lo que te vió?
MARÍA: Nada, Néstor. ¿Qué te pasa, ahora? .
NÉSTOR: Nada. Nada. Pienso.
MARÍA: Bueno, pensá mejor.
NÉSTOR: ¿Pensá mejor?
Luz. Se recortan las figuras de María y Néstor. Bajo la luz, hablan.
MARÍA: Mi papá era de Central. De chiquita me llevaba con él a la cancha, no sé si él hubiese querido tener un hijo varón que lo acompañara, nunca lo supe y nunca se lo pregunté. Pero yo sentí, en mi interior, la responsabilidad de serlo. Sabía, desde que era muy chiquita, que tenía la responsabilidad de darle a mi papá, ese hijo varón que no tuvo. Me vestía yo sola, con todo el conjunto de Central. Para navidad pedí una pelota y una medias. Las medias me gustaban, eran de un azul hermoso. Cuando él, me llevaba sobre los hombros y entrábamos a la cancha, yo era feliz, porque él lo era. Porque en la sonrisa de mi papá y en los ojos de mi papá, yo veía la mía, veía mi tarea cumplida. Después crecí, mi papá veía los partidos por televisión y yo ya no le cabía sobre los hombros. Él también creció. Así que si tengo que SER de alguno, sería de Central.
NÉSTOR: Creo que la primera decepción que mi viejo se llevó conmigo, fue cuando se dió cuenta de que no servía para jugar al fútbol. Intenté suplantar la falta de talento con la pelota, por la pasión a los colores. Me duró hasta la adolescencia. Una vez me retó por bostezar durante un partido. Es casi la misma historia que contó ella, pero con un chico que tampoco puede SER VARÓN y una camiseta de Newell´s.
Luz total. Gustavo con la escoba.
GUSTAVO: Permiso, llegó el barrendero. (Mira a María en la cama) ¿Le dió frío?
MARÍA: ¿Cómo? Ah, no, no, me estoy cambiando.
GUSTAVO: (Mientras barre). ¿De dónde son?
NÉSTOR: De Rosario.
GUSTAVO: Ah, mirá, como Messi.
NÉSTOR: Claro. Y como el Negro Fontanarrosa.
GUSTAVO: ¿Quién?
NÉSTOR: El Negro Fontanarrosa.
GUSTAVO: (...)
NÉSTOR: El del Inodoro Pereyra.
GUSTAVO: ¡Ah! Sí. (Barre) Lindo Rosario
NÉSTOR: Sí, muy lindo.
GUSTAVO: Mucho quilombo ¿no?
NÉSTOR: Sí.
GUSTAVO: Y se vinieron a descansar unos días, está bien. Claro, acá es bien tranquilo, no pasa nada acá, no pasa nada.
MARÍA: Claro.
GUSTAVO: Yo soy de acá.
MARÍA: (Que terminó de cambiarse, sale de la cama). ¿No quiere dejarnos la escoba y barremos nosotros?
GUSTAVO: No, no se haga problema, que yo termino en un segundo. ¿Hincha de?
NÉSTOR: ¿Qué? Ah… de Newell´s.
GUSTAVO: ¿Y usted también señora?
MARÍA: No, a mí no me importa el futbol.
GUSTAVO: Pero será de ‘Ñul’ ¿no?
MARÍA: No. Mi papá era de Central. Así que si tengo que SER de alguno, sería de Central.
GUSTAVO: ¡Fa! Que quilombo. Se deben pelear mucho.
MARÍA: No, es que yo no le doy bola. Bueno, él tampoco le da bola
NÉSTOR: No, la verdad que no. Es como dijo ella, pero al revés.
GUSTAVO: ¿Y hace mucho que están casados?
Silencio. Caras.
GUSTAVO: Ah. ¿No están casados entonces?
MARÍA: Él, sí.
Néstor mira a María, con una cara dice: “¿Por qué?” o “¿Para qué?”. Gustavo asiente y sigue barriendo, la conversación acaba de entrar en terreno pantanoso.
GUSTAVO: Y bueno, es así… Yo… Un par de veces… Yo también estoy casado.
MARÍA: ¿Un par de veces?
GUSTAVO: No, no, sólo una vez me casé.
MARÍA: (...)
GUSTAVO: Digo que… Un par de veces… Yo… Un par de veces… también la engañé a mi mujer.
NÉSTOR: Ah.
GUSTAVO: Uno… A uno no le… No es que uno quiera… engañar. Pero… a veces…
NÉSTOR: Y sí, que se le va a hacer.
GUSTAVO: ¿Y usted? ¿Está acá?
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: ¿O está trabajando en Rosario?
NÉSTOR: No entiendo.
GUSTAVO: Si lo buscan digo… Es bueno saber qué es lo que tengo que decir. Mire, una vez, acá mismo, había una parejita. Eran de acá nomás, chicos jóvenes. Bueno, parece que la chica tenía novio. El tipo la buscó y la buscó y la buscó, entonces llegó hasta acá. Me encaró a mi, ¡una cara de loco! Me preguntó por una chica así y asá. Yo le indiqué, le dije que podía ser la chica de la cabaña aquella, que sé yo. Nunca pensé nada raro. Bueno, resumiendo, que el tipo entra y se le tira encima y la empieza a cagar a piñas; y el otro, el tipo que había venido con ella, nada, parado, sin hacer nada mientras la fajaban a la chica. Un quilombo, me metí yo a sacarlo, vino la policía, salió en el diario, de todo. Resulta que el jefe, que es bicho, me dice: “Vos la próxima, chito la boca, no sabes nada, no viste a nadie, no sabes na-da”. Eso hago yo ahora, siempre. Pero como con usted ya entramos en confianza… Digo, si alguien lo viene a buscar, ¿qué digo?
NÉSTOR: (Sonriendo). Mientras no sea mi mujer, dígale que estoy acá.
GUSTAVO: (...)
MARÍA: Es una broma, Gustavo, es muy chistoso Néstor.
GUSTAVO: Ah… (Fuerza una sonrisa). Bueno, quedó bastante mejor. ¿No?
MARÍA: Sí, muchas gracias.
NÉSTOR: Genial. ¿Le debo algo?
GUSTAVO: Nooo… Después me deja un quinientos, cuando se vayan, no hay apuro, no se haga problema. ¿Cuándo se van?
MARÍA: Mañana.
GUSTAVO: ¿Ya? Poquito se quedan.
NÉSTOR: Y… sí.
GUSTAVO: Bueno, los dejo. (Empieza a salir. Se detiene en la puerta). Tenía razón che, Néstor.
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: En la cantidad de viajes.
NÉSTOR: ¿La cantidad de viajes?
GUSTAVO: Sí. Recién pensé, que si ahora me llevaba el enterito y la escoba… Tenía razón, eran la misma cantidad de viajes.
NÉSTOR: Claro.
GUSTAVO: Bueno, que la pasen bien. No van prender la estufa.
MARÍA: No, no.
GUSTAVO: ¿Seguro no quieren que les traiga otra frazada?
NÉSTOR: No, vamos a estar bien así.
GUSTAVO: ¿Seguro? ¿Usted, señora, que es más friolenta?
MARÍA: No, gracias Gustavo. Yo estaba en la cama porque… No, de verdad, vamos a estar bien así.
GUSTAVO: Bue’... Nos vemos. Cualquier cosa que necesiten, yo estoy toda la noche…
NÉSTOR: Está bien, muchas gracias. (Acompañando a Gustavo hasta la puerta y cerrándola).
MARÍA: Chau. Suerte.
Es otro lugar o quizás el mismo, pero la luz es diferente.
GUSTAVO: Voy hasta la cabinita, dejo el enterito y agarro la escoba. Vuelvo, barro y me voy. Dos viajes. Voy hasta la cabinita, agarro la escoba. Vuelvo, barro, me devuelve el enterito y me voy. Dos viajes.
Luz total, la puerta está cerrada.
NÉSTOR: ¿Mañana?
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: ¿Cómo que nos vamos mañana?
MARÍA: Y sí… Ya fue.
NÉSTOR: ¿Ya fue?
MARÍA: Sí, con todo ésto. ¿A qué nos vamos a quedar, a charlar con el encargado?
NÉSTOR: Pero María…
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Tengo todo el fin de semana, que querés que invente.
MARÍA: Bueno, vos quedate, si querés.
NÉSTOR: ¿Vos quedate?... ¿Hace cuánto que estamos organizando este finde?
MARÍA: Bueno, mañana vemos. Me voy a dormir.
María se acuesta, vestida, dentro de la cama.
NÉSTOR: ¿Vestida?
MARÍA: Ahá.
NÉSTOR: ¿Se puede saber por qué estás enojada?
MARÍA: No, no estoy enojada.
NÉSTOR: María…
MARÍA: Néstor…
NÉSTOR: Dale mi amor, ya estamos acá, mañana nos vamos, está bien. Pero ¿no te sacás la ropa? Para dormir.
MARÍA: Para dormir.
NÉSTOR: Para dormir, claro.
María, debajo de las sábanas, se quita el pantalón. Se lo tira a Néstor, que sonríe un poco y se saca la remera, salta sobre la cama y comienza a besarla. La destapa un poco.
MARÍA: No, no, que hace frío. Vení, metete adentro.
NÉSTOR: (Metiéndose dentro de la cama). Mhm.
MARÍA: No, no. Tranquilo, en serio, agarré frío.
NÉSTOR: Y en seguida entramos en calor.
MARÍA: No, esperá.
NÉSTOR: Ok, ok, tapados.
Néstor se esconde junto con María bajo las sábanas. Hay mucho movimiento.
MARÍA: Esperá, no.
NÉSTOR: ¿No?
MARÍA: No.
NÉSTOR: No, no. Seguro.
MARÍA: Esperá un poco, Néstor.
NÉSTOR: ¿Qué, qué pasa?
MARÍA: ¿Podés ir más despacio?
NÉSTOR: Claro.
MARÍA: Correte un poco.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Para allá.
NÉSTOR: ¿Dónde es allá?
MARÍA: Dale, Néstor, no empecemos de nuevo.
NÉSTOR: ¿De nuevo con qué?
MARÍA: Con esto de no ver. Con lo de no entendernos.
NÉSTOR: ¿Se puede saber qué te pasa, Mili?
Se detiene el movimiento bajo las sábanas. La cabeza de María asciende.
MARÍA: ¿Qué?
Silencio.
MARÍA: ¿Cómo me llamaste, Néstor?
NÉSTOR: (Ascendiendo) Perdón.
MARÍA: ¿Quién es Mili?
Golpean la puerta.
NÉSTOR: ¿Quién es?
GUSTAVO: (Desde afuera). Soy yo señor, Gustavo, el encargado.
NÉSTOR: ¿Qué pasa?
GUSTAVO: (Siempre desde afuera). Nada importante, necesito hablar un segundo con ustedes. ¿Se puede pasar?
MARÍA: ¿Quién es Milagros, Néstor?
NÉSTOR: Esperá un segundo, Mili… ¡María!
MARÍA: Hijo de puta.
GUSTAVO: (Desde afuera) Es una cosita, nada más.
NÉSTOR: (Hacia afuera) ¡Ya va!
MARÍA: (Hacia afuera) Un segundo, Gustavo. (A Néstor) ¿Quién es Milagros?
NÉSTOR: Nadie.
MARÍA: ¿Nadie?
GUSTAVO: Si me permiten un segundo, no los quiero molestar.
MARÍA: (Hacia afuera) ¡Espere un segundo nada más Gustavo, estoy desnuda!
GUSTAVO: Bueno…
MARÍA: ¿Nadie?
NÉSTOR: Nadie.
MARÍA: Me dijiste Mili.
NÉSTOR: No.
MARÍA: Dos veces, Néstor.
NÉSTOR: No.
GUSTAVO: (Desde afuera). ¿Ya?
MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: Es que es un poco urgente.
MARÍA: ¡Estoy desnuda!
NÉSTOR: Le voy a abrir.
MARÍA: ¿Porque eso te salvaría, no Néstor?
NÉSTOR: Le abro, vemos que le pasa y después charlamos.
MARÍA: Decime quién es Milagros y le abrís.
NÉSTOR: Ya te dije que no es nadie.
GUSTAVO: ¿Ya se cambió señora?
Juntos: NÉSTOR: ¡Sí! / MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: (Siempre desde afuera) ¿Sí o no?
Juntos: NÉSTOR: ¡Sí! / MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: ¿Por qué no se ponen de acuerdo?
MARÍA: Si abrís, me voy.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Que si abrís, me voy.
GUSTAVO: Señora, cambiesé por favor.
NÉSTOR: Ya va.
María, miradas de amenaza. Néstor, miradas que buscan entendimiento. La acción está congelada, salvo por las miradas, son las únicas que dicen o hacen algo. Segundos que pasan.
GUSTAVO: No quiero entrar, pero por favor, es un poco… Voy a entrar.
MARÍA: Por favor, Gustavo, no entre.
GUSTAVO: Por favor, es que necesito…
MARÍA: Hablar con nosotros, ya lo dijo, ahora espere un segundo que ya le abrimos.
GUSTAVO: No quiero molestar…
MARÍA: Espere UN segundo. (A Néstor, que está más cerca de la puerta que hace un momento). Si abrís, me voy.
Néstor, tiene la mano sobre el picaporte.
MARÍA: Me voy, Néstor, te juro que me voy.
La mano de Néstor se desliza hacia abajo, muy lentamente, muy despacio, pero se mueve. María lo mira, la amenaza ha colmado la totalidad de su rostro.
MARÍA: Abrí, pero antes alcanzame el pantalón.
NÉSTOR: Por favor, María, ahora hablamos.
MARÍA: El pantalón, Néstor.
GUSTAVO: (Desde afuera) No puede demorar tanto en cambiarse…
MARÍA: Néstor, me pasás el pantalón, ahora.
