PERSONAJES:
LAUTARIO
ACTO I
Es alguna ciudad de provincia. Los comercios cierran a la siesta para que la gente pueda dormir un rato y volver después de las cuatro o cuatro y media, salvo el shopping.
Nos situamos en un departamento pequeño y bastante antiguo, viejo. Un único ambiente con cocina diminuta. Por suerte tiene un pequeño balcón que alberga un par de sillas plasticas blancas. Abajo, tres pisos abajo, una callejuela de barrio alejada del centro. No pasan autos, casi, tampoco ningúna línea de colectivos.
El espacio ha sido dividido con telas de tul por los actuales inquilinos. Esto genera un laberinto seudo transparente de varios colores, que logra dos piezas, con sus respectivas camas individuales y un pequeñísimo living comedor al lado de la cocina, con una mesita y un par de sillas.
Todas las paredes de tul pueden correrse gracias a un sistema de correas y alambres. Pudiendo, incluso, quedar replegadas, dejando la totalidad del departamento libre de tules.
ESCENA I
Es de noche. Tamara está sentada a la mesa leyendo un libro. La puerta principal se abre e ingresa Lautaro, viste una camisa celeste fuera del pantalón y arremangada hasta los codos. Al escuchar la puerta, Tamara deja el libro sobre la mesa y lo observa un momento sin decir palabra.
LAUTARO: Buenas.
TAMARA: ¿Dónde estabas?
LAUTARO: Trabajando.
TAMARA: ¿Hasta esta hora?
LAUTARO: ¿Por? ¿Qué hora es?
TAMARA: Las diez.
LAUTARO: Uf. Sí. Control de stock.
TAMARA: ¿Otra vez?
LAUTARO: No es taaan tarde, Tami.
TAMARA: Tenés olor.
LAUTARO: Ahora me pego un baño.
TAMARA: No, no digo a chivo.
LAUTARO: Tami.
TAMARA: ¿Mhm?
LAUTARO: Basta.
TAMARA: ¿Fuiste solo?
LAUTARO: Basta.
TAMARA: Quiero saber si fuiste solo.
LAUTARO: No fuí a ningún lado.
TAMARA: Tenés olor.
LAUTARO: ¿A qué?
TAMARA: A alcohol.
LAUTARO: ¿Y se siente desde ahí?
TAMARA: Lo sentiría desde la esquina.
LAUTARO: Voy a fumar.
TAMARA: Hice comida.
LAUTARO: ¿Comiste?
TAMARA: No, te estaba esperando.
LAUTARO: No me tenés que esperar todos los días. No sos mamá. Comé. Yo voy a fumar.
TAMARA: Me gusta comer con vos. No me gusta comer sola.
LAUTARO: No es lo mismo.
TAMARA: ¿Eh?
LAUTARO: Nada, que no es lo mismo. Si no te gusta comer sola podes traer a alguien a comer. No tenés que depender de que yo venga o no.
TAMARA: ¿Traer a alguien? ¿A quién?
LAUTARO: A algún amigo, a alguna amiga. Podés invitar a alguien a comer.
TAMARA: ¿Acá?
LAUTARO: Sí, ¿a dónde va a ser?
TAMARA: No quiero que nadie venga acá.
LAUTARO: ¿Por qué?
TAMARA: Dios mío, es tan chico. Ni siquiera entramos nosotros dos.
LAUTARO: Todo el mundo vive en lugares chicos, todo el mundo ya está acostumbrado a vivir en el pequeño lugar que le toca. Voy a fumar.
TAMARA: Por eso.
LAUTARO: Por eso, ¿qué?
TAMARA: Que si todos estamos acostumbrados a vivir en lugares chicos, no hace falta seguir llenándolos de gente. ¿No?
LAUTARO: Te haría bien tener una amigo a vos, o una amiga.
TAMARA: ¿Porqué decís así?
LAUTARO: ¿Qué digo?
TAMARA: Siempre decís “o una amiga”. Después de decir amigo, siempre decís “o amiga”.
LAUTARO: ¿Y eso que tiene?
TAMARA: Dale Lau, no soy estúpida.
LAUTARO: ¿Yo te traté de estúpida?
TAMARA: Sí.
LAUTARO: A ver… ilustrame. Voy a fumar.
Lautaro va hacia el balcón. Tamara lo sigue, a ella le falta gran parte del brazo derecho. Lautaro prende el cigarrillo mirando hacia la calle, Tamara habla mientras avanza hacia el balcón.
