PERSONAJES:
SILVIO
Silvio camina y habla por teléfono.
SILVIO: Hola… ¿Qué hacés, papu?... Acá, caminado un poco y pensando en la vuelta ya… Bien che, bien… La verdad que muy bien… Sí, sí, te cuento, te cuento… Al principio pensé que había viajado al pedo, me hicieron esperar una horita aproximadamente, hasta que me atendieron. Era un tipo trajeado, limpito, presentable, viste que ellos son así, les gusta mostrar, les gusta aparentar nivel… Otro nivel, eso… ¡No! No les anduve con vueltas, de toque se lo dije, me sentaron en una mesita y yo que era una sota de bastos, les digo, de uan’: “Tengo una oferta para hacerles, quiero comprar coca cola, con la fórmula y todo”. Abrieron los ojos así… Sí, eran dos, porque después del primero llegó otro… Y, qué sé yo, para mí que me vieron interesante, la facha, no sé. Algo les llamó la atención. Como te decía, en ese momento ya eran dos, los tipos. “No andertand, espik inglish”, me dicen. ¡¿Que yo hable inglish’?! ¡¿Pero por qué no hablan ellos espanish’?! Pero no, me calmé, conté hasta cinco, me hablé a mí mismo, me dije que acá estaba para hacer negocios y no para agarrarme a piñas, respiré hondo y les dije: “¿Que no anderstan? Yo speck en chainis. Te sei que ai want to bay dis empres, wid de fórmula magic an evrithin… FADER”. Yo no te quiero decir que se asustaron, pero por lo menos se dieron cuenta de que la cosa iba en serio, porque el más alto, puso una cara rara, la arrugó un poco, hizo así con la cabeza y salió a buscar a un tercero. En un momento éramos cuatro en la oficinita. Los dos que te venía diciendo y un peruano, que laburaba ahí. Que me iba a traducir, me dice el peruano, que si tengo alguna queja ellos me lo pueden solucionar. “Decile a estos dos pelotudos”, le dije así, te juro. “Decile a estos dos pelotudos, que yo no tengo quejas, que tengo una OFERTA, ¿que qué parte de la palabra OFERTA no entienden? Que yo estoy acá, para comprar este boliche, que guita no me falta y que quiero comprar TODO TODO. La fórmula mágica, las botellitas, el papá noel y todo”... Y ahí el peruano empezó: “que wachi wau, que wachi wau, que wachi wachi, wachi wo”. SILENCIO. Yo recostado tranquilo sobre la silla, mirando a todos por encima del hombro, no me prendí un pucho porque había un cartelito y entonces, el alto, que hasta ese momento me caía mal, se empieza a sonreír, de OREJA a OREJA la sonrisita, para mí que empezó a ventear el olor a guita, ¿viste?... Ahí me dije: es tu momento campeón. Me paro, me levanto de la silla ¿no?, pongo el maletín sobre la mesa y les hablo, tranquilito les hablo: “Drink a cher, drink a cher evriguan”. CLIK, CLIK, destrabo el maletín y TUQUI, lo abro en ca-ma-ra-len-ta… Se abrazaban entre ellos. se reían de felicidad, se tiraban al piso, le pagaban al suelo con el puño, los tres. “Iu ar ameicin, iu ar ameicin”, me decían. Y eso que no tenía toda la guita del premio, porque el pasaje a Atlanta no sabés lo que me costó… ¡Ah! Esperá porque esto es un tema aparte. ¡Aburrido Atlanta! Un embole macho, un em-bo-le… Pero es como yo te digo, los negocios son lindos después, cuando salen. Y a la guita que viene de arriba hay que invertirla, hay que hacer más guita, hay que hacer negocios. Y este, un negoción… Bueno, no te quiero aburrir con las anécdotas de Atlanta, después te contaré… El hotel es lindo, sí. Buen hotel. Cerca del centro, mucho taxi, mucho auto, buenos autos, pero cero joda. Vos pedís un fernet y te miran raro. Te sirven la medidita. “No, fernet wid couk”, les digo. Ni idea tienen. Entonces les explico. “In dis gas, put fernet and couk, in de seim glas, de chu drinks convineided, an ais, plis”. Y el chabón me lo preparó, bastante bien