Néstor, deja el picaporte y toma el pantalón del suelo, se lo alcanza a María, que se lo pone, rápido, nerviosa.
Gustavo abre la puerta, ingresa y la cierra detrás suyo. Néstor mira, hacia ambos extremos. María, que ya ha terminado de ponerse el pantalón, sale de la cama, calzándose como puede, se dirige hacia la puerta.
NÉSTOR: Yo no abrí.
MARÍA: Te podés ir un poco a la puta que te parió.
GUSTAVO: Epa… ¿Qué pasó?
NÉSTOR: Este…
MARÍA: Me voy.
GUSTAVO: (Interponiéndose). No.
MARÍA: ¿Cómo?
GUSTAVO: Es que… Es que tengo que hablar con ustedes.
MARÍA: Hable con el señor.
GUSTAVO: No, señora, no la puedo dejar ir.
MARÍA: ¿Qué dice?
NÉSTOR: ¿Qué pasó, Gustavo?
MARÍA: Néstor, ¿le decís que me deje pasar?
NÉSTOR: Un segundo, María, que el señor nos quiere decir algo.
GUSTAVO: Sí, es sólo una cosita.
MARÍA: ¡Néstor!
NÉSTOR: ¿Qué pasa, Gustavo?
MARÍA: Me están secuestrando.
GUSTAVO: Nooo.
NÉSTOR: Pero no, María.
MARÍA: Entonces, déjenme pasar.
GUSTAVO: Eh… No. No puedo.
NÉSTOR: ¿Qué pasa?
MARÍA: Gustavo, ¿me deja pasar? Me voy.
GUSTAVO: Yo… hablo un ratito con ustedes y después, si usted quiere… se va ¿sí?
MARÍA: (Cruzándose de brazos). ¿Qué pasa?
GUSTAVO: No… Este… Lo que dije… Lo que dije sobre mi mujer… Ustedes no… No, no, no, no tenían porqué saberlo.
MARÍA: ¿Que le fue infiel un PAR de veces? ¿Eso?
GUSTAVO: (Mirando hacia la puerta) Shhh. Sí, eso.
MARÍA: Bueno, pero ya lo sabemos. ¿Qué le vamos a hacer? Parece que acá todo el mundo es infiel.
NÉSTOR: María…
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: No, esteee… Me gustaría que ésto quede acá… entre nosotros.
NÉSTOR: Sí, claro, porsupuesto.
MARÍA: No.
GUSTAVO: ¿Cómo?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: A eso me estaba yendo, a decirle a su mujer que usted le fue infiel UN PAR de veces.
GUSTAVO: (Sonríe, un poco, es raro). Pero si usted no sabe adónde vive.
MARÍA: Lo averiguo.
NÉSTOR: No, Gustavo, ella está un poco… alterada.
MARÍA: ¿Alterada estoy?
GUSTAVO: Por favor, señorita…
MARÍA: María me llamo, María… No me llamo Milagros, ni señora, si señorita, me llamo María.
GUSTAVO: Señora María.
MARÍA: María sólo. María.
NÉSTOR: Mili, ¿te podés tranquilizar un rato?
MARÍA: ¡¿Vos me estás tomando el pelo, la concha de tu madre?!
NÉSTOR: ¡María!
GUSTAVO: Usted, es bastante pelotudo también.
MARÍA: ¡¿Me deja pasar, Gustavo?!
GUSTAVO: ¡No!
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: ¿Por qué no?
GUSTAVO: Es que necesito que… Que ustedes me prometan que… Que no van a decir nada.
NÉSTOR: Pero ni sabemos quién es usted, ni quién es su esposa, ni nada. No entiendo qué es lo que no podemos decir.
GUSTAVO: A mí con que me lo prometan me alcanza.
NÉSTOR: Bueno, está bien, se lo prometo. María, prometéselo.
Pausa. En el rostro de María, sólo hay bronca.
NÉSTOR: María.
GUSTAVO: Por favor señ… María.
Pausa, los hombres esperan la respuesta de María, silencio.
MARÍA: ¿Quién - es - Milagros?
Pausa, ahora se espera la respuesta de Néstor.
NÉSTOR: Gustavo, ¿nos permite un segundo?
GUSTAVO: Y… No.
NÉSTOR: (...)
GUSTAVO: Necesito que me lo prometan… los dos.
MARÍA: ¿Quién - es - Milagros, Néstor?
Pausa.
GUSTAVO: ¿Por qué no le contesta? (Néstor lo mira, con rabia). Así aceleramos el trámite, digo.
NÉSTOR: Milagros… es una... una chica que conozco.
MARÍA: ¿Qué tanto la conocés?
NÉSTOR: No mucho.
MARÍA: ¿Te la cojés?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Te la cojés?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor…
GUSTAVO: ¿Te la cojés o no… Néstor?
Pausa. Néstor asiente.
GUSTAVO: Se la coje.
MARÍA: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Hace cuánto?
GUSTAVO: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: Perdón, ¿usted qué hace acá todavía?
GUSTAVO: Estoy esperando a que se arregle esto, para que se pueda arreglar lo mío.
NÉSTOR: Vaya tranquilo, nadie le va a decir nada a su mujer.
GUSTAVO: Y… ¿Usted qué dice María? ¿Me puedo ir tranquilo?
MARÍA: (...)
GUSTAVO: Parece que todavía no.
MARÍA: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: ¿Qué cosa?
MARÍA: ¿Hace cuánto que te la cojes? Por dios.
NÉSTOR: María, ¿le podés decir a Gustavo que no vas a decir nada, así podemos discutir lo nuestro?
MARÍA: ¿Hace - cuánto?
NÉSTOR: María… ¿Te parece discutir esto en frente de él?
MARÍA: (...)
NÉSTOR: Un año.
MARÍA: (Parece no entender) ¿Cómo hacés?
Néstor no responde. María lo mira, insistente. Al ver que no obtendrá respuesta quiere irse. Gustavo la detiene. María sigue sin entender.
GUSTAVO: A mí con la palabra de ustedes, me alcanza.
MARÍA: Néstor, ¿le decís a este tipo que me deje pasar?
NÉSTOR: ¡Y decile de una buena vez que no vas a decir nada!
MARÍA: (Pausa) No voy a decir nada, Gustavo. ¿Me deja pasar ahora?
GUSTAVO: ¿Me lo promete?
MARÍA: (Pausa) Se lo prometo.
GUSTAVO: Dígalo todo junto.
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: Dígalo todo junto.
MARÍA: ¿A qué?
GUSTAVO: Diga: Le prometo que no voy a decir nada.
MARÍA: (Pausa. Rabia). Le prometo que no voy a decir nada.
GUSTAVO: ¿Ve?... Fácil.
Gustavo le deja el paso libre para que se vaya. María hace un paso, abre la puerta y… se detiene.
MARÍA: Milagros ¿qué?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Milagros - ¿Qué?
NÉSTOR: No la conocés.
MARÍA: Milagros - ¡¿Qué?!
NÉSTOR: …No sé.
MARÍA: ¿No sé?
GUSTAVO: ¿No sé?
NÉSTOR: (A Gustavo) Ya arregló lo suyo. ¿Se puede retirar?
MARÍA: Milagros ¿qué? Néstor…
NÉSTOR: ...Graña.
MARÍA: (Girando, volviendo). Tiene veinte años.
GUSTAVO: Epa.
MARÍA: ¡¡¡¿Se puede ir?!!! ¡¡¡La puta que lo parió!!!
GUSTAVO: Bueno, no hay necesidad de gritar o insultar así, eh.
NÉSTOR: Déjenos solos, Gustavo.
GUSTAVO: Falta usted.
NÉSTOR: ¿Qué cosa?
GUSTAVO: Tiene que decirlo usted, y todo junto.
MARÍA: Néstor, tiene veinte años. Es amiga de tu hija.
GUSTAVO: Uf.
NÉSTOR: ¡Señor!
GUSTAVO: Bueno, bueno. Dígalo y me voy.
NÉSTOR: (..)
MARÍA: Decílo, Néstor. Decílo - ya.
NÉSTOR: Le prometo que no voy a decir nada.
GUSTAVO: Suficiente para mí…
Gustavo emprende la retirada del cuarto, se va demasiado lento, demasiado lento para la situación que se está viviendo. Mientras tanto, María y Néstor, están congelados. Son la personificación del odio y la congoja, sus estatuas conmemorativas.
Quizás el mismo lugar, pero la luz es diferente.
NÉSTOR: Es una aventura.
MARÍA: Una aventura dura una noche, dos, como mucho. así le podés contar a tus amigos que te cogiste a una pendeja de veinte… de diecinueve.
NÉSTOR: Nunca pensé que podía enamorar a una chica de veinte. Si lo pienso, es extraño. Lo hice para contarlo, para contármelo. Sería sólo una aventura. Pasó un año. Y ahora es demasiado tarde. Y ahora me cuesta hasta pensarlo.
MARÍA: Una aventura dura poco. Néstor, estás teniendo una relación, una relación con una pendeja de diecinueve años.
Luz total. La puerta está cerrada. Finalmente, después de un tiempo muerto, una de las estatuas habla.
MARÍA: Es una amiga de tu hija.
NÉSTOR: No son tan amigas.
MARÍA: Es una amiga de tu hija.
NÉSTOR: ¿Vas a repetir siempre lo mismo?
MARÍA: ¿Y hace un año? O sea que te la cojes desde que tiene diecinueve.
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Sí, dice.
NÉSTOR: ¿Y qué querés? ¿Qué te diga que no?
MARÍA: ¿Y yo?
NÉSTOR: ¿Cómo “y yo”?
MARÍA: No te alcanza con una, con dos.
NÉSTOR: Es una aventura.
MARÍA: No, una aventura dura una noche, dos, como mucho. Y así le podés contar a tus amigos que te cogiste a una pendeja de veinte… de diecinueve. Una aventura dura poco. Néstor, estás teniendo una relación, una relación con una pendeja de diecinueve años.
NÉSTOR: Veinte.
MARÍA: ¿Y yo?
NÉSTOR: No te entiendo con ese: “y yo”.
MARÍA: En dónde quedo yo, que soy yo, dónde me quedo yo, QUÉ HAGO YO, A DÓNDE ESTOY. No entiendo, no entiendo nada.
NÉSTOR: Yo a vos, te amo.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Eso que escuchaste.
MARÍA: ¿Y elegís justo este momento para decirlo, hace cinco años que estamos juntos y elegís este momento para decirlo?... ¿Y tu mujer?
NÉSTOR: ¿Mi mujer?
MARÍA: Si, tu mujer. ¿Sabe?
NÉSTOR: ¿Cómo va a saber?
MARÍA: No entiendo, no entiendo cómo hacés.
NÉSTOR: ¿Cómo hago, qué?
MARÍA: ¿Que cómo hago qué? Ésto, ¿cómo haces para tener dos amantes y una mujer?
NÉSTOR: No sé.
MARÍA: Mirá, Néstor, yo nunca te pedí nada, nunca te pedí que dejes a tu mujer, nunca te pedí nada. Pero ésto es demasiado, es demasiado, tiene veinte años, es amiga de tu hija, esto no dá, ¿entendés? No dá. Tenés que ponerle fin a esto.
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor…
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor… No.
NÉSTOR: (...)
MARÍA: No, Néstor, no. No me lo digas, por favor.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Está embarazada.
NÉSTOR: ¡NO!
Pausa.
NÉSTOR: Sí.
Tiempo...
MARÍA: LO SABÍA, LO SABÍA, LO SABÍA. ¿De cuánto?
NÉSTOR: ¿De cuánto?
MARÍA: ¿De cuántos meses está?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Ay dios mío, vas a ser el abuelo.
NÉSTOR: ¿Qué decís?
MARÍA: Eso, vas a ser el abuelo, es el hijo de la amiga de tu hija.
NÉSTOR: No son TAN amigas, cortala con eso.
MARÍA: Cogeme ahora.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Ahora, me coges ahora, estoy fértil. Me cogés y me embarazás a mí también.
NÉSTOR: Estás delirando, María, calmate.
MARÍA: Calmate dice. Cogeme, la puta madre.
NÉSTOR: NO.
MARÍA: Voy a ser abuela, boludo. Abuela del hijo de mi amante con su hija.
NÉSTOR: María…
MARÍA: Cogeme o me cojo a Gustavo… ¿En serio me amás?
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: ¿Desde cuándo?
NÉSTOR: ¿Hace falta precisar?
MARÍA: Sí.
NÉSTOR: Desde el día en que te conocí.
MARÍA: No te pongas romantico ahora, pelutudo.
NÉSTOR: Es verdad, María.
MARÍA: Bueno, por lo menos me dijiste el nombre correcto… ¿Y a ella?
NÉSTOR: ¿A quién?
MARÍA: A tu mujer… Y a la pendeja también.
NÉSTOR: No sé, es complicado.
MARÍA: ¿Me amás?
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Entonces embarazame.
NÉSTOR: No, María, escuchate.
MARÍA: Tenés razón, tenés razón, estoy diciendo cualquier cosa ¿no? Bueno. Tenés razón.
Tiempo.
MARÍA: No me dijiste de cuanto está.
NÉSTOR: ¿Quién?
MARÍA: Cuántos meses de embarazo.
NÉSTOR: No, es…
MARÍA: Lo tuvo… ¿Lo tuvo ya?
NÉSTOR: No.
MARÍA: ¿No
NÉSTOR: No… Pronto.
MARÍA: ¿Qué TAN pronto?
NÉSTOR: Tiene fecha para el próximo mes.
MARÍA: NO, no, no. Decime que no la preñaste con diecinueve,
NÉSTOR: No.
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: No sé, no sé, no me acuerdo de eso.
MARÍA: ¿Cómo no te vas a acordar? Néstor.
NÉSTOR: María… voy a ser abuelo otra vez.
MARÍA: Padre.