TAMARA: Cuando vos decís “amigo” siempre estás diciendo “novio” y cuando decís “o una amiga” decís: “por ahí sos tortillera”.
LAUTARO: ¿Y?
TAMARA: Nada, que me doy cuenta.
LAUTARO: No. Te pregunto: ¿sos gay?
TAMARA: ¡No!
LAUTARO: Bueno, no te pongas así, sería algo totalmente normal. Nunca te conocí un novio a vos.
TAMARA: Y yo a vos tampoco te conocí una novia… o un novio.
Lautaro sonríe y sigue fumando, mientras mira la calle.
LAUTARO: ¿Qué hay para comer?
TAMARA: Zapallitos revueltos y milanesas.
LAUTARO: ¿Carne o pollo?
TAMARA (Con una pequeña sonrisa): Soja.
LAUTARO: Mmm.
TAMARA: Me gustan los chicos.
LAUTARO: Bien. (Pausa). ¿Cursaste hoy?
TAMARA: No.
LAUTARO: ¿Por?
TAMARA: No tenía clases hoy. (Lautaro la mira largo rato). Falté, no tenía ganas.
LAUTARO: Okey.
TAMARA: ¿Pagaste la luz?
LAUTARO (Cerrando los ojos un momento): Mañana, sin falta.
TAMARA: Nos la van a cortar.
LAUTARO: Mañana la pago.
Pasa el tiempo. Lautaro pega otra pitada al cigarrillo. Tamara mira el piso y queda en actitud de alerta.
TAMARA: No te muevas.
LAUTARO: ¿Qué?
TAMARA: Sht… Quieto.
LAUTARO (Sin mover un músculo): ¿Qué pasa?
TAMARA: Tenés una cucaracha al lado tuyo.
LAUTARO (Aún sin moverse): Ay, la concha de tu madre. ¿Dónde?
TAMARA: Quieeeto…
Tamara caza el insecto con la única mano que posee, no lo mata, lo sostiene en una jaula que ha formado con sus dedos.
TAMARA: ¡William! Mamá te consiguió la cena.
Tamara entra a la casa y se dirige al lado de su cama, en donde hay un terrario con arena, algunas ramas, rocas y una tarántula. Lo abre por encima, suelta la cucaracha viva adentro y lo cierra.
TAMARA: ¿Vas a comer vos también?
LAUTARO: ¡Lavate las manos!
TAMARA: LA mano, querrás decir.
LAUTARO: Lavate.
TAMARA: Pero sí…
Lautaro tira el cigarrillo hacia la calle.
TAMARA: Dale Lauta que se enfría… más.
LAUTARO: Voy.
Lautaro se queda ahí.
ESCENA II
La siesta. Silencio y calor. Mucho calor. Tamara está tirada en su cama con un ventilador apuntando directamente hacia ella. Tiene música puesta, hard rock de los ochenta. Los tules de la casa se bambalean gracias al viento del aparato. Entra Lautaro, Tamara se sobresalta para salir de la cama.
LAUTARO: ¿Hola?
TAMARA: Ey.
LAUTARO: ¿Qué pasa? ¿Qué hacés?
TAMARA: Nada.
LAUTARO: Que calor.
TAMARA: Sí.
LAUTARO: ¿No tenés que estar cursando vos?
TAMARA: Ehm… No tengo clases hoy.
LAUTARO: ¿Por?
TAMARA: No curso los miércoles.
LAUTARO: ¿Ah no?
TAMARA: Más tarde.
LAUTARO: ¿A qué hora?
TAMARA: A las seis.
LAUTARO: Ah, mejor.
TAMARA: ¿Por qué?
LAUTARO: Por el calor. No se puede vivir después de la una. ¿No sé quién inventó la siesta en este lugar? El mismo demonio.
TAMARA: Y sí.
LAUTARO: ¿Está todo bién?
TAMARA: Re.
LAUTARO: Me voy a tirar un rato. ¿Estás usando el ventilador?
TAMARA: No.
Lautaro mira el ventilador prendido.
TAMARA: Abrimos acá y te dá a vos también.
LAUTARO: ¿Estabas durmiendo? ¿Te desperté?
TAMARA: No, no.
LAUTARO: ¿Seguro está todo bien?
TAMARA: Sí.