le salió. Me lo tomé a lo coboy, de un solo saque. “¡Anader! An uan for iu”, le dije… En el bar, en el bar del hotel… Y ahí le expliqué que esta bebida, ahora que yo iba a ser el dueño de coca cola se iba a popularizar en todo el word’. ¡Qué rico, hermano! Te tengo que decir que el sabor que tiene la coca acá es mejor que el nuestro, es más fresca, más nueva, recién salidita del horno. Me tomé cinco o seis, la verdad no me acuerdo, y me fui a dormir, porque tenía la reunión hoy a la mañana y porque joda no iba a encontrar, igual mejor, mirá si iba con resaca a hablarle a los yanquis estos… ¡Bue!, te sigo contando… Después de festejar como te decía, el más alto de todos, que para mí era el dueño, me dijo que wei’ a second’ y salió, los otros seguían festejando, secándose las lágrimas de ver tanta guita junta y al cabo de tres cuatro minutos, vuelve el tipo con un maletín, bastante parecido el mío. Hace el mismo gesto que yo, CLIK, CLIK, TUQUI, abre y adentro estaba todo. ¡La fórmula secreta! Yo me di cuenta que era la original, porque estaba escrita a mano en una hoja de papel y en inglés. “¡Dis is the formula of coca cola!”. Y, ¿sabés lo que había al lado de la hoja?... Una coca, chiquita, en botella de vidrio, sin abrir… Un detalle. Te juro que me emocioné, se me piantó un lagrimón, como dice el tango. Porque a mí la coca cola siempre me gustó, con fernet, pero sola también. Te juro que tenía ganas de abrirla y chupármela de un saque, pero me contuve, debe ser la primera botella que se ha hecho en la historia, ¿entendés?... La debe de haber hecho el bisabuelo del tipo que me atendió. Jon Dou, me dijo que se llamaba… “¿Quieren contar la guita?”. le digo al peruano. Me dijo que no, que sus abogados iban a hablar con los míos por el papeleo, pero que el trato estaba cerrado, que me podía llevar la fórmula y que muchas gracias por venir. Metí la hoja y la botella en mi maletín, lo cerré, nos saludamos con la mano y acá estoy… Y, no sé, ellos deben tener mi contacto, eso de pasarse los números de teléfono acá no va, es todo automático, no sabés la tecnología que tienen acá, LOS CARTELES, las motos con televisor, así que por eso no me preocupo. Ahora corto con vos y lo llamo a Cachito para contarle que lo van a llamar unos colegas suyos desde los estados unidos… ¡¿Sabés cómo se va poner el negro trolo ese?!... Che… Una cosa más… Hay que practicar… La fórmula digo, hay que practicarla… Mirá, lo primero que hice cuando llegué al hotel fue hacerla, me encerré en la pieza con llave, para que nadie entre y la hice. No me quedó nada que ver… Está bien que la hice apurado y con las cosas que tenía a mano… Pero ni el color era el mismo… Así que hay que prac-ti-car. Llego a casa y nos ponemos los dos y hasta que no nos salga no paramos… No te voy a decir cómo hacerla por si alguien nos escucha, las líneas pueden estar intervenidas ahora que somos gente importante, viejo… Lo que sí, te adelanto, es una boludez hacerla, son todas cosas que encontrás en tu casa. Pero hay que prac-ti-car-la… Bueno Edgardo, te dejo que esta llamada nos va a costar un ojo de la cara. Te veo a la vuelta… Mañana a la mañana sale el vuelo… Pará, escuchame una última cosa… Esta noche, ponete una coca en el freezer, que esté bien helada, escarchadita, y mientras la tomas pensá, pensá… Pensá que ese disfrute, ese gusto, esa consistencia, ese sabor, va a estar en la boca de todo el mundo gracias a nosotros dos y que cada traguito, es un pesito más en el bolsillo… A la guita hay que invertirla Edgardín… Y en dos añitos o menos, nos vamos juntos a Milán, Italia… ¡Y le compramos Branca, CARAJO!
-FIN-
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