NÉSTOR: Sí, eso. Y con una amiga de mi hija.
MARÍA: No son TAN amigas.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: ¿No es eso lo que decías?
NÉSTOR: Sí, que se yo.
Tiempo.
MARÍA: ¿Me amás?
NÉSTOR: Sí, que sé yo.
MARÍA: Tenemos que decirle todo a tu mujer, Néstor.
NÉSTOR: Sí, creo que sí.
MARÍA: Lo de ella… Y lo mío.
Pausa. Tiempo.
NÉSTOR: Sí… Creo que… sí.
MARÍA: Mañana.
NÉSTOR: ¿Mañana?
MARÍA: Mañana.
NÉSTOR: Mañana.
La otra luz, el mismo lugar.
MARÍA: Voy a ser abuela. abuela antes de ser madre. Voy a ser abuela del hijo de mi amante con su hija.
Se suma otra luz. Vemos sólo la silueta de otra mujer, no vemos su rostro, no la vemos completamente. Es una silueta tétrica. Sólo vemos que es una mujer y que lleva poca ropa. Se llama Laura.
LAURA: La gente civilizada. La gente civilizada, dice. ¿Vos sabés lo que hace la gente civilizada? La gente civilizada no se ensucia las manos, la gente civilizada ocupa a otras personas, para que se hagan los trabajos que les correspondería hacer a ellos. La gente civilizada no tiene huevos. La gente que NO, la gente que no está ci-vi-li-za-da, la gente como una, esa es la gente que vale la pena. No me vengas a querer convertir, mormón de la civilización, éste es un camino que elijo, no el que me toca, esto es una opción, no es una herencia. Así que venite para esta parte y hablame de igual a igual o seguí con tu civilización y comete un tiro vos también.
Luz total. Ingresa Gustavo a la habitación, tiene una cara de susto que asusta, María y Néstor se asustan también, por la entrada, por la cara.
GUSTAVO: Acuérdense lo que prometieron.
MARÍA: ¡¿Qué?! / NÉSTOR: ¡¿Qué?!
Entra Laura, lleva poca ropa y una escopeta.
LAURA: ¡Te voy a volar la cabeza hijo de puta!
MARÍA: ¡Wow! / NÉSTOR: ¡Epa!
LAURA: Dale, salí de acá, que no te voy a matar a delante de la gente, cagón.
GUSTAVO: Justamente, justamente esta gente son conocidos míos que saben…
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: Preguntale a la señora… Preguntale…
LAURA: ¿Qué cosa querés que le pregunte?
NÉSTOR: ¿Por qué no se tranquiliza, señora? ¿Hay algo…
LAURA: ¡Callate la boca vos, cara de sapo!
GUSTAVO: A la señora, preguntale, ella sabe.
LAURA: Habla yegua.
MARÍA: ¿De qué?
LAURA: No sabe nada, te voy a volar los sesos, dale, salí.
GUSTAVO: No, mi cielo, escuchá un poco.
LAURA: No voy a escuchar a nadie.
NÉSTOR: ¿Qué es lo que está pasando acá?
LAURA: ¿No lo ves, puto? Vengo a matar a este mierda.
NÉSTOR: ¿Pero por qué?
LAURA: Porque me desperté con ganas.
NÉSTOR: No podemos hablar como gente civilizada.
LAURA: ¿Gente civilizada? Gente civilizada, dice. La gente civilizada no tiene huevos. La gente como una, es la gente que vale la pena. No me vengas a querer convertir, mormón de la civilización, éste es un camino que elijo, es una opción, no una herencia. Hablame de igual a igual o comete un tiro vos también.
GUSTAVO: Con la señora, hablá con la señora.
MARÍA: No me digás señora, ya te dije que me llamo María.
Pausa.
LAURA: “Ya te dije que me llamo María”. ¿Ya te dije? Así que es verdad que se conocen, hablá entonces.
MARÍA: Mire, no sé qué quiere que le diga. Nosotros llegamos hoy acá con mi… con mi novio Néstor y… Sí, sí lo conocemos a Gustavo. Él nos arregló el… la estufa había hecho un corto… Se cortó la luz y él nos la solucionó. Fue muy amable con nosotros, nos ofreció frazadas de más, para el frío, nos arregló la luz. No sé qué más quiere que le diga.
LAURA: ¿Es un buen tipo?
MARÍA. ¿Cómo?
LAURA: ¿Usted diría que Gustavo es un buen tipo?
MARÍA: Claro.
LAURA: ¿Usted pondría las manos en el fuego para asegurar que Gustavo es un buen tipo?
MARÍA: Bueno… no lo conozco… tanto no la conozco.
NÉSTOR: María…
LAURA: Estoy hablando con ella, sapito.
GUSTAVO: Mi cielo…
LAURA: Y vos también te callás, reza para que tus últimas palabras no sean “mi cielo”, porque te vas a arrepentir. Hable…
MARÍA: (...)
LAURA: La vida de ese hombre depende de usted.
MARÍA: (...)
LAURA: Si se mantiene callada quiere decir que no pondría sus manos en el fuego ¿no?
MARÍA: Yo no pongo las manos en el fuego por nadie.
LAURA: ¡No me venga con lugares comunes, querida!
MARÍA: ¡Es un buen tipo!
LAURA: ¿Y un buen tipo puede engañar a su mujer?
MARÍA: ...Sí... Aunque no estoy diciendo que él la haya engañado. Lo que que digo es que es posible.
LAURA: Tenemos tres hijos.
MARÍA: La entiendo.
LAURA: ¿Usted, tiene hijos?
MARÍA: No, no tengo.
LAURA: Entonces, no entiende una mierda.
NÉSTOR: Yo sí tengo hijos.
LAURA: (Apuntándolo) Vos me cansaste, sapito, por ahí mato a dos pájaros esta noche.
NÉSTOR: Si usted quisiera matar a alguien, ya lo habría hecho, ¿no le parece?
Laura mata a Gustavo.
LAURA: Ya está.
Pausa.
Eterna.
MARÍA: Ah, la mierda.
LAURA: La escopeta esta tiene sólo dos tiros. Siempre pensé que en una situación como ésta, una dispararía los dos al mismo tiempo. Por los nervios y todo eso. Pero no, fue en un segundo que pensé todo. ¡Qué digo un segundo! Mucho menos de un segundo. En mucho menos de un segundo me dije: “Ahora lo mato, para que éste se entere de que la cosa va en serio. Pero tengo que disparar solamente un tiro, porque esta escopeta tiene sólo dos. Después me queda uno para matar al sapito. Total, por uno ya voy en cana. ¿Habrá mucha diferencia en la pena? Ninguna, que sé yo”. Y ahí me ordené: “Mové el dedo para que sólo dispare un gatillo y matalo”. Mientras me lo decía, lo hice y le disparé. Todo eso pensé, todo eso en menos de un segundo. También pensé en mis hijos, puse en una balanza imaginaria un futuro sin su padre y con su madre presa; y del otro lado, un futuro con un padre pelotudo y una madre deprimida. Obviamente que ganó el segundo, por lo menos los chicos tenían padres. Pero después tiré todo a la mierda y decidí el mal peor, decidí que tenía que hacer lo que tenía que hacer. Todo eso pensé, todo eso pensé e hice al mismo tiempo. Muy raro. Todo eso en menos de un segundo, ¿cuánto habrá sido? ¿Un cuarto de segundo? Qué cosa rara son los pensamientos, uno cree que necesita tiempo para pensar, uno cree que pensar y hacer distan mucho en el tiempo, pero en cambio, las cosas se piensan y se hacen, y siempre al mismo momento. Uno piensa y hace. Siempre.
El otro lugar.
NÉSTOR: Me abalanzo encima de ella, seguramente antes de llegar me mata, pero gasta el último cartucho y María puede correr y pedir ayuda. Otra posibilidad, es que no me dé de lleno, que me pegue en un brazo, por ahí puedo safar. ¿Safar, de qué? De la muerte, pero no de que todo el mundo se entere de que estoy acá con otra mujer. ¿Cómo le voy a contar lo que hice todo éste tiempo? ¿Cómo voy a hacer para mantener un hijo con una mina de veinte años? ¿Cuánto tiempo me queda de vida? Me quedo quieto, esperando, a ver si no quiere matarme. ¿Por qué justo éste lugar? ¿Por qué no otro? ¿Y si no se cortaba nunca la luz? ¿No pasaba nada de lo que pasó?
LAURA: Pero no, fue en un segundo que pensé todo. ¡Qué digo un segundo! Mucho menos de un segundo. En mucho menos de un segundo me dije: “Ahora lo mato, para que éste se entere de que la cosa va en serio…
MARÍA: Tengo treinta y seis años, me llamo María Emilia Ramazotti, soltera, sin hijos. Durante más de cinco años estoy en pareja con un hombre casado y con familia. Estoy enamorada. ¿Estoy? Me llamo María Emilia, estoy en pareja, no puedo decir con quien. ¿Estoy en pareja? Me llamo María, me tomé el fin de semana para viajar a una cabaña con mi pareja. Tengo ganas de mandar todo a la mierda. ¿Tengo ganas de mandar todo a la mierda? Tengo treinta y seis años, mi mamá me dijo, la semana pasada, que me iba a quedar para vestir santos, así me dijo, utilizó la frase “para vestir santos”, la odié por más de una hora, por más de una hora odié a mi madre, quería matarla o morirme. Después, más tarde, me dió un mate, me miró a los ojos, yo estaba comiendo una galletita, me sentí una nena y volví a quererla. Mi mamá tiene sesenta años, sé que va a morirse antes que yo, por lo menos hasta hace un segundo, tenía esa certeza, ahora, ahora no lo sé. Sé que la mataría enterarse que mataron a su hija, no lo soportaría. Hasta podría suicidarse por eso. Yo no, yo nunca pensé en el suicidio. La prima de mi mejor amiga se suicidó cuando tenía veinte.
LAURA: También pensé en mis hijos, puse un una balanza imaginaria un futuro sin su padre y con su madre presa; y del otro lado, un futuro con un padre pelotudo y una madre deprimida. Obviamente que ganó el segundo…
GUSTAVO: (Observa su pecho ensangrentado, está parado). ¿Qué pasó?...
LAURA: Ya está.
GUSTAVO: ¿Ya está?... ¡Qué cara que va a poner el Don Alberto cuando vea este quilombo! Esa escopeta… Era de mi viejo. En su velorio, Laura, estaba embarazada de Agustín. ¿Y si no se hubiera cortado la luz?
LAURA: Ya está.
GUSTAVO ¿Ya está?...
Gustavo cae muerto.
MARÍA: Me llamo María Emilia Ramazotti, tengo treinta y seis años y en este momento no estoy pensando. Si me dieran a elegir perder uno de los cinco sentidos, perdería la vista. Creo que eso quedó más que claro. (Pausa). Ah, la mierda.
LAURA: La escopeta esta tiene sólo dos tiros. Siempre pensé que en una situación como ésta, una dispararía los dos al mismo tiempo.
Luz total. El lugar es el mismo.
LAURA: Todo eso en menos de un segundo, ¿cuánto habrá sido? ¿Un cuarto de segundo? Qué cosa rara son los pensamientos, uno cree que necesita tiempo para pensar, uno cree que pensar y hacer distan mucho en el tiempo, pero en cambio, las cosas se piensan y se hacen, y siempre al mismo momento. Uno piensa y hace. Siempre.
Mirando a María.
LAURA: ¿Cómo era que te llamabas?
MARÍA: María, me llamo María.
LAURA: Tenés pinta de ser buena mina.
MARÍA: ¿Usted…
LAURA: ¿Qué?
MARÍA: ¿Cómo se llama?
LAURA: Laura.
MARÍA: Laura… ¿por qué no me da la escopeta?
LAURA: Es que… le queda un tiro.
MARÍA: (...)
LAURA: Es como un vicio. Ahora necesito… necesito usarlo. Lo que no sé, es en quien. Hay tres opciones acá.
Laura lleva poca ropa, tiembla. Mira a Néstor.
MARÍA: Él… Él se llama Néstor y… nosotros somos… una pareja.
LAURA: Ajá.
MARÍA: Él, hoy, me dijo… me dijo que estaba enamorado de mí.
LAURA: Me alegro mucho.
MARÍA: Y yo también… yo también lo amo.
LAURA: Son la pareja perfecta.
MARÍA: No, no lo somos.
LAURA: ¿Ah, no?
MARÍA: No… ¿No tiene frío, Laura?
LAURA: Algo… no me dí cuenta hasta ahora.
MARÍA: Néstor, ¿por qué no prendés la estufa?
Néstor mira a María que mira a Néstor. Laura no mira, pero tiene los ojos abiertos.
LAURA: Sí, prendé la estufa, Sapito.
Néstor mira a María que mira a Néstor. Despacio y en cuatro patas se acerca a la estufa y la enchufa. Laura no mira, pero tiene los ojos abiertos. ¿Piensa?
Tiempo.
LAURA. ¿Qué harías vos, María?
MARÍA: ¿Yo?
LAURA: Sí, ¿vos que harías?
MARÍA: No entiendo.
LAURA: Si tendrías que elegir en quién gastar el último tiro y tenés entre las opciones a un mierda, a una hija de puta y a vos misma. ¿En qué lo gastarías?
MARÍA: ¿Perdón?
LAURA: Sí, la mierda es ese tipo que está ahí, todo asustado y sin huevos para defender a la mujer que supuestamente ama. Que seguramente está pensando en cómo hacerlo, pero no se anima ni a mover un dedo. En el mejor de los casos, en el mejor de los casos está pensado en eso. Porque puede ser que esté pensando en otra cosa. Uno nunca sabe. (Mirado a Néstor). ¿En qué pensás, mierda?
NÉSTOR: ¿En qué pienso?
LAURA: ¿En qué pensás?
NÉSTOR: No sé.