LAUTARO: Bueno, ¿abris?
TAMARA: Sí.
Tamara corre el tul cortina que separa los cuartos y levanta el ventilador para que el aire viaje más recto.
TAMARA: ¿Bajo la música?
LAUTARO: Un poquito, si querés.
TAMARA: ¿Te dá ahí?
LAUTARO: Algo llega.
TAMARA: Te lo acerco.
LAUTARO: No, está bien.
Lautaro se saca las zapatillas, el jean y la camisa. Se acuesta. Tamara baja la música y se sienta en la cama observando a su hermano.
TAMARA: Si querés podes sacarte el boxer.
LAUTARO: ¿Eh? No, estoy bien.
TAMARA: A mi no me molesta, no te miro.
LAUTARO: Estoy bien, no hace falta.
Tamara se ríe.
LAUTARO: ¡¿Qué?!
TAMARA: Sacate, debés tener un caldo entre las bolas. (Lautaro también se ríe). Todo la mañana parado, con este calor, con ese jean de invierno; debés tener una sopa ahí. Sacate.
LAUTARO: No me voy a sacar el boxer Tami, dejame en paz.
TAMARA: ¿Te da vergüenza? Yo no te miro.
LAUTARO: ¡Basta! No me voy a sacar.
Lautaro cierra los ojos e intenta dormir, despatarrado por el calor. Tamara se levanta y va hasta la cama de Lautaro. Le pone la mano en el elástico del boxer y se lo baja un poco hasta que él reacciona.
LAUTARO: ¡¿Qué hacés?! ¡¿Te volviste loca?!
TAMARA: Dale, ya te ví.
LAUTARO: ¡Pará, ¿qué bicho te picó?!
TAMARA: ¿Porqué no te das un baño?
LAUTARO: Dejame tranquilo.
TAMARA: Hay olor a huevo.
LAUTARO: ¿Y qué tenés que revolver ahí?
TAMARA: Pegate un baño con agua fría y después te acostás, vas a tener menos calor… y menos olor.
LAUTARO: No me voy a bañar, dejame en paz un segundo que quiero descansar, ¿sí?
TAMARA: ¿Pero te vas a bañar antes de volver al trabajo?
LAUTARO: No.
TAMARA: ¿Por?
LAUTARO: No necesito estar limpio para trabajar en un depósito, acomodando cajas.
TAMARA: ¿No estás atendiendo a la gente?
LAUTARO: Hace un tiempo que no.
TAMARA: ¿Por?
Lautaro no contesta, se queda boca arriba con los ojos cerrados.
TAMARA: Bañate igual, te va a hacer bien.
LAUTARO: Tami, dejame en paz que quiero descansar, tengo unas horitas antes de volver al laburo, porfa.
TAMARA: Está bien. (Pausa). ¿Y te pagan lo mismo? (Pausa). ¿Más o menos? (Nada). ¿Lau?
Lautaro no responde. Tamara también se acuesta. Se escucha la música muy bajita y el ruido del ventilador. Los tules se mueven un poco.
TAMARA: Lau.
LAUTARO: ¿Quééé?
TAMARA: ¿Te puedo contar algo? No es necesario que me escuches, sólo quiero decirlo en voz alta para ver si suena como suena en mi cabeza.
LAUTARO: Ajam…
TAMARA: Hace ya varias semanas que no estoy yendo a la facultad y creo que voy a dejar, porque no me hace bien ir. Ahí, los chicos y las chicas son todos mucho más jóvenes que yo, todos tienen entre los veinte y los veintitrés, soy como el bicho raro. Además de que no me va muy bien que digamos, ¿viste? Me olvido la fecha de los parciales, tengo malas notas, muchas faltas, creo que es más bien una pérdida de tiempo. Pierdo el tiempo, nadie me habla o me hablan por compasión. Es bastante feo cuando te das cuenta que la gente te tiene lástima. Supongo que creen que soy retrasada o que tengo más problemas de los que realmente tengo.
LAUTARO: ¿Y qué vas a hacer todo el día?
TAMARA: Ah, estás despierto.
LAUTARO: Mhjm.
TAMARA: No sé, otras cosas. Por ahora te esperaré; hago la comida, puedo limpiar, poner más linda la casa.
LAUTARO: No sos mi esposa y no estamos en el siglo diecinueve. Además Tami, tenés que hacer algo para ser alguien. ¿Por qué no tratás de terminar como puedas? No te debe quedar mucho. Terminás y después con el título podés conseguir trabajo.
