PERSONAJES:
SUSANA
MIRTHA
Mirtha ingresa en el comedor con una bandeja, en donde lleva dos tazas humeantes y una torre de tres pisos con diferentes masitas.
SUSANA: ¡Qué pituca esta bandejita!
MIRTHA: Ay, no digas bobadas, si es un vejestorio.
SUSANA: ¡¿Cómo?! ¿Ladrónde la sacaste?
MIRTHA: No, la boca se te haga a un lado, nada de robar. Era de mi pobre madre, que en paz descanse.
SUSANA: Que en paz descanse, santa mujer.
MIRTHA: Santa, sí, sí. Bueno, que me la dejó en herencia, con un montón de cosas más, que son de cocina, ¿viste? Es que la única que sabe cocinar soy yo, las otras dos no saben hacer ni un huevo duro.
SUSANA: ¿Herencia? ¿Una bandejita?
MIRTHA: Y un montón de cosas más, te dije.
SUSANA: Poca cosa. Que no hacen juego ni nada.
MIRTHA: Mirá, es que poco tenía. Lo que ganaba trabajando como una china, se lo gastaba mi papá en alcohol y en juego.
SUSANA: Y putas.
MIRTHA: Por favor, Susana, que la nena está acá al lado, con las amigas.
SUSANA: Ya está grande la nena.
MIRTHA: Doce, recién cumplidos.
SUSANA: Adolescente, Mirtha.
MIRTHA: Nena, hasta los quince.
SUSANA: Ahora crecen más rápido, más rápidas que los aviones, son. La hija de la Aurelia ya está embarazada.
MIRTHA: En buena hora. ¿Cuánto tiene ya?
SUSANA: Veintiuno.
MIRTHA: Yo ya tenía al Daniel y estaba buscando la nena.
SUSANA: Pero ahora a los veintiuno una no se embaraza, Mirtha, recién a los treinta se estila.
MIRTHA: Te contradecís, Susana.
SUSANA: ¿Yo?
MIRTHA: Primero decís que van rápido y ahora que recién a los treinta.
SUSANA: Para coger van rápido, para tener hijos, demoran.
MIRTHA: Es lo mismo, Susana.
SUSANA: ¿Cómo que es lo mismo?
MIRTHA: Que todas cojemos a la misma edad, los que cambiaron son los prejuicios.
SUSANA: Tenés razón, no sé para qué hablo.
MIRTHA: No hablás, repetís. Tenés que tener pensamiento propio.
SUSANA: Eso sí que me gustaría. (Agarra una masita). Voy a tomar una, si no te molesta.
MIRTHA: Comé, que hice un montón.
SUSANA: Mmm… Limón.
MIRTHA: ¡Qué paladar, Susana! Decime que le sentís la harina y me caigo de ojete.
SUSANA: ¿Y la nena? ¿Ahora no te molesta que esté al lado?
MIRTHA: Shhh… Tenés razón, tenés razón.
Ambas se ríen tapándose la boca con los dedos.
SUSANA: Escuchame… Contame más del Mjhmjhmjjj…
MIRTHA: ¿Qué cosa?
SUSANA: El Mjhmjhmjjj ese que te hiciste.
MIRTHA: Shhh…
SUSANA: Contame, contame que me encanta.
MIRTHA: Lo ví el domingo.
SUSANA: ¡¿El domingo?! ¿A qué hora?
MIRTHA: A la siesta.
SUSANA: Pero, ¡¿cómo?! Si estaban de asado en lo de la suegra.
MIRTHA: Me escapé, vive cerca.
SUSANA: ¿Cerca? ¿No hay riesgo?
MIRTHA: Cuatro kilómetros.
SUSANA: Eso no es cerca.
MIRTHA: En uber llegás en dos patadas.
SUSANA: ¿Taxi tomaste?
MIRTHA: Uber, Susana, aggiornate.
SUSANA: Es lo mismo.
MIRTHA: Tenés razón. Resulta que me escribe a eso de las once. Que estaba caliente como una pava, me pone, él. Y yo, para no ser menos, le pongo que andaba con ganas de tomar unos mates. ¡¿PARA QUÉ?! Enseguida me manda la foto de la pija. Con el subtítulo: acá tenes la bombilla.