LAURA: Sí que sabe, le da vergüenza decirlo. Por ahí está pensando en qué van a decir de él las minas después de muerto, se puede esperar cualquier cosa de un tipo así. Pero quedate tranquilo soretito, que no sos el que va ganando la pulseada. Porque vos, María, sos la hija de puta.
MARÍA: ¿Pero…
LAURA: “¿No tiene frío, Laura?”. “¿Por qué no prendés la estufa, Néstor?”. ¡Qué hija de puta! Una hija de re mil putas... Pero con unos ovarios lo suficientemente grandes como para apostar por que la luz se corte y safar junto a tu novio. Merecés que dude… Y después estoy yo, que no sé bien si vale la pena quedarse a bancar lo que me toca. Pero sólo le queda un tiro a esta poronga de fierro. Sino, te aseguro que sería (apuntando a Néstor) pum, (apuntando a María) pum, (apuntándose a ella misma) PUM.
Apagón.
No se ve nada.
LAURA: ¡Uy! Se cortó la luz.
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: María, no hables.
MARÍA: Callate, Néstor. Laura…
NÉSTOR: María, por favor.
MARÍA: Pero si vos también estás hablando, Néstor. ¿Qué te dió? ¿Un arrebato de valentía y protección?
NÉSTOR: ¿Se fue?
MARÍA: Sh.
NÉSTOR: Se fue.
MARÍA: No… la escucho.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Está por acá.
NÉSTOR: ¿Dónde?
MARÍA: Por acá.
NÉSTOR: ¿Y dónde es acá?
MARÍA: Acá es acá, Néstor.
NÉSTOR: No veo.
MARÍA: Acá adentro. No te muevas.
NÉSTOR: No me estoy moviendo.
MARÍA: Por eso, no lo hagas.
NÉSTOR: María.
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: María…
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: ¡María!
MARÍA: ¡¿Qué?!
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Qué pasa?
NÉSTOR: Está acá.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Laura, está acá.
MARÍA: Ya sé.
NÉSTOR: No, está acá. Al lado mío.
MARÍA: ¿Cómo?
NÉSTOR: Eso que te digo.
MARÍA: Pero, ¿cómo lo sabés?
NÉSTOR: Tengo… me está apuntando.
MARÍA: Si no se ve nada.
NÉSTOR: ¡Por que siento un puto caño en la espalda!
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: Laura…
MARÍA: Laura, por favor, no dispares. Laura… ¿Néstor?
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: ¿Estás seguro?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Si estás seguro.
NÉSTOR: ¿De qué?
MARÍA: De que te está apuntando.
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Por ahí es otra cosa.
NÉSTOR: ¿Cómo otra cosa?
MARÍA: Como el celular y la billetera.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Fijate si es la escopeta o si es una silla, sapito.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Eso, que te fijes.
NÉSTOR: No, ¿cómo me dijiste?
MARÍA: Que te fijes si es la escopeta…
NÉSTOR: Eso sí, eso lo entendí, lo que dijiste después. ¿Cómo me llamaste?
Silencio.
NÉSTOR: María… ¿Laura?... Hola… ¿Hay alguien acá?... ¡AYUDA!
MARÍA: Néstor.
NÉSTOR: ¡Ah!
MARÍA: No está.
NÉSTOR: ¿Quién?
MARÍA: Laura, se fue.
NÉSTOR: ¿Cómo sabés?
MARÍA: No está, Néstor.
NÉSTOR: ¿Por qué no me contestabas?
MARÍA: ¿Cuándo?
NÉSTOR: Recién, te hablaba y nada. Y me dijiste Sapito.
MARÍA: ¿Querés que hablemos ahora de llamar a las personas con otro nombre?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Ok, seguime.
NÉSTOR: No entiendo nada María, tengo miedo, quiero ver, quiero que vuelva la luz.
MARÍA: Seguime.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Por acá…
NÉSTOR: No me jodas, María, no veo, no veo dónde estás. No puedo seguirte si no sé dónde estás.
MARÍA: Seguí mi voz… ¡Dale, Néstor!
NÉSTOR: Ok… Ok… Ahí voy. (Ruido). ¡La puta madre! Me golpeé con algo. (Otro ruido). Uy, ¿y esto?
MARÍA: Dale, Néstor. Seguí mi voz.
NÉSTOR: Me caí, estoy en el piso y me duele la rodilla.
MARÍA: Ay, dios. Cuidado con Gustavo.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Eso, cuidado con Gustavo, no te lo vas a encontrar.
NÉSTOR: La puta que te parió, María. No lo había pensado hasta ahora.
MARÍA: ¿Podés moverte?
NÉSTOR: No. ¿Sabés que ahora no? Estoy paralizado acá.
MARÍA: ¡Dale, Néstor!
NÉSTOR: Esperá.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Acá hay algo. Creo que es… ¡mi celular!
MARÍA: Esperá. No lo prendas.
NÉSTOR: ¿Qué? ¿Por qué?
MARÍA: No lo prendas, Néstor.
La luz del celular se prende, ilumina el rostro de Néstor. Ahora se prende la linterna. La luz comienza a iluminar poco a poco cada rincón de la habitación. De repente, vemos a María, está cargando el cuerpo de Gustavo. El celular se cae al suelo, Néstor lo hizo caer, del susto. Vuelve a alumbrar, otra vez María, sigue sosteniendo el cuerpo de Gustavo.
NÉSTOR: María, ¿qué hacés?
MARÍA: Pensé. Pensé en esconder el cuerpo. Pensé en irnos después de esconderlo, pensé en volver a nuestras vidas tal cual eran antes de vivir todo esto. Pensé en que podemos hacerlo, pensé en que podemos soportarlo, nosotros no matamos a nadie. Pensé en que le podés decir a tu mujer que la mierda que le inventaste terminó antes. Que podemos vivir igual, aunque guardemos secretos, que podés tener a tu hijo sin que nadie se entere, como nadie se enteró hasta ahora de eso, como nadie se enteró en cinco años de lo nuestro. Pensé en que si a alguien van a buscar, va a ser a Laura y no a nosotros, que en esta cabaña de mala muerte ni siquiera nos pidieron nuestros nombres. Pensé que si las cosas no se ven, no pasan. Pensé, también, en que yo, estaba equivocada. Que no somos los hijos del sentido de la vista, sino sus viudas. Y que, como Laura, fuimos nosotros mismos quienes lo matamos a sangre fría. Porque no queremos ver. Todo eso pensé. Mientras vos prendías el celular y volvíamos ver. Ya elegimos. Nosotros ya elegimos qué sentido perder, todos lo elegimos y estamos muy conformes con eso. Pero… pero no lo vemos, no lo sabemos, porque no lo vemos. Y no saber, fue nuestra decisión.
Néstor apaga su celular.
MARÍA
NÉSTOR
GUSTAVO
LAURA
I
Luz. Una mujer desnuda. Se llama María y está sobre la cama. Bajo la luz, habla.
MARÍA: Qué inútil que se vuelve uno cuando no ve. Nos acostumbramos demasiado a contar con la vista. Es nuestro sentido favorito. Nosotros, somos los hijos del sentido de la vista. Es el último sentido que nos gustaría perder. Si hacemos una encuesta y preguntamos… Hacer encuestas es algo que me gusta mucho. Preguntamos: “¿Cuál de los cinco sentidos perderías?”. Y hay que elegir uno por más que nos cueste. Nadie, nadie diría la vista. Más del noventa por ciento diría el tacto, así sin pensar, a ese lo eligen enseguida. Cuando es tan importante. ¿Sabías que sin tacto tendríamos más chances de morir? Porque sin tacto no hay dolor, y sin dolor, no sacaríamos las manos de encima del fuego, por ejemplo. Nos quemaríamos y ni cuenta nos damos. Elegirían el oído, EL OÍDO, ¿te imaginás un mundo sin música? No. El olfato, el gusto… ¿Cómo disfrutaríamos una buena comida sin esos dos? Te digo una cosa, la vista está sobrevalorada y es culpa nuestra, es culpa de este mundo en el que vivimos, donde sólo importa lo que se vé; la computadora, el celular, la televisión y el internet, todo depende de la vista. La obsesión con el cuerpo, los modelos a seguir, son modelos de revista… que sé yo. ¿Estás de acuerdo, Néstor?... ¿Néstor?... Néstor, ¿dónde te metiste?
Apagón.
II
No se ve nada.
NÉSTOR: ¡Uy! Se cortó la luz.
MARÍA: No me digas.
NÉSTOR: Bueno, ¿no se puede hacer un comentario al menos?
MARÍA: ¿Hay velas?
NÉSTOR: No, seguro que no..
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: Y no.
MARÍA: ¿Por qué no?
NÉSTOR: Porque estamos en siglo 21.
MARÍA: ¿Y qué se hace en el siglo 21 cuando se corta la luz?
NÉSTOR: Se prende el celular.
MARÍA: Bueno, mirá que interesante. ¿Lo vas a prender entonces?
NÉSTOR: No lo encuentro. ¿Vos no ves el tuyo?
MARÍA: No se ve nada, Néstor.
NÉSTOR: Digo, si no lo encontrás.
MARÍA: No, creo que lo dejé lejos. (Se escucha un ruido, algo que se cae). ¿Qué pasó?
NÉSTOR: No sé, creo que tumbé algo.
MARÍA: ¿Qué cosa?
NÉSTOR: Espero que no sea el celular, ahí sí que no lo encuentro más. (Otro ruido, otra cosa que se cae). Uy, la puta...
MARÍA: ¿Y ahora, qué tiraste?
NÉSTOR: No sé, María, no veo.
MARÍA: ¡Pero dejá de tirar cosas y agarrá una!
NÉSTOR: No veo, no-ve-o, ‘noveo’.
MARÍA: Yo-tam-poco.
NÉSTOR: Acá está… No, ¿ésto que es? Ah, me parece que la billetera.
MARÍA: A ver, dejame a mí.
NÉSTOR: ¡Ay, pará!
MARÍA: ¿Qué pasa?
NÉSTOR: ¡Cuidado, que me hacés mal!
MARÍA: Correte.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Para allá.
NÉSTOR: ¿Dónde es allá?
MARÍA: Allá, es allá.
NÉSTOR: No se ve nada.
MARÍA: Mirá: justamente “allá”, sería el lugar contrario al que estás.
NÉSTOR: ¿Contrario al que me estoy moviendo?
MARÍA: No sé para dónde te estás moviendo, Néstor.
NÉSTOR: ¡¿Ves?!
MARÍA: ¿Qué?... No. No veo, Néstor. No veo un pomo.
NÉSTOR: ¡Ahia! ¡Pará!
MARÍA: Acá está… No, esto es la billetera. ¿Por qué no descartás las cosas que vas encontrando?
NÉSTOR: Para mí que lo tiré, a ver…
MARÍA: ¡Néstor, me pisaste!
NÉSTOR: ¿Qué hacés ahí abajo?
MARÍA: Busco el celular.
NÉSTOR: ¿Y?
MARÍA: Nada.
NÉSTOR: ¿Nada?
MARÍA: No… ¿Qué es esto?... Ay, qué asco. ¿Qué es?
NÉSTOR: Qué sé yo. ¿Qué es?
MARÍA: No sé, no veo.
NÉSTOR: Bueno, ya sé. Pero, ¿cómo es?
MARÍA: No sé, parece como un moco.
NÉSTOR: ¿Cómo como un moco? Dejalo, no lo toques.
MARÍA: (...)
NÉSTOR: No lo toques, María.
MARÍA: No lo estoy tocando.
NÉSTOR: María...
MARÍA: (...)
NÉSTOR: ¡Dejá de tocar eso, María!
MARÍA: Ay, Néstor, ahora sos adivino.
NÉSTOR: Acá está.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Ay no, otra vez la billetera.
MARÍA: Por dios.
NÉSTOR: ¿Dónde estás?
MARÍA: Acá.
NÉSTOR: ¿Dónde es acá?
MARÍA: (...)
NÉSTOR: María…
MARÍA: (...)
NÉSTOR: María, ¿me podés contestar?
Tiempo.
NÉSTOR: María, ¿qué haces?
MARÍA: Estaba pensado. Pensé en lo inútil que se vuelve uno cuando no ve… Néstor… Si tendrías que perder un sentido… ¿Cuál elegís?
NÉSTOR: En serio me estás preguntando esto ahora…
MARÍA: Te aseguro de que sí hacemos una encuesta y preguntamos: “¿Cuál de los cinco sentidos perderías?”. Nadie, nadie diría la vista. Más del noventa por ciento diría el tacto, así sin pensar, a ese lo eligen enseguida. ¿Sabías que sin tacto tendríamos más chances de morir? Sin tacto no hay dolor, y sin dolor, nos quemaríamos sin darnos cuenta. Sí, te lo estoy preguntando ahora, sabés que me encanta hacer encuestas. Tenés que elegir un sentido, un sentido para perder, ... ¿Néstor?... Néstor, ¿dónde te metiste?
Tiempo.
MARÍA: Néstor, no es gracioso. ¿Dónde estás? (Ruido). Ay, la puta madre, me golpeé. Néstor, no te hagas el boludo ¿querés? No me hace ninguna gracia el chiste.
GUSTAVO: Hola.
MARÍA: Ay, la puta que te parió. ¿Quién sos?
GUSTAVO: Hola, soy Gustavo.
MARÍA: ¿Y quién mierda es Gustavo? ¿Dónde está Néstor?
GUSTAVO: Soy el encargado. Su… Su marido… Seguramente saltó la térmica. Voy a ver si lo puedo solucionar.
MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: ¿Cómo?
MARÍA: No, no ponga la luz que estoy desnuda.
GUSTAVO: Ah, disculpe, ¿no se puede tapar con algo?
MARÍA: A ver… espere ¿sí?...
GUSTAVO: Sí, tranquila.
MARÍA: Un segundo, que acá no se ve nada. Sí… Ok… Ya está, puede prender.