TAMARA: No soy buena, no soy inteligente.
LAUTARO: No hace falta ser muy inteligente para ser profesora de historia. ¿O no te acordás de La Gorda Flores?
TAMARA (Se ríe entre dientes): La Gorda Flores nos daba clases a nosotros porque era la esposa del director del colegio. Ella tampoco conseguiría trabajo hoy en día.
LAUTARO: Bueno, entonces te podés conseguir un esposo director. Pero de alguna forma o de otra, sería bueno que trabajes de algo. Te gusta leer, te gusta la historia, bueno, eso decías cuando dejaste el call center y te pusiste a estudiar, estabas ilusionada.
TAMARA: No dejé el call center, me echaron.
LAUTARO: No te echaron.
TAMARA: Me cago en la diferencia, me invitaron a irme a casa.
LAUTARO: Te dijeron que podías volver cuando quieras.
TAMARA: ¡¿Cómo iba a volver?! Tuve un colapso nervioso, asusté a todo el mundo.
LAUTARO: Fue un ataque de pánico, eso es normal.
TAMARA: ¿Vos tuviste alguno?
Pausa.
TAMARA: Me salía espuma por la boca.
LAUTARO: Ya sé.
TAMARA: Acá no me pasa nada de eso.
LAUTARO: No te podés quedar acá sin hacer nada, con lo que yo gano no alcanza para los dos.
TAMARA: Viene alcanzando.
LAUTARO: No, no viene. (Lautaro se sienta en la cama). Hicimos un trato Tamara, vos te ibas a recibir, ibas a trabajar, íbamos a recuperar lo que vamos gastando de ahorros; teníamos una idea de futuro.
TAMARA: Vos decís eso porque te querés ir.
LAUTARO: Sí, obvio que me quiero ir. Hace rato que me quiero ir.
TAMARA: Y andate.
LAUTARO: No me puedo ir y dejarte a vos sin nada, sin nadie.
TAMARA: ¿Nadie?
LAUTARO: Tamara, estoy grande y quiero hacer algo con mi vida.
TAMARA: ¿Qué?
LAUTARO (Parándose): ¡Algo!
TAMARA: ¿Qué es algo? No grites.
LAUTARO: Me voy a bañar, no se puede vivir acá.
Lautaro se mete en la ducha, se escucha el agua correr. Tamara se queda mirando la nada un rato, sin moverse siquiera. De repente se levanta y entra en el baño de golpe.
LAUTARO (Desde el baño): ¡¿Qué hacés Tamara?!
TAMARA (Saliendo): Perdón, perdón…
LAUTARO (Desde el baño): ¿Por qué tenés que entrar al baño así, sin golpear ni nada?
TAMARA: ¡Perdón, perdón, no sabía, no sabía! ¡Pensé que te estabas bañando!
Tamara vuelve a sentarse en la cama. A los pocos segundos Lautaro aparece con una toalla rodeando su cintura. Corre el tul que separa las habitaciones, se comienza a cambiar otra vez con la ropa de trabajo que traía antes.
LAUTARO (Avergonzado, sin mirar en dirección a Tamara): Me voy.
TAMARA: Es temprano todavía.
LAUTARO: Sí…
TAMARA: ¿Venís a comer?
LAUTARO: No sé, no creo.
TAMARA: ¿Salís?
LAUTARO: Seguramente.
TAMARA: ¿Solo? (Pausa). No tomes mucho, ¿sí?
LAUTARO: Lo voy a tener en cuenta. Después… hablamos.
TAMARA: ¿De qué?
LAUTARO: De… de lo que estábamos hablando.
TAMARA: Ah, sí.
Lautaro ya está cambiado. Sale en dirección a la puerta de entrada, encuentra un libro, lo abre, se lo pone muy muy cerca de los ojos.
LAUTARO (Habla con voz femenina): Las guerras contra el imperio británico se desarrollaron a principios del siglo diecinueve; mil ochocientos uno, mil ochocientos dos. (Tamara lo mira y comienza a reírse, muy bajito). Participando de esta contienda: Francia, España y Argentina, de la mano del general San Martín.
TAMARA: Señorita Flores, está mezclando las cosas. Además de que está leyendo Platero y yo.
LAUTARO: Ustedes copien lo que yo digo.