SUSANA: ¡LA NENA!
MIRTHA: Tenés razón, tenés razón, pero es que me emociono. (Se levanta, abre la puerta, mira, la cierra). No escuchó nada, están con los teléfonos y los cosos en las orejas.
SUSANA: ¡Qué juventud!
MIRTHA: Perdida.
SUSANA: Seguí, seguí.
MIRTHA: Bueno. Me organizo para ir, esperame, fue mi último mensaje. Llegamos de la suegra y tenía todo listo, la vieja. No faltaba nada. Hasta la casata en el freezer, ¿vos podés creer? Por primera vez todo, nada. El pan, cortado; el vino, destapado; y la gaseosa, para los chicos, es-car-cha-da. No tenía excusa. Pero, se me prendió la lamparita después de los postres. Me siento un poquito mal, les digo, quizás me voy a casa y me tiro un rato. Tirate acá, mi amor, en la pieza de mamá, que es fresca, me dice el boludo de mi marido. Me gustaría descansar tranquila, sin que nadie me moleste, les digo yo, para poder irme. Nadie te va a molestar acá, dice mi suegra. Eso espero, le digo, con cara de chupar limón, y me voy rumbo a la pieza, que ya sabía que tenía la ventana con salida a la calle.
SUSANA: NO TE CREO.
MIRTHA: Creeme.
SUSANA: ¿Saltaste?
MIRTHA: Primer piso. No hagás escombro.
SUSANA: Te podría haber matado.
MIRTHA: Más daño me hacía si faltaba a la cita.
SUSANA: ¿Y a la vuelta? ¿Cómo subiste?
MIRTHA: Esperá que recién empiezo.
SUSANA: CONTAME.
MIRTHA: Trabo la puerta de la pieza con la cómoda, salto y antes de tocar el piso, ya estaba el Óscar, esperando. ¿Perdió la llave, señora? Me dice el Peruano. Señora será tu tía, llevame calladito.
SUSANA: ¿Le dijiste?
MIRTHA: Lo pensé. En menos de quince minutos ya estaba tocando el timbre. Me atendió como dios lo trajo al mundo. Bueno, no creo que haya nacido con una cosa tan grande. En el pasillo se me fue bajando la bombacha solita. Rápido que me esperan, le digo. Dura lo que dura, me replica y me lo hace contra la heladera.
SUSANA: ¿De pie?
MIRTHA: Él de pie, yo volaba, Susana.
SUSANA: ¡Qué poco caballero!
MIRTHA: Pero todo un caballo, se lo agradecí, tenía el agüita fresca a mano.
SUSANA: ¿Y volviste ahí no más?
MIRTHA: ¿Volver? Eso fue el precompetitivo. Me quedé tres horas, lo hicimos ocho veces.
SUSANA: Jodeme.
MIRTHA: Eso repetía yo el domingo. Hasta que después del octavo recapacité.
SUSANA: ¡Ocho! ¿Puedo cuántos años tiene?
MIRTHA: Los cuarenta y siete recién hechos.
SUSANA: Me interesa la vuelta, Mirtha, me interesa la vuelta. ¿Dónde estaba la familia?
MIRTHA: Como te decía, recapacité y me despegué de tanto contacto. Le dí un beso en los labios y corrí a casa de la suegra.
SUSANA: ¿Te esperaba otro Uber?
MIRTHA: ¿No escuchás cuando te hablo? Corrí.
SUSANA: ¿Los cuatro kilómetros?
MIRTHA: Un décimo de maratón. No lo medí, pero te juro que hice record.
SUSANA: Me imagino, estás hecha toda una atleta.
MIRTHA: Triatlón hice. Porque al correr le tenés que sumar los saltos en alto y la GARROCHA.
Se ríen.
SUSANA: ¡Qué plato! ¿Ves porqué quiero uno? Te veo joven, más enérgica que nunca. Y contenta, que no es poco decir. Yo más aburrida que una pasa.
MIRTHA: Arrugada.
SUSANA: También. Y vos radiante. ¿Cómo subiste?
MIRTHA: Ah, ese es otro deporte que una aprende, el alpinismo ¡y es extremo!
SUSANA: ¿Alpinismo? ¿No era el primer piso?
MIRTHA: Te quiero ver a vos trepando un árbol.