GUSTAVO: A ver… (Un ruido) Perdón… (Otro ruido) Perdón, perdón… (Otro más) Uy, bue’... Perdón eh, sin querer todo… Acá está, a ver… Sí, sí... ¿Prendo?
MARÍA: Sí.
III
Luz. Néstor está vestido con un enterito marrón oscuro, pero descalzo. Bajo la luz, habla.
NÉSTOR: El tipo me apuntó con una escopeta, se me inyectaron los ojos con sangre, te lo juro, me puse blanco. No sé qué le dije, pero le expliqué todo. Las palabras y los gestos salían mecánicamente, no me trabé ni un segundo, era una máquina… ¿Viste lo que dicen? ¿Que al borde de la muerte te pasa, en un segundo, toda tu vida por delante?… ¿Todo tu pasado? Bueno, no es así , es todo lo contrario. Al borde de la muerte, lo único que se te pasa por delante es tu futuro. Yo me veía tirado, en pelotas y en el medio del campo, con un escopetazo en el pecho… María… ¿Por qué te cambias abajo de las sábanas?
IV
Luz total. Interior de una cabaña. El piso es un desastre, la cama también. Hay muchas cosas tiradas. María, desnuda, se tapa con una revista y una almohada. Gustavo se queda mirándola por un rato.
GUSTAVO: Bueno, era la térmica no más. ¿Ustedes tenían prendida la estufa?
MARÍA: Sí.
GUSTAVO: Claro, debe ser eso, siempre pasa lo mismo. Lo que pasa es que las cabañas estas son bastante viejas y las instalaciones son antiguas. No se la bancan mucho… La estufa esa consume que da calambre. Va a tener que taparse.
MARÍA: Es que es lo único que encontré.
GUSTAVO: No, taparse con frazada, digo. Porque la estufa no la van a poder prender.
MARÍA: Ah, claro. Bueno, muchas gracias.
Ingresa Néstor, está vestido con un enterito marrón oscuro, igual al de Gustavo, pero descalzo.
GUSTAVO: ¿Le quedó bien el enterito?
NÉSTOR: Sí, gracias. Un poco grande nomás, pero para safar, anda bien.
GUSTAVO: (A María) Me apareció en pelotas, ahí en la oficina, me pegué un julepe bárbaro.
MARÍA: Ah…
NÉSTOR: Bueno esteee…
GUSTAVO: Gustavo.
NÉSTOR: Gustavo, muchas gracias por todo.
GUSTAVO: Le decía recién a su señora que seguro fue la estufa, la instalación eléctrica de acá es vieja, no aguanta mucha corriente, van a tener que dormir con dos o tres frazadas. ¿Tienen, no?
NÉSTOR: Sí, seguro.
GUSTAVO: Sino cualquier cosa me avisa, yo tengo un par más para darle.
NÉSTOR: Bueno, no se haga problema, ya vemos cómo lo solucionamos.
GUSTAVO: No me va a prender la estufa ¿eh?
NÉSTOR: No, no, seguro.
GUSTAVO: Ah, se la voy a desenchufar.
Gustavo se dirige hacia donde está la estufa, para eso debe pasar cerca de María, que gira junto al paso de Gustavo, para quedar siempre de frente. Él la mira, le sonríe. Desenchufa la estufa y emprende el viaje de vuelta a su sitio. La secuencia se repite, pero a la inversa. María, también sonríe, pero está muy avergonzada.
GUSTAVO: Ahora vengo y le acomodo un poco acá las cosas. Sino se van a cortar si andan descalzos.
MARÍA: No, no se haga problema.
GUSTAVO: No, si no es problema, ahora mismo traigo una escoba.
NÉSTOR: No, déjelo así Gustavo, si nosotros nos metemos a la cama y listo, mañana se acomodo todo.
GUSTAVO: No, mire si se quiere levantar a tomar agua y se corta una pata, no. Mejor ahora vengo y le barro un poco.
NÉSTOR: Bueno, bueno.
MARÍA: ¿Bueno?
Néstor le hace un gesto a María, como diciendo: “Qué le vamos a hacer”, abre las manos y levanta las cejas.
GUSTAVO: Ahora vengo. (Sale un poco y se detiene). Ah, ¿tiene su ropa?
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: No, que si se quiere poner su ropa, así no hago dos viajes. Ya me lo llevo y lo guardo y le traigo la escoba.
NÉSTOR: Esteee… Mejor traiga la escoba y cuando vuelva le doy el enterito.
GUSTAVO: Es que es para no hacer tantos viajes, ida y vuelta, ida y vuelta.
NÉSTOR: Es que son la misma cantidad de viajes.
GUSTAVO: ¿Cómo?
NÉSTOR: Que son la misma cantidad de viajes, usted tiene que volver a venir y volver a irse.
GUSTAVO: No. No...
MARÍA: Querido, no lo contradigas al señor y dale el enterito, así va buscar la escoba y terminamos con esto.
NÉSTOR: Pero es que son la misma cantidad de viajes…
MARÍA: Amor…
NÉSTOR: Okey.
Néstor se acerca a la cama y busca su ropa. Se saca la parte de arriba del enterito y se coloca su remera, al bajar la parte baja, trata de que la remera le tape el pito. Lo logra a medias. Ya tiene el pantalón listo. se lo pone, pero sigue descalzo. María, mientras tanto, oscila entre la mirada con sonrisa a Gustavo, y la mirada inquieta hacia Néstor. Al terminar, Néstor le acerca la prenda al encargado.
NÉSTOR: Acá está, gracias.
GUSTAVO: No hay de qué. Para lo que necesite. Ya vengo. (Sale).
V
NÉSTOR: El tipo me apuntó con una escopeta. No sé que le dije, pero le expliqué todo… una máquina… ¿No te vas a cambiar vos?
MARÍA: No, me voy a quedar así, me encanta. (Se mete adentro de la cama).
NÉSTOR: ¿Viste que dicen que al borde de la muerte te pasa toda tu vida…
MARÍA: ¿Me podés pasar mi ropa?
NÉSTOR: (Pensando). Sí… (Alcanzándole la ropa). Me veía ahí… tirado, en pelotas y en el medio del campo, con un escopetazo en el pecho… María… ¿Por qué te cambias abajo de las sábanas?
MARÍA: Porque va a venir el boludo este a barrer y no quiero que me vea en bolas, otra vez.
NÉSTOR: ¿Te vió en bolas?
MARÍA: Me vió así, como vos me viste…
NÉSTOR: ¿Qué te vió?
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Eso. ¿Qué es lo que te vió?
MARÍA: Nada, Néstor. ¿Qué te pasa, ahora? .
NÉSTOR: Nada. Nada. Pienso.
MARÍA: Bueno, pensá mejor.
NÉSTOR: ¿Pensá mejor?
VI
Luz. Se recortan las figuras de María y Néstor. Bajo la luz, hablan.
MARÍA: Mi papá era de Central. De chiquita me llevaba con él a la cancha, no sé si él hubiese querido tener un hijo varón que lo acompañara, nunca lo supe y nunca se lo pregunté. Pero yo sentí, en mi interior, la responsabilidad de serlo. Sabía, desde que era muy chiquita, que tenía la responsabilidad de darle a mi papá, ese hijo varón que no tuvo. Me vestía yo sola, con todo el conjunto de Central. Para navidad pedí una pelota y una medias. Las medias me gustaban, eran de un azul hermoso. Cuando él, me llevaba sobre los hombros y entrábamos a la cancha, yo era feliz, porque él lo era. Porque en la sonrisa de mi papá y en los ojos de mi papá, yo veía la mía, veía mi tarea cumplida. Después crecí, mi papá veía los partidos por televisión y yo ya no le cabía sobre los hombros. Él también creció. Así que si tengo que SER de alguno, sería de Central.
NÉSTOR: Creo que la primera decepción que mi viejo se llevó conmigo, fue cuando se dió cuenta de que no servía para jugar al fútbol. Intenté suplantar la falta de talento con la pelota, por la pasión a los colores. Me duró hasta la adolescencia. Una vez me retó por bostezar durante un partido. Es casi la misma historia que contó ella, pero con un chico que tampoco puede SER VARÓN y una camiseta de Newell´s.
VII
Luz total. Gustavo con la escoba.
GUSTAVO: Permiso, llegó el barrendero. (Mira a María en la cama) ¿Le dió frío?
MARÍA: ¿Cómo? Ah, no, no, me estoy cambiando.
GUSTAVO: (Mientras barre). ¿De dónde son?
NÉSTOR: De Rosario.
GUSTAVO: Ah, mirá, como Messi.
NÉSTOR: Claro. Y como el Negro Fontanarrosa.
GUSTAVO: ¿Quién?
NÉSTOR: El Negro Fontanarrosa.
GUSTAVO: (...)
NÉSTOR: El del Inodoro Pereyra.
GUSTAVO: ¡Ah! Sí. (Barre) Lindo Rosario
NÉSTOR: Sí, muy lindo.
GUSTAVO: Mucho quilombo ¿no?
NÉSTOR: Sí.
GUSTAVO: Y se vinieron a descansar unos días, está bien. Claro, acá es bien tranquilo, no pasa nada acá, no pasa nada.
MARÍA: Claro.
GUSTAVO: Yo soy de acá.
MARÍA: (Que terminó de cambiarse, sale de la cama). ¿No quiere dejarnos la escoba y barremos nosotros?
GUSTAVO: No, no se haga problema, que yo termino en un segundo. ¿Hincha de?
NÉSTOR: ¿Qué? Ah… de Newell´s.
GUSTAVO: ¿Y usted también señora?
MARÍA: No, a mí no me importa el futbol.
GUSTAVO: Pero será de ‘Ñul’ ¿no?
MARÍA: No. Mi papá era de Central. Así que si tengo que SER de alguno, sería de Central.
GUSTAVO: ¡Fa! Que quilombo. Se deben pelear mucho.
MARÍA: No, es que yo no le doy bola. Bueno, él tampoco le da bola
NÉSTOR: No, la verdad que no. Es como dijo ella, pero al revés.
GUSTAVO: ¿Y hace mucho que están casados?
Silencio. Caras.
GUSTAVO: Ah. ¿No están casados entonces?
MARÍA: Él, sí.
Néstor mira a María, con una cara dice: “¿Por qué?” o “¿Para qué?”. Gustavo asiente y sigue barriendo, la conversación acaba de entrar en terreno pantanoso.
GUSTAVO: Y bueno, es así… Yo… Un par de veces… Yo también estoy casado.
MARÍA: ¿Un par de veces?
GUSTAVO: No, no, sólo una vez me casé.
MARÍA: (...)
GUSTAVO: Digo que… Un par de veces… Yo… Un par de veces… también la engañé a mi mujer.
NÉSTOR: Ah.
GUSTAVO: Uno… A uno no le… No es que uno quiera… engañar. Pero… a veces…
NÉSTOR: Y sí, que se le va a hacer.
GUSTAVO: ¿Y usted? ¿Está acá?
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: ¿O está trabajando en Rosario?
NÉSTOR: No entiendo.
GUSTAVO: Si lo buscan digo… Es bueno saber qué es lo que tengo que decir. Mire, una vez, acá mismo, había una parejita. Eran de acá nomás, chicos jóvenes. Bueno, parece que la chica tenía novio. El tipo la buscó y la buscó y la buscó, entonces llegó hasta acá. Me encaró a mi, ¡una cara de loco! Me preguntó por una chica así y asá. Yo le indiqué, le dije que podía ser la chica de la cabaña aquella, que sé yo. Nunca pensé nada raro. Bueno, resumiendo, que el tipo entra y se le tira encima y la empieza a cagar a piñas; y el otro, el tipo que había venido con ella, nada, parado, sin hacer nada mientras la fajaban a la chica. Un quilombo, me metí yo a sacarlo, vino la policía, salió en el diario, de todo. Resulta que el jefe, que es bicho, me dice: “Vos la próxima, chito la boca, no sabes nada, no viste a nadie, no sabes na-da”. Eso hago yo ahora, siempre. Pero como con usted ya entramos en confianza… Digo, si alguien lo viene a buscar, ¿qué digo?
NÉSTOR: (Sonriendo). Mientras no sea mi mujer, dígale que estoy acá.
GUSTAVO: (...)
MARÍA: Es una broma, Gustavo, es muy chistoso Néstor.
GUSTAVO: Ah… (Fuerza una sonrisa). Bueno, quedó bastante mejor. ¿No?
MARÍA: Sí, muchas gracias.
NÉSTOR: Genial. ¿Le debo algo?
GUSTAVO: Nooo… Después me deja un quinientos, cuando se vayan, no hay apuro, no se haga problema. ¿Cuándo se van?
MARÍA: Mañana.
GUSTAVO: ¿Ya? Poquito se quedan.
NÉSTOR: Y… sí.
GUSTAVO: Bueno, los dejo. (Empieza a salir. Se detiene en la puerta). Tenía razón che, Néstor.
NÉSTOR: ¿Cómo?
GUSTAVO: En la cantidad de viajes.
NÉSTOR: ¿La cantidad de viajes?
GUSTAVO: Sí. Recién pensé, que si ahora me llevaba el enterito y la escoba… Tenía razón, eran la misma cantidad de viajes.
NÉSTOR: Claro.
GUSTAVO: Bueno, que la pasen bien. No van prender la estufa.
MARÍA: No, no.
GUSTAVO: ¿Seguro no quieren que les traiga otra frazada?
NÉSTOR: No, vamos a estar bien así.
GUSTAVO: ¿Seguro? ¿Usted, señora, que es más friolenta?
MARÍA: No, gracias Gustavo. Yo estaba en la cama porque… No, de verdad, vamos a estar bien así.
GUSTAVO: Bue’... Nos vemos. Cualquier cosa que necesiten, yo estoy toda la noche…
NÉSTOR: Está bien, muchas gracias. (Acompañando a Gustavo hasta la puerta y cerrándola).