TAMARA: Va muy rápido, ¿puede leer más lento?
LAUTARO: Platero es peludo, suaaave; tan blando que parece no tener huesos. Como el general San Martín.
Ambos se ríen mucho.
LAUTARO (Dejando la voz de mujer): ¿Ves? Para dar clases de historia hay que saber leer en voz alta, nada más.
TAMARA: No me gustaría que mis clases sean así.
LAUTARO: Bueno… Vamos viendo.
Lautaro va saliendo.
TAMARA: Conocí un chico, por Tinder. (Pausa). Ya sabe que soy manca.
LAUTARO: No digas así.
TAMARA: ¿Por? (Pausa). Dice que no le molesta.
LAUTARO: ¿Lo vas a ver?
TAMARA: Sí, por ahí sí.
LAUTARO: Bueno.
TAMARA: Yo no soy virgen, ¿sabías?
LAUTARO: Lo suponía.
TAMARA: ¿Cómo?
LAUTARO: Bueno, qué sé yo, ya estás mayorcita.
Ambos se sonríen.
LAUTARO: ¿Cómo se llama?
TAMARA: Es más grande que yo.
LAUTARO: ¿Cómo se llama?
TAMARA: Anibal.
LAUTARO: Uf, mucho más grande. ¿Es director de algún colegio?
TAMARA: No.
LAUTARO: ¿Sabe que tenés una tarántula?
TAMARA (Negando): Mhm mhm.
LAUTARO: Chau Tami, voy yendo. Me alegra mucho. Pero…
TAMARA: ¿Qué?
LAUTARO: No, nada, después hablamos, ¿sí? Y perdón por…
TAMARA: No pasa nada.
Lautaro asiente y sale.
ESCENA III
Está amaneciendo. Se escucha el ruido de unas llaves sobre la puerta, se las escucha caer y se escucha una risa y algunos balbuceos. Más ruido de llaves, otra vez se caen al piso, más balbuceos. Tamara se acerca a la puerta un poco asustada.
TAMARA: ¡¿Quién es?!
LAUTARO (Detrás de la puerta con voz fantasmal): Soy el fantasma de las navidades futuras.
TAMARA: ¿Lautaro?
LAUTARO: No, soy Charles Dickens.
TAMARA: Te abro.
Tamara abre la puerta y encuentra a Lautaro en el piso, en cuatro patas, visiblemente borracho.
LAUTARO: No sé dónde se cayeron.
TAMARA: Las tenés en la mano.
LAUTARO: Ah. (Entra al departamento en cuatro patas). Me estaba queriendo acordar de un chiste. ¿Cómo era? Ese del tipo adentro del ropero, que estaba borracho pero era de terror el chiste, ¿te acordás? Me acordaba de eso y no me acuerdo ahora. (Con voz fantasmal). Soy el fantasma de las navidades futuras, ahora, con forma de perro. Soy Narciso Ibañez Menta. ¿Dónde está mi cama, mi cucha? (Se ríe).
TAMARA: ¿Sabés qué hora es?
LAUTARO: ¡NO!
TAMARA: Sht. No grites.
LAUTARO: Me voy a acostar.
TAMARA: Estás sucio, ¿te caiste?
LAUTARO: Sí, siempre me caigo, pero lo bueno es que me puedo levantar. Pero algún día, algún día voy a quedarme para siempre en el piso. Bueno, no sé dónde está la cama. Me quedo acá, avisame cualquier cosa.
Lautaro prende un cigarrillo en el piso, boca arriba. Tamara lo mira, no sabe muy bien que hacer, se la ve un tanto nerviosa.
TAMARA: ¿Estás… ¿Te pegaron?
LAUTARO: Un poquito.
TAMARA: ¿Te duele?
LAUTARO: Ahora no.
TAMARA: ¿Quién? ¿Por qué te pegaron?
LAUTARO: Porque… no todo el mundo quiere recibir amor, prefieren cerrarle la puerta EN LA CARA al amor. Y al amor hay que dejarlo pasar, es hermoso, como yo, como vos. ¿Vos le abrirías la puerta al amor? Al hermoso amor, que golpéa y GOLPÉA y GOLPÉA, la puer (Eructa) ta. ¿Vos lo dejás pasar, o no? Bueno, parece que no todos hacen lo mismo. Tema para un relato breve: los golpes que da el amor, de Charles Dickens (Se ríe).