SUSANA: Tenés razón, no me subo ni a las sandalias. Seguí.
MIRTHA: Estaban queriendo echar la puerta abajo. ¡Mirtha, Mirtha! Todos a los gritos.
SUSANA: ¿Se dieron cuenta? No, ¿no?
MIRTHA: Abrí la puerta y todo el mundo se calló. Estaba transpirada, despeinada, con la ropa arrugada, parecía que había pasado la peste negra. Mi marido se asustó tanto que me llevó alzada hasta el auto. Para coronar, cuando llegamos a casa, me tiré en la cama y no me levanté hasta al mediodía del lunes. Si que la pasaste fea, mi negrita, me dijo mi marido, al otro día, trayendo la bayaspirina con soda. Delirabas de la fiebre, me dice. Habré dicho algo mientras dormía, no sé.
SUSANA: Redonda la escapada.
MIRTHA: Para alquilar balcones.
SUSANA: Te felicito.
MIRTHA: Gracias. Comete otra masita.
SUSANA: No, que estoy a dieta.
MIRTHA: ¡Bha! Qué dieta, ni qué dieta. Ejercicio, Susana, ejercicio.
SUSANA: Eso es lo que quiero, te digo. Pero si como tantas masitas no me va a querer voltear ni el verdulero de la esquina.
MIRTHA: No lo busques lindos, buscalos fuertes y con ganas. Y el verdulero puede ser una opción, pero no el de la esquina, no el de la tuya. No se come donde se come.
SUSANA: No como, no como.
MIRTHA: Pero vamos, por lo menos con tu marido Susana, alguno se le tiene que escapar, de vez en cuando. Yo con el mio, así tonto como está y todo, mes por medio, mojo.
SUSANA: Tenés suerte. Yo, la última vez que lo intenté, le dije: ¿hace cuánto que no me das un beso? Te dí uno esta mañana. Uno de verdad Mario, de esos que empiezan en la boca y siguen por todo el cuerpo. ¡Sh, que están los chicos! Me calla, arrugando el ceño. Los chicos, los chicos, todo son los chicos. Parece que la última vez que me acosté con él fue para hacer a esos mismos chicos.
MIRTHA: Amante, ya.
SUSANA: Es lo que digo, pero no me sale.
MIRTHA: ¿Por los chicos también?
SUSANA: Y… un poco.
MIRTHA: ¿Te tocás?
SUSANA: Me da miedo.
MIRTHA: Que te vean.
SUSANA: Encontrar tela de araña.
MIRTHA: Decís tonterías. Yo te voy a ayudar.
SUSANA: ¿A encontrar un amante? Pensé que no me lo ibas a ofrecer nunca.
MIRTHA: Yo no soy celestina.
SUSANA: ¿Y entonces?
MIRTHA: A activarte un poco. Vas a ver que después arrancás sola. Lo que a vos te falta es empezar y hay que empezar ahora.
SUSANA: ¿Vos me estás ofreciendo…
MIRTHA: Lo que entendiste.
SUSANA: ¿Y la nena?
MIRTHA: No empecemos con los chicos, los chicos, que voy a pensar que sos vos y no tu marido. ¿Querés o no querés?
SUSANA: ¿A dónde?
MIRTHA: Ahí abajo, ¿dónde va a ser?
SUSANA: ¿A dónde vamos, Mirtha?
MIRTHA: Trabá la puerta, si te quedás más tranquila.
SUSANA (Traba la puerta con un mueble): Como en tu historia, pero no me escapo.
MIRTHA: Ni te lastimes.
SUSANA: Ay, que me emociono.
MIRTHA: Mejor que te calientes.
SUSANA: Estoy que pelo hace más de media hora.
MIRTHA: Dame un beso, de esos que empiezan en labios y terminan en todo el cuerpo.
SUSANA: ¿Te gustó la frase?
MIRTHA: Me gustó la idea.
-FIN-
Me gustó la obra.. sentí unidad .. una mezcla de tiempos que se estaciona en un ahora.. La realidad y la fantasía para poder vivir. La moral y los deseos ocultos.. Gracias. Bella. gabriela
ResponderEliminarMuchisimas gracias por la devolución y por leer la obra. Ojalá sigas por acá en las próximas. Saludos!
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