MARÍA: Chau. Suerte.
VIII
Es otro lugar o quizás el mismo, pero la luz es diferente.
GUSTAVO: Voy hasta la cabinita, dejo el enterito y agarro la escoba. Vuelvo, barro y me voy. Dos viajes. Voy hasta la cabinita, agarro la escoba. Vuelvo, barro, me devuelve el enterito y me voy. Dos viajes.
IX
Luz total, la puerta está cerrada.
NÉSTOR: ¿Mañana?
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: ¿Cómo que nos vamos mañana?
MARÍA: Y sí… Ya fue.
NÉSTOR: ¿Ya fue?
MARÍA: Sí, con todo ésto. ¿A qué nos vamos a quedar, a charlar con el encargado?
NÉSTOR: Pero María…
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Tengo todo el fin de semana, que querés que invente.
MARÍA: Bueno, vos quedate, si querés.
NÉSTOR: ¿Vos quedate?... ¿Hace cuánto que estamos organizando este finde?
MARÍA: Bueno, mañana vemos. Me voy a dormir.
María se acuesta, vestida, dentro de la cama.
NÉSTOR: ¿Vestida?
MARÍA: Ahá.
NÉSTOR: ¿Se puede saber por qué estás enojada?
MARÍA: No, no estoy enojada.
NÉSTOR: María…
MARÍA: Néstor…
NÉSTOR: Dale mi amor, ya estamos acá, mañana nos vamos, está bien. Pero ¿no te sacás la ropa? Para dormir.
MARÍA: Para dormir.
NÉSTOR: Para dormir, claro.
María, debajo de las sábanas, se quita el pantalón. Se lo tira a Néstor, que sonríe un poco y se saca la remera, salta sobre la cama y comienza a besarla. La destapa un poco.
MARÍA: No, no, que hace frío. Vení, metete adentro.
NÉSTOR: (Metiéndose dentro de la cama). Mhm.
MARÍA: No, no. Tranquilo, en serio, agarré frío.
NÉSTOR: Y en seguida entramos en calor.
MARÍA: No, esperá.
NÉSTOR: Ok, ok, tapados.
Néstor se esconde junto con María bajo las sábanas. Hay mucho movimiento.
MARÍA: Esperá, no.
NÉSTOR: ¿No?
MARÍA: No.
NÉSTOR: No, no. Seguro.
MARÍA: Esperá un poco, Néstor.
NÉSTOR: ¿Qué, qué pasa?
MARÍA: ¿Podés ir más despacio?
NÉSTOR: Claro.
MARÍA: Correte un poco.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Para allá.
NÉSTOR: ¿Dónde es allá?
MARÍA: Dale, Néstor, no empecemos de nuevo.
NÉSTOR: ¿De nuevo con qué?
MARÍA: Con esto de no ver. Con lo de no entendernos.
NÉSTOR: ¿Se puede saber qué te pasa, Mili?
Se detiene el movimiento bajo las sábanas. La cabeza de María asciende.
MARÍA: ¿Qué?
Silencio.
MARÍA: ¿Cómo me llamaste, Néstor?
NÉSTOR: (Ascendiendo) Perdón.
MARÍA: ¿Quién es Mili?
Golpean la puerta.
NÉSTOR: ¿Quién es?
GUSTAVO: (Desde afuera). Soy yo señor, Gustavo, el encargado.
NÉSTOR: ¿Qué pasa?
GUSTAVO: (Siempre desde afuera). Nada importante, necesito hablar un segundo con ustedes. ¿Se puede pasar?
MARÍA: ¿Quién es Milagros, Néstor?
NÉSTOR: Esperá un segundo, Mili… ¡María!
MARÍA: Hijo de puta.
GUSTAVO: (Desde afuera) Es una cosita, nada más.
NÉSTOR: (Hacia afuera) ¡Ya va!
MARÍA: (Hacia afuera) Un segundo, Gustavo. (A Néstor) ¿Quién es Milagros?
NÉSTOR: Nadie.
MARÍA: ¿Nadie?
GUSTAVO: Si me permiten un segundo, no los quiero molestar.
MARÍA: (Hacia afuera) ¡Espere un segundo nada más Gustavo, estoy desnuda!
GUSTAVO: Bueno…
MARÍA: ¿Nadie?
NÉSTOR: Nadie.
MARÍA: Me dijiste Mili.
NÉSTOR: No.
MARÍA: Dos veces, Néstor.
NÉSTOR: No.
GUSTAVO: (Desde afuera). ¿Ya?
MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: Es que es un poco urgente.
MARÍA: ¡Estoy desnuda!
NÉSTOR: Le voy a abrir.
MARÍA: ¿Porque eso te salvaría, no Néstor?
NÉSTOR: Le abro, vemos que le pasa y después charlamos.
MARÍA: Decime quién es Milagros y le abrís.
NÉSTOR: Ya te dije que no es nadie.
GUSTAVO: ¿Ya se cambió señora?
Juntos: NÉSTOR: ¡Sí! / MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: (Siempre desde afuera) ¿Sí o no?
Juntos: NÉSTOR: ¡Sí! / MARÍA: ¡No!
GUSTAVO: ¿Por qué no se ponen de acuerdo?
MARÍA: Si abrís, me voy.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Que si abrís, me voy.
GUSTAVO: Señora, cambiesé por favor.
NÉSTOR: Ya va.
María, miradas de amenaza. Néstor, miradas que buscan entendimiento. La acción está congelada, salvo por las miradas, son las únicas que dicen o hacen algo. Segundos que pasan.
GUSTAVO: No quiero entrar, pero por favor, es un poco… Voy a entrar.
MARÍA: Por favor, Gustavo, no entre.
GUSTAVO: Por favor, es que necesito…
MARÍA: Hablar con nosotros, ya lo dijo, ahora espere un segundo que ya le abrimos.
GUSTAVO: No quiero molestar…
MARÍA: Espere UN segundo. (A Néstor, que está más cerca de la puerta que hace un momento). Si abrís, me voy.
Néstor, tiene la mano sobre el picaporte.
MARÍA: Me voy, Néstor, te juro que me voy.
La mano de Néstor se desliza hacia abajo, muy lentamente, muy despacio, pero se mueve. María lo mira, la amenaza ha colmado la totalidad de su rostro.
MARÍA: Abrí, pero antes alcanzame el pantalón.
NÉSTOR: Por favor, María, ahora hablamos.
MARÍA: El pantalón, Néstor.
GUSTAVO: (Desde afuera) No puede demorar tanto en cambiarse…
MARÍA: Néstor, me pasás el pantalón, ahora.
Néstor, deja el picaporte y toma el pantalón del suelo, se lo alcanza a María, que se lo pone, rápido, nerviosa.
X
Gustavo abre la puerta, ingresa y la cierra detrás suyo. Néstor mira, hacia ambos extremos. María, que ya ha terminado de ponerse el pantalón, sale de la cama, calzándose como puede, se dirige hacia la puerta.
NÉSTOR: Yo no abrí.
MARÍA: Te podés ir un poco a la puta que te parió.
GUSTAVO: Epa… ¿Qué pasó?
NÉSTOR: Este…
MARÍA: Me voy.
GUSTAVO: (Interponiéndose). No.
MARÍA: ¿Cómo?
GUSTAVO: Es que… Es que tengo que hablar con ustedes.
MARÍA: Hable con el señor.
GUSTAVO: No, señora, no la puedo dejar ir.
MARÍA: ¿Qué dice?
NÉSTOR: ¿Qué pasó, Gustavo?
MARÍA: Néstor, ¿le decís que me deje pasar?
NÉSTOR: Un segundo, María, que el señor nos quiere decir algo.
GUSTAVO: Sí, es sólo una cosita.
MARÍA: ¡Néstor!
NÉSTOR: ¿Qué pasa, Gustavo?
MARÍA: Me están secuestrando.
GUSTAVO: Nooo.
NÉSTOR: Pero no, María.
MARÍA: Entonces, déjenme pasar.
GUSTAVO: Eh… No. No puedo.
NÉSTOR: ¿Qué pasa?
MARÍA: Gustavo, ¿me deja pasar? Me voy.
GUSTAVO: Yo… hablo un ratito con ustedes y después, si usted quiere… se va ¿sí?
MARÍA: (Cruzándose de brazos). ¿Qué pasa?
GUSTAVO: No… Este… Lo que dije… Lo que dije sobre mi mujer… Ustedes no… No, no, no, no tenían porqué saberlo.
MARÍA: ¿Que le fue infiel un PAR de veces? ¿Eso?
GUSTAVO: (Mirando hacia la puerta) Shhh. Sí, eso.
MARÍA: Bueno, pero ya lo sabemos. ¿Qué le vamos a hacer? Parece que acá todo el mundo es infiel.
NÉSTOR: María…
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: No, esteee… Me gustaría que ésto quede acá… entre nosotros.
NÉSTOR: Sí, claro, porsupuesto.
MARÍA: No.
GUSTAVO: ¿Cómo?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: A eso me estaba yendo, a decirle a su mujer que usted le fue infiel UN PAR de veces.
GUSTAVO: (Sonríe, un poco, es raro). Pero si usted no sabe adónde vive.
MARÍA: Lo averiguo.
NÉSTOR: No, Gustavo, ella está un poco… alterada.
MARÍA: ¿Alterada estoy?
GUSTAVO: Por favor, señorita…
MARÍA: María me llamo, María… No me llamo Milagros, ni señora, si señorita, me llamo María.
GUSTAVO: Señora María.
MARÍA: María sólo. María.
NÉSTOR: Mili, ¿te podés tranquilizar un rato?
MARÍA: ¡¿Vos me estás tomando el pelo, la concha de tu madre?!
NÉSTOR: ¡María!
GUSTAVO: Usted, es bastante pelotudo también.
MARÍA: ¡¿Me deja pasar, Gustavo?!
GUSTAVO: ¡No!
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: ¿Por qué no?
GUSTAVO: Es que necesito que… Que ustedes me prometan que… Que no van a decir nada.
NÉSTOR: Pero ni sabemos quién es usted, ni quién es su esposa, ni nada. No entiendo qué es lo que no podemos decir.
GUSTAVO: A mí con que me lo prometan me alcanza.
NÉSTOR: Bueno, está bien, se lo prometo. María, prometéselo.
Pausa. En el rostro de María, sólo hay bronca.
NÉSTOR: María.
GUSTAVO: Por favor señ… María.
Pausa, los hombres esperan la respuesta de María, silencio.
MARÍA: ¿Quién - es - Milagros?
Pausa, ahora se espera la respuesta de Néstor.
NÉSTOR: Gustavo, ¿nos permite un segundo?
GUSTAVO: Y… No.
NÉSTOR: (...)
GUSTAVO: Necesito que me lo prometan… los dos.
MARÍA: ¿Quién - es - Milagros, Néstor?
Pausa.
GUSTAVO: ¿Por qué no le contesta? (Néstor lo mira, con rabia). Así aceleramos el trámite, digo.
NÉSTOR: Milagros… es una... una chica que conozco.
MARÍA: ¿Qué tanto la conocés?
NÉSTOR: No mucho.
MARÍA: ¿Te la cojés?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Te la cojés?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor…
GUSTAVO: ¿Te la cojés o no… Néstor?
Pausa. Néstor asiente.
GUSTAVO: Se la coje.
MARÍA: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Hace cuánto?
GUSTAVO: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: Perdón, ¿usted qué hace acá todavía?
GUSTAVO: Estoy esperando a que se arregle esto, para que se pueda arreglar lo mío.
NÉSTOR: Vaya tranquilo, nadie le va a decir nada a su mujer.
GUSTAVO: Y… ¿Usted qué dice María? ¿Me puedo ir tranquilo?
MARÍA: (...)
GUSTAVO: Parece que todavía no.
MARÍA: ¿Hace cuánto?
NÉSTOR: ¿Qué cosa?
MARÍA: ¿Hace cuánto que te la cojes? Por dios.
NÉSTOR: María, ¿le podés decir a Gustavo que no vas a decir nada, así podemos discutir lo nuestro?
MARÍA: ¿Hace - cuánto?
NÉSTOR: María… ¿Te parece discutir esto en frente de él?
MARÍA: (...)
NÉSTOR: Un año.
MARÍA: (Parece no entender) ¿Cómo hacés?
Néstor no responde. María lo mira, insistente. Al ver que no obtendrá respuesta quiere irse. Gustavo la detiene. María sigue sin entender.
GUSTAVO: A mí con la palabra de ustedes, me alcanza.
MARÍA: Néstor, ¿le decís a este tipo que me deje pasar?
NÉSTOR: ¡Y decile de una buena vez que no vas a decir nada!
MARÍA: (Pausa) No voy a decir nada, Gustavo. ¿Me deja pasar ahora?
GUSTAVO: ¿Me lo promete?
MARÍA: (Pausa) Se lo prometo.
GUSTAVO: Dígalo todo junto.
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: Dígalo todo junto.
MARÍA: ¿A qué?
GUSTAVO: Diga: Le prometo que no voy a decir nada.
MARÍA: (Pausa. Rabia). Le prometo que no voy a decir nada.
GUSTAVO: ¿Ve?... Fácil.
Gustavo le deja el paso libre para que se vaya. María hace un paso, abre la puerta y… se detiene.
MARÍA: Milagros ¿qué?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Milagros - ¿Qué?
NÉSTOR: No la conocés.
MARÍA: Milagros - ¡¿Qué?!
NÉSTOR: …No sé.
MARÍA: ¿No sé?
GUSTAVO: ¿No sé?
NÉSTOR: (A Gustavo) Ya arregló lo suyo. ¿Se puede retirar?
MARÍA: Milagros ¿qué? Néstor…
NÉSTOR: ...Graña.
MARÍA: (Girando, volviendo). Tiene veinte años.