TAMARA: Quiero ver que hora es.
LAUTARO: NOOO.
TAMARA: No grites.
Tamara se dirige hacia su cama, mira su celular. Lautaro observa a su hermana moverse entre los tules de la casa.
LAUTARO: Sos un pez. Nadando entre los retazos de un arcoiris. De noche esta casa es muy linda. Las luces de la calle, el incipiente amanecer, un caleidoscopio gigante. No sé porqué estamos tan tristes.
Tamara vuelve al lado de su hermano. Lo mira desde arriba, con lástima.
LAUTARO: No me mires así, que me hacés acordar a mamá. Una virgen mártir. Santa Tamarita, virgen de los desprotegidos, ruega por nosotros los caídos. Amén.
TAMARA: Vas a prender fuego la casa que tanto te gusta.
Tamara le saca el cigarrillo de la mano y se va hasta el balcón, para tirarlo.
LAUTARO: ¿Qué le vamos a hacer, mamá? ¿Qué le vamos a hacer?
TAMARA: ¿A quién le hablás?
LAUTARO: A mamá. Está ahí… (Señalando una foto en la heladera). Ahí está la hija de puta. Juzgándome con esos ojos de gata, de… Siempre lo mismo. No tengo la culpa de que todos se hayan muerto. No puedo cuidarte… no puedo cuidarme a mí tampoco.
TAMARA: Yo no te pido que me cuides.
LAUTARO: ¿Ah no?
TAMARA: No.
LAUTARO: Sos igualita a mamá. Dice que no, pero dice que sí. (Llora). Perdón. (Llora desconsoladamente. Canta:) “Si yo fuera Maradona, viviría como él. Si yo fuera Maradona, frente a cualquier portería. Sí yo fuera Maradona, lalalala lalalaaa… La vida es una tómbola, de noche y de día… la vida es una tómbola y arriba y arriba…”.
TAMARA: ¿No querés dormír un rato?
LAUTARO: Sí. Perdón, mi amor. ¿Dónde está el pucho?
TAMARA: Dormí un poquito.
LAUTARO: Sí.
Lautaro se duerme. Tamara se sienta en su cama, aun con el celular en la mano. Piensa. Mira adelante, mira a su hermano. Suena una alarma en el celular de Lautaro. Suena una y otra vez. Tamara se levanta y le revisa los bolsillos.
LAUTARO: ¡Me voy a levantar, pero no voy a brillar!
Tamara consigue sacar el celular y cortar la alarma. Se dirige a la cocina. Graba un audio desde el celular de Lautaro.
TAMARA: Hola Oscar, soy Tamara la hermana de Lautaro. Mirá, desde anoche que está muy descompuesto, con vómitos y un poco de fiebre. Quería ver como se levantaba hoy para ver si podía ir a trabajar, pero no, no puede ni hablarte por teléfono. Supongo que si a la tarde se siente mejor va a ir… te aviso cualquier cosa o te avisa el, ¿sí? Perdón.
Amanece.
ESCENA IV
Lautaro duerme en la cama, desnudo, tapado solo un poco con una sábana. El ventilador está a su lado y encendido. Los tules se agitan. Se despierta un poco y se rasca la cara. Luego comienza a tocarse el pene por debajo de las sábanas, cada vez un poco más y más, se detiene.
LAUTARO: ¿Tami…
Nadie contesta. Se incorpora y busca con la mirada a su hermana. Busca su celular. Lo ve sobre la mesa de la cocina. Se para y lo revisa. Se lamenta un poco. Abre la heladera y bebe mucha agua directamente de la botella. Va en dirección al baño, lentamente. Antes de llegar se escuchan las llaves en la puerta de entrada. Él se mete rápido al baño. Tamara entra sin hacer ruido. Mira en dirección a la cama de Lautaro.
TAMARA: ¿Lau?
LAUTARO (Desde el baño): ¡Baño!
TAMARA: Ah.
Pausa.
TAMARA (Sobre la puerta del baño): ¡¿Estás bien?!
LAUTARO (Desde el baño): Bien, sí. No entres.
TAMARA: No iba a entrar.
Tamara lleva una bolsa de la que saca un pequeño sobre. Echa agua en un vaso y al verter el contenido del sobre, se produce una efervescencia. Espera a Lautaro en la puerta del baño. Lautaro sale.
TAMARA: Tomá.