GUSTAVO: Epa.
MARÍA: ¡¡¡¿Se puede ir?!!! ¡¡¡La puta que lo parió!!!
GUSTAVO: Bueno, no hay necesidad de gritar o insultar así, eh.
NÉSTOR: Déjenos solos, Gustavo.
GUSTAVO: Falta usted.
NÉSTOR: ¿Qué cosa?
GUSTAVO: Tiene que decirlo usted, y todo junto.
MARÍA: Néstor, tiene veinte años. Es amiga de tu hija.
GUSTAVO: Uf.
NÉSTOR: ¡Señor!
GUSTAVO: Bueno, bueno. Dígalo y me voy.
NÉSTOR: (..)
MARÍA: Decílo, Néstor. Decílo - ya.
NÉSTOR: Le prometo que no voy a decir nada.
GUSTAVO: Suficiente para mí…
Gustavo emprende la retirada del cuarto, se va demasiado lento, demasiado lento para la situación que se está viviendo. Mientras tanto, María y Néstor, están congelados. Son la personificación del odio y la congoja, sus estatuas conmemorativas.
XI
Quizás el mismo lugar, pero la luz es diferente.
NÉSTOR: Es una aventura.
MARÍA: Una aventura dura una noche, dos, como mucho. así le podés contar a tus amigos que te cogiste a una pendeja de veinte… de diecinueve.
NÉSTOR: Nunca pensé que podía enamorar a una chica de veinte. Si lo pienso, es extraño. Lo hice para contarlo, para contármelo. Sería sólo una aventura. Pasó un año. Y ahora es demasiado tarde. Y ahora me cuesta hasta pensarlo.
MARÍA: Una aventura dura poco. Néstor, estás teniendo una relación, una relación con una pendeja de diecinueve años.
XII
Luz total. La puerta está cerrada. Finalmente, después de un tiempo muerto, una de las estatuas habla.
MARÍA: Es una amiga de tu hija.
NÉSTOR: No son tan amigas.
MARÍA: Es una amiga de tu hija.
NÉSTOR: ¿Vas a repetir siempre lo mismo?
MARÍA: ¿Y hace un año? O sea que te la cojes desde que tiene diecinueve.
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Sí, dice.
NÉSTOR: ¿Y qué querés? ¿Qué te diga que no?
MARÍA: ¿Y yo?
NÉSTOR: ¿Cómo “y yo”?
MARÍA: No te alcanza con una, con dos.
NÉSTOR: Es una aventura.
MARÍA: No, una aventura dura una noche, dos, como mucho. Y así le podés contar a tus amigos que te cogiste a una pendeja de veinte… de diecinueve. Una aventura dura poco. Néstor, estás teniendo una relación, una relación con una pendeja de diecinueve años.
NÉSTOR: Veinte.
MARÍA: ¿Y yo?
NÉSTOR: No te entiendo con ese: “y yo”.
MARÍA: En dónde quedo yo, que soy yo, dónde me quedo yo, QUÉ HAGO YO, A DÓNDE ESTOY. No entiendo, no entiendo nada.
NÉSTOR: Yo a vos, te amo.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Eso que escuchaste.
MARÍA: ¿Y elegís justo este momento para decirlo, hace cinco años que estamos juntos y elegís este momento para decirlo?... ¿Y tu mujer?
NÉSTOR: ¿Mi mujer?
MARÍA: Si, tu mujer. ¿Sabe?
NÉSTOR: ¿Cómo va a saber?
MARÍA: No entiendo, no entiendo cómo hacés.
NÉSTOR: ¿Cómo hago, qué?
MARÍA: ¿Que cómo hago qué? Ésto, ¿cómo haces para tener dos amantes y una mujer?
NÉSTOR: No sé.
MARÍA: Mirá, Néstor, yo nunca te pedí nada, nunca te pedí que dejes a tu mujer, nunca te pedí nada. Pero ésto es demasiado, es demasiado, tiene veinte años, es amiga de tu hija, esto no dá, ¿entendés? No dá. Tenés que ponerle fin a esto.
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor…
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Néstor… No.
NÉSTOR: (...)
MARÍA: No, Néstor, no. No me lo digas, por favor.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Está embarazada.
NÉSTOR: ¡NO!
Pausa.
NÉSTOR: Sí.
Tiempo...
MARÍA: LO SABÍA, LO SABÍA, LO SABÍA. ¿De cuánto?
NÉSTOR: ¿De cuánto?
MARÍA: ¿De cuántos meses está?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Ay dios mío, vas a ser el abuelo.
NÉSTOR: ¿Qué decís?
MARÍA: Eso, vas a ser el abuelo, es el hijo de la amiga de tu hija.
NÉSTOR: No son TAN amigas, cortala con eso.
MARÍA: Cogeme ahora.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Ahora, me coges ahora, estoy fértil. Me cogés y me embarazás a mí también.
NÉSTOR: Estás delirando, María, calmate.
MARÍA: Calmate dice. Cogeme, la puta madre.
NÉSTOR: NO.
MARÍA: Voy a ser abuela, boludo. Abuela del hijo de mi amante con su hija.
NÉSTOR: María…
MARÍA: Cogeme o me cojo a Gustavo… ¿En serio me amás?
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: ¿Desde cuándo?
NÉSTOR: ¿Hace falta precisar?
MARÍA: Sí.
NÉSTOR: Desde el día en que te conocí.
MARÍA: No te pongas romantico ahora, pelutudo.
NÉSTOR: Es verdad, María.
MARÍA: Bueno, por lo menos me dijiste el nombre correcto… ¿Y a ella?
NÉSTOR: ¿A quién?
MARÍA: A tu mujer… Y a la pendeja también.
NÉSTOR: No sé, es complicado.
MARÍA: ¿Me amás?
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Entonces embarazame.
NÉSTOR: No, María, escuchate.
MARÍA: Tenés razón, tenés razón, estoy diciendo cualquier cosa ¿no? Bueno. Tenés razón.
Tiempo.
MARÍA: No me dijiste de cuanto está.
NÉSTOR: ¿Quién?
MARÍA: Cuántos meses de embarazo.
NÉSTOR: No, es…
MARÍA: Lo tuvo… ¿Lo tuvo ya?
NÉSTOR: No.
MARÍA: ¿No
NÉSTOR: No… Pronto.
MARÍA: ¿Qué TAN pronto?
NÉSTOR: Tiene fecha para el próximo mes.
MARÍA: NO, no, no. Decime que no la preñaste con diecinueve,
NÉSTOR: No.
MARÍA: ¿No?
NÉSTOR: No sé, no sé, no me acuerdo de eso.
MARÍA: ¿Cómo no te vas a acordar? Néstor.
NÉSTOR: María… voy a ser abuelo otra vez.
MARÍA: Padre.
NÉSTOR: Sí, eso. Y con una amiga de mi hija.
MARÍA: No son TAN amigas.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: ¿No es eso lo que decías?
NÉSTOR: Sí, que se yo.
Tiempo.
MARÍA: ¿Me amás?
NÉSTOR: Sí, que sé yo.
MARÍA: Tenemos que decirle todo a tu mujer, Néstor.
NÉSTOR: Sí, creo que sí.
MARÍA: Lo de ella… Y lo mío.
Pausa. Tiempo.
NÉSTOR: Sí… Creo que… sí.
MARÍA: Mañana.
NÉSTOR: ¿Mañana?
MARÍA: Mañana.
NÉSTOR: Mañana.
XIII
La otra luz, el mismo lugar.
MARÍA: Voy a ser abuela. abuela antes de ser madre. Voy a ser abuela del hijo de mi amante con su hija.
Se suma otra luz. Vemos sólo la silueta de otra mujer, no vemos su rostro, no la vemos completamente. Es una silueta tétrica. Sólo vemos que es una mujer y que lleva poca ropa. Se llama Laura.
LAURA: La gente civilizada. La gente civilizada, dice. ¿Vos sabés lo que hace la gente civilizada? La gente civilizada no se ensucia las manos, la gente civilizada ocupa a otras personas, para que se hagan los trabajos que les correspondería hacer a ellos. La gente civilizada no tiene huevos. La gente que NO, la gente que no está ci-vi-li-za-da, la gente como una, esa es la gente que vale la pena. No me vengas a querer convertir, mormón de la civilización, éste es un camino que elijo, no el que me toca, esto es una opción, no es una herencia. Así que venite para esta parte y hablame de igual a igual o seguí con tu civilización y comete un tiro vos también.
XIV
Luz total. Ingresa Gustavo a la habitación, tiene una cara de susto que asusta, María y Néstor se asustan también, por la entrada, por la cara.
GUSTAVO: Acuérdense lo que prometieron.
MARÍA: ¡¿Qué?! / NÉSTOR: ¡¿Qué?!
Entra Laura, lleva poca ropa y una escopeta.
LAURA: ¡Te voy a volar la cabeza hijo de puta!
MARÍA: ¡Wow! / NÉSTOR: ¡Epa!
LAURA: Dale, salí de acá, que no te voy a matar a delante de la gente, cagón.
GUSTAVO: Justamente, justamente esta gente son conocidos míos que saben…
MARÍA: ¿Qué?
GUSTAVO: Preguntale a la señora… Preguntale…
LAURA: ¿Qué cosa querés que le pregunte?
NÉSTOR: ¿Por qué no se tranquiliza, señora? ¿Hay algo…
LAURA: ¡Callate la boca vos, cara de sapo!
GUSTAVO: A la señora, preguntale, ella sabe.
LAURA: Habla yegua.
MARÍA: ¿De qué?
LAURA: No sabe nada, te voy a volar los sesos, dale, salí.
GUSTAVO: No, mi cielo, escuchá un poco.
LAURA: No voy a escuchar a nadie.
NÉSTOR: ¿Qué es lo que está pasando acá?
LAURA: ¿No lo ves, puto? Vengo a matar a este mierda.
NÉSTOR: ¿Pero por qué?
LAURA: Porque me desperté con ganas.
NÉSTOR: No podemos hablar como gente civilizada.
LAURA: ¿Gente civilizada? Gente civilizada, dice. La gente civilizada no tiene huevos. La gente como una, es la gente que vale la pena. No me vengas a querer convertir, mormón de la civilización, éste es un camino que elijo, es una opción, no una herencia. Hablame de igual a igual o comete un tiro vos también.
GUSTAVO: Con la señora, hablá con la señora.
MARÍA: No me digás señora, ya te dije que me llamo María.
Pausa.
LAURA: “Ya te dije que me llamo María”. ¿Ya te dije? Así que es verdad que se conocen, hablá entonces.
MARÍA: Mire, no sé qué quiere que le diga. Nosotros llegamos hoy acá con mi… con mi novio Néstor y… Sí, sí lo conocemos a Gustavo. Él nos arregló el… la estufa había hecho un corto… Se cortó la luz y él nos la solucionó. Fue muy amable con nosotros, nos ofreció frazadas de más, para el frío, nos arregló la luz. No sé qué más quiere que le diga.
LAURA: ¿Es un buen tipo?
MARÍA. ¿Cómo?
LAURA: ¿Usted diría que Gustavo es un buen tipo?
MARÍA: Claro.
LAURA: ¿Usted pondría las manos en el fuego para asegurar que Gustavo es un buen tipo?
MARÍA: Bueno… no lo conozco… tanto no la conozco.
NÉSTOR: María…
LAURA: Estoy hablando con ella, sapito.
GUSTAVO: Mi cielo…
LAURA: Y vos también te callás, reza para que tus últimas palabras no sean “mi cielo”, porque te vas a arrepentir. Hable…
MARÍA: (...)
LAURA: La vida de ese hombre depende de usted.
MARÍA: (...)
LAURA: Si se mantiene callada quiere decir que no pondría sus manos en el fuego ¿no?
MARÍA: Yo no pongo las manos en el fuego por nadie.
LAURA: ¡No me venga con lugares comunes, querida!
MARÍA: ¡Es un buen tipo!
LAURA: ¿Y un buen tipo puede engañar a su mujer?
MARÍA: ...Sí... Aunque no estoy diciendo que él la haya engañado. Lo que que digo es que es posible.
LAURA: Tenemos tres hijos.
MARÍA: La entiendo.
LAURA: ¿Usted, tiene hijos?
MARÍA: No, no tengo.
LAURA: Entonces, no entiende una mierda.
NÉSTOR: Yo sí tengo hijos.
LAURA: (Apuntándolo) Vos me cansaste, sapito, por ahí mato a dos pájaros esta noche.
NÉSTOR: Si usted quisiera matar a alguien, ya lo habría hecho, ¿no le parece?
Laura mata a Gustavo.
LAURA: Ya está.
Pausa.
Eterna.
MARÍA: Ah, la mierda.
LAURA: La escopeta esta tiene sólo dos tiros. Siempre pensé que en una situación como ésta, una dispararía los dos al mismo tiempo. Por los nervios y todo eso. Pero no, fue en un segundo que pensé todo. ¡Qué digo un segundo! Mucho menos de un segundo. En mucho menos de un segundo me dije: “Ahora lo mato, para que éste se entere de que la cosa va en serio. Pero tengo que disparar solamente un tiro, porque esta escopeta tiene sólo dos. Después me queda uno para matar al sapito. Total, por uno ya voy en cana. ¿Habrá mucha diferencia en la pena? Ninguna, que sé yo”. Y ahí me ordené: “Mové el dedo para que sólo dispare un gatillo y matalo”. Mientras me lo decía, lo hice y le disparé. Todo eso pensé, todo eso en menos de un segundo. También pensé en mis hijos, puse en una balanza imaginaria un futuro sin su padre y con su madre presa; y del otro lado, un futuro con un padre pelotudo y una madre deprimida. Obviamente que ganó el segundo, por lo menos los chicos tenían padres. Pero después tiré todo a la mierda y decidí el mal peor, decidí que tenía que hacer lo que tenía que hacer. Todo eso pensé, todo eso pensé e hice al mismo tiempo. Muy raro. Todo eso en menos de un segundo, ¿cuánto habrá sido? ¿Un cuarto de segundo? Qué cosa rara son los pensamientos, uno cree que necesita tiempo para pensar, uno cree que pensar y hacer distan mucho en el tiempo, pero en cambio, las cosas se piensan y se hacen, y siempre al mismo momento. Uno piensa y hace. Siempre.
XV
El otro lugar.
NÉSTOR: Me abalanzo encima de ella, seguramente antes de llegar me mata, pero gasta el último cartucho y María puede correr y pedir ayuda. Otra posibilidad, es que no me dé de lleno, que me pegue en un brazo, por ahí puedo safar. ¿Safar, de qué? De la muerte, pero no de que todo el mundo se entere de que estoy acá con otra mujer. ¿Cómo le voy a contar lo que hice todo éste tiempo? ¿Cómo voy a hacer para mantener un hijo con una mina de veinte años? ¿Cuánto tiempo me queda de vida? Me quedo quieto, esperando, a ver si no quiere matarme. ¿Por qué justo éste lugar? ¿Por qué no otro? ¿Y si no se cortaba nunca la luz? ¿No pasaba nada de lo que pasó?
LAURA: Pero no, fue en un segundo que pensé todo. ¡Qué digo un segundo! Mucho menos de un segundo. En mucho menos de un segundo me dije: “Ahora lo mato, para que éste se entere de que la cosa va en serio…
MARÍA: Tengo treinta y seis años, me llamo María Emilia Ramazotti, soltera, sin hijos. Durante más de cinco años estoy en pareja con un hombre casado y con familia. Estoy enamorada. ¿Estoy? Me llamo María Emilia, estoy en pareja, no puedo decir con quien. ¿Estoy en pareja? Me llamo María, me tomé el fin de semana para viajar a una cabaña con mi pareja. Tengo ganas de mandar todo a la mierda. ¿Tengo ganas de mandar todo a la mierda? Tengo treinta y seis años, mi mamá me dijo, la semana pasada, que me iba a quedar para vestir santos, así me dijo, utilizó la frase “para vestir santos”, la odié por más de una hora, por más de una hora odié a mi madre, quería matarla o morirme. Después, más tarde, me dió un mate, me miró a los ojos, yo estaba comiendo una galletita, me sentí una nena y volví a quererla. Mi mamá tiene sesenta años, sé que va a morirse antes que yo, por lo menos hasta hace un segundo, tenía esa certeza, ahora, ahora no lo sé. Sé que la mataría enterarse que mataron a su hija, no lo soportaría. Hasta podría suicidarse por eso. Yo no, yo nunca pensé en el suicidio. La prima de mi mejor amiga se suicidó cuando tenía veinte.
LAURA: También pensé en mis hijos, puse un una balanza imaginaria un futuro sin su padre y con su madre presa; y del otro lado, un futuro con un padre pelotudo y una madre deprimida. Obviamente que ganó el segundo…
GUSTAVO: (Observa su pecho ensangrentado, está parado). ¿Qué pasó?...
LAURA: Ya está.
GUSTAVO: ¿Ya está?... ¡Qué cara que va a poner el Don Alberto cuando vea este quilombo! Esa escopeta… Era de mi viejo. En su velorio, Laura, estaba embarazada de Agustín. ¿Y si no se hubiera cortado la luz?
LAURA: Ya está.
GUSTAVO ¿Ya está?...
Gustavo cae muerto.
MARÍA: Me llamo María Emilia Ramazotti, tengo treinta y seis años y en este momento no estoy pensando. Si me dieran a elegir perder uno de los cinco sentidos, perdería la vista. Creo que eso quedó más que claro. (Pausa). Ah, la mierda.
LAURA: La escopeta esta tiene sólo dos tiros. Siempre pensé que en una situación como ésta, una dispararía los dos al mismo tiempo.
XVI
LAURA: Todo eso en menos de un segundo, ¿cuánto habrá sido? ¿Un cuarto de segundo? Qué cosa rara son los pensamientos, uno cree que necesita tiempo para pensar, uno cree que pensar y hacer distan mucho en el tiempo, pero en cambio, las cosas se piensan y se hacen, y siempre al mismo momento. Uno piensa y hace. Siempre.
Mirando a María.
LAURA: ¿Cómo era que te llamabas?
MARÍA: María, me llamo María.
LAURA: Tenés pinta de ser buena mina.
MARÍA: ¿Usted…
LAURA: ¿Qué?
MARÍA: ¿Cómo se llama?
LAURA: Laura.
MARÍA: Laura… ¿por qué no me da la escopeta?
LAURA: Es que… le queda un tiro.
MARÍA: (...)
LAURA: Es como un vicio. Ahora necesito… necesito usarlo. Lo que no sé, es en quien. Hay tres opciones acá.
Laura lleva poca ropa, tiembla. Mira a Néstor.
MARÍA: Él… Él se llama Néstor y… nosotros somos… una pareja.
LAURA: Ajá.
MARÍA: Él, hoy, me dijo… me dijo que estaba enamorado de mí.
LAURA: Me alegro mucho.
MARÍA: Y yo también… yo también lo amo.
LAURA: Son la pareja perfecta.
MARÍA: No, no lo somos.
LAURA: ¿Ah, no?
MARÍA: No… ¿No tiene frío, Laura?
LAURA: Algo… no me dí cuenta hasta ahora.
MARÍA: Néstor, ¿por qué no prendés la estufa?
Néstor mira a María que mira a Néstor. Laura no mira, pero tiene los ojos abiertos.
LAURA: Sí, prendé la estufa, Sapito.
Néstor mira a María que mira a Néstor. Despacio y en cuatro patas se acerca a la estufa y la enchufa. Laura no mira, pero tiene los ojos abiertos. ¿Piensa?
Tiempo.
LAURA. ¿Qué harías vos, María?
MARÍA: ¿Yo?
LAURA: Sí, ¿vos que harías?
MARÍA: No entiendo.
LAURA: Si tendrías que elegir en quién gastar el último tiro y tenés entre las opciones a un mierda, a una hija de puta y a vos misma. ¿En qué lo gastarías?
MARÍA: ¿Perdón?
LAURA: Sí, la mierda es ese tipo que está ahí, todo asustado y sin huevos para defender a la mujer que supuestamente ama. Que seguramente está pensando en cómo hacerlo, pero no se anima ni a mover un dedo. En el mejor de los casos, en el mejor de los casos está pensado en eso. Porque puede ser que esté pensando en otra cosa. Uno nunca sabe. (Mirado a Néstor). ¿En qué pensás, mierda?
NÉSTOR: ¿En qué pienso?
LAURA: ¿En qué pensás?
NÉSTOR: No sé.
LAURA: Sí que sabe, le da vergüenza decirlo. Por ahí está pensando en qué van a decir de él las minas después de muerto, se puede esperar cualquier cosa de un tipo así. Pero quedate tranquilo soretito, que no sos el que va ganando la pulseada. Porque vos, María, sos la hija de puta.
MARÍA: ¿Pero…
LAURA: “¿No tiene frío, Laura?”. “¿Por qué no prendés la estufa, Néstor?”. ¡Qué hija de puta! Una hija de re mil putas... Pero con unos ovarios lo suficientemente grandes como para apostar por que la luz se corte y safar junto a tu novio. Merecés que dude… Y después estoy yo, que no sé bien si vale la pena quedarse a bancar lo que me toca. Pero sólo le queda un tiro a esta poronga de fierro. Sino, te aseguro que sería (apuntando a Néstor) pum, (apuntando a María) pum, (apuntándose a ella misma) PUM.
Apagón.
XVII
No se ve nada.
LAURA: ¡Uy! Se cortó la luz.
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: María, no hables.
MARÍA: Callate, Néstor. Laura…
NÉSTOR: María, por favor.
MARÍA: Pero si vos también estás hablando, Néstor. ¿Qué te dió? ¿Un arrebato de valentía y protección?
NÉSTOR: ¿Se fue?
MARÍA: Sh.
NÉSTOR: Se fue.
MARÍA: No… la escucho.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Está por acá.
NÉSTOR: ¿Dónde?
MARÍA: Por acá.
NÉSTOR: ¿Y dónde es acá?
MARÍA: Acá es acá, Néstor.
NÉSTOR: No veo.
MARÍA: Acá adentro. No te muevas.
NÉSTOR: No me estoy moviendo.
MARÍA: Por eso, no lo hagas.
NÉSTOR: María.
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: María…
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: ¡María!
MARÍA: ¡¿Qué?!
NÉSTOR: (...)
MARÍA: ¿Qué pasa?
NÉSTOR: Está acá.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Laura, está acá.
MARÍA: Ya sé.
NÉSTOR: No, está acá. Al lado mío.
MARÍA: ¿Cómo?
NÉSTOR: Eso que te digo.
MARÍA: Pero, ¿cómo lo sabés?
NÉSTOR: Tengo… me está apuntando.
MARÍA: Si no se ve nada.
NÉSTOR: ¡Por que siento un puto caño en la espalda!
MARÍA: Laura…
NÉSTOR: Laura…
MARÍA: Laura, por favor, no dispares. Laura… ¿Néstor?
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: ¿Estás seguro?
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Si estás seguro.
NÉSTOR: ¿De qué?
MARÍA: De que te está apuntando.
NÉSTOR: Sí.
MARÍA: Por ahí es otra cosa.
NÉSTOR: ¿Cómo otra cosa?
MARÍA: Como el celular y la billetera.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Fijate si es la escopeta o si es una silla, sapito.
NÉSTOR: ¿Cómo?
MARÍA: Eso, que te fijes.
NÉSTOR: No, ¿cómo me dijiste?
MARÍA: Que te fijes si es la escopeta…
NÉSTOR: Eso sí, eso lo entendí, lo que dijiste después. ¿Cómo me llamaste?
Silencio.
NÉSTOR: María… ¿Laura?... Hola… ¿Hay alguien acá?... ¡AYUDA!
MARÍA: Néstor.
NÉSTOR: ¡Ah!
MARÍA: No está.
NÉSTOR: ¿Quién?
MARÍA: Laura, se fue.
NÉSTOR: ¿Cómo sabés?
MARÍA: No está, Néstor.
NÉSTOR: ¿Por qué no me contestabas?
MARÍA: ¿Cuándo?
NÉSTOR: Recién, te hablaba y nada. Y me dijiste Sapito.
MARÍA: ¿Querés que hablemos ahora de llamar a las personas con otro nombre?
NÉSTOR: (...)
MARÍA: Ok, seguime.
NÉSTOR: No entiendo nada María, tengo miedo, quiero ver, quiero que vuelva la luz.
MARÍA: Seguime.
NÉSTOR: ¿Para dónde?
MARÍA: Por acá…
NÉSTOR: No me jodas, María, no veo, no veo dónde estás. No puedo seguirte si no sé dónde estás.
MARÍA: Seguí mi voz… ¡Dale, Néstor!
NÉSTOR: Ok… Ok… Ahí voy. (Ruido). ¡La puta madre! Me golpeé con algo. (Otro ruido). Uy, ¿y esto?
MARÍA: Dale, Néstor. Seguí mi voz.
NÉSTOR: Me caí, estoy en el piso y me duele la rodilla.
MARÍA: Ay, dios. Cuidado con Gustavo.
NÉSTOR: ¿Qué?
MARÍA: Eso, cuidado con Gustavo, no te lo vas a encontrar.
NÉSTOR: La puta que te parió, María. No lo había pensado hasta ahora.
MARÍA: ¿Podés moverte?
NÉSTOR: No. ¿Sabés que ahora no? Estoy paralizado acá.
MARÍA: ¡Dale, Néstor!
NÉSTOR: Esperá.
MARÍA: ¿Qué?
NÉSTOR: Acá hay algo. Creo que es… ¡mi celular!
MARÍA: Esperá. No lo prendas.
NÉSTOR: ¿Qué? ¿Por qué?
MARÍA: No lo prendas, Néstor.
XVIII
La luz del celular se prende, ilumina el rostro de Néstor. Ahora se prende la linterna. La luz comienza a iluminar poco a poco cada rincón de la habitación. De repente, vemos a María, está cargando el cuerpo de Gustavo. El celular se cae al suelo, Néstor lo hizo caer, del susto. Vuelve a alumbrar, otra vez María, sigue sosteniendo el cuerpo de Gustavo.
NÉSTOR: María, ¿qué hacés?
MARÍA: Pensé. Pensé en esconder el cuerpo. Pensé en irnos después de esconderlo, pensé en volver a nuestras vidas tal cual eran antes de vivir todo esto. Pensé en que podemos hacerlo, pensé en que podemos soportarlo, nosotros no matamos a nadie. Pensé en que le podés decir a tu mujer que la mierda que le inventaste terminó antes. Que podemos vivir igual, aunque guardemos secretos, que podés tener a tu hijo sin que nadie se entere, como nadie se enteró hasta ahora de eso, como nadie se enteró en cinco años de lo nuestro. Pensé en que si a alguien van a buscar, va a ser a Laura y no a nosotros, que en esta cabaña de mala muerte ni siquiera nos pidieron nuestros nombres. Pensé que si las cosas no se ven, no pasan. Pensé, también, en que yo, estaba equivocada. Que no somos los hijos del sentido de la vista, sino sus viudas. Y que, como Laura, fuimos nosotros mismos quienes lo matamos a sangre fría. Porque no queremos ver. Todo eso pensé. Mientras vos prendías el celular y volvíamos ver. Ya elegimos. Nosotros ya elegimos qué sentido perder, todos lo elegimos y estamos muy conformes con eso. Pero… pero no lo vemos, no lo sabemos, porque no lo vemos. Y no saber, fue nuestra decisión.
Néstor apaga su celular.
FIN
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