LAUTARO: Gracias. (Bebe y le devuelve el vaso).
TAMARA: ¿Mejor?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Estuve hablando con Oscar.
LAUTARO: Ví.
TAMARA: ¿Qué viste?
LAUTARO: Eso, que hablaste.
TAMARA: Se lo notaba bastante enojado, yo le dije muy suavemente que no se puede enojar porque vos te enfermás. Pero me parece que no cree mucho que estés enfermo.
LAUTARO: Ahora voy y lo hablo directamente con él. (Va hasta su cama y revuelve un poco la ropa para encontrar algo que ponerse).
TAMARA: Lo que tenías puesto lo lavé, estaba muy mugriento todo. Se está secando arriba, no creo que esté lista.
LAUTARO: No pasa nada.
TAMARA: Voy a ver, por ahí con este calor ya se secó.
LAUTARO: Está bien, tengo otra ropa.
TAMARA: Pero la camisa.
LAUTARO: Uso ésta (Mostrando una camisa celeste).
TAMARA: ¿Está limpia?
LAUTARO (La huele): Maso.
TAMARA: Voy a ver que onda la ropa.
LAUTARO: No, dejá, uso ésta.
TAMARA: No vayas a trabajar con una camisa con olor. No sumes más puntos en contra.
LAUTARO: Me pongo desodorante.
TAMARA: ¿Te bañaste?
LAUTARO: No.
TAMARA: Pegate una ducha y yo voy a buscarte la ropa.
LAUTARO: No busques la ropa, no quiero la ropa.
TAMARA: Está toda arrugada esa. Planchala por lo menos, ponele un perfume.
LAUTARO (Tocándose la cara): ¿Vos me limpiaste?
TAMARA: ¿Quién te pegó?
LAUTARO: No sé, no me acuerdo.
TAMARA: Ni se te nota igual, pero anoche parecía mucha sangre.
LAUTARO: No era toda mía… la sangre.
TAMARA: ¿Por qué te peleaste?
LAUTARO: No me acuerdo.
Lautaro ya se ha puesto ropa, se sienta en la cama para colocarse los zapatos.
TAMARA: ¿No querés comer algo? Hay comida de anoche.
LAUTARO: No.
TAMARA: Te hago un sanguchito, te lo llevás, por si te da hambre más tarde.
LAUTARO: No tengo hambre.
TAMARA: Pero por ahí en un rato te da.
LAUTARO: Estoy bien.
TAMARA: No tenés nada en el estómago, ayer estabas re borracho, no podés irte así nomás. Te podés desmayar en el camino.
LAUTARO (Mirándola fijamente, con odio): No hagas esto, Tamara.
TAMARA: ¿Qué? ¿Qué hago?
LAUTARO: Actuar… así. Como si no hubiese pasado nada o haciéndome saber que PASÓ algo pero que igual está todo bien. Así, con esa actitud servicial de… madre… superiora. Estoy… muy avergonzado, ¿okey? Te pido perdón, pero me quiero ir.
TAMARA: ¿Vas a ir a trabajar?
LAUTARO: ¿A vos qué te parece?
TAMARA: Tratame bien.
LAUTARO: Sí, voy a ir a trabajar.
TAMARA: Son la una de la tarde, hace más de quince minutos que ya está todo cerrado. Le dije a Oscar que si te sentías mejor ibas a ir a la tarde. Tenés cuatro horas casi. Dormí un poco más, descansá, comé algo. Después te bañás, te pones la ropa limpia y te vas. ¿Por qué te querés ir ahora?
LAUTARO: Por qué no quiero estar acá.
TAMARA: ¡¿Por qué?!
LAUTARO: ¡Porque hace calor!
TAMARA: ¡En toda la ciudad va a hacer calor!
LAUTARO: Voy al shopping, ahí hay aire acondicionado.
TAMARA: ¿Qué vas a hacer cuatro horas en el shopping?
LAUTARO: Nada, dejáme en paz.
TAMARA: No te estoy haciendo nada.
LAUTARO: Sí, me estás reteniendo acá y no quiero estar acá.
TAMARA: Ayer me decías que te encantaba esta casa.
LAUTARO: De noche.
TAMARA: ¿Te acordás?
LAUTARO: A la noche no hace este calor. A la noche estoy bien.
TAMARA: También te vas de noche.
LAUTARO: Basta. Me quiero ir. ¿Para qué querés que me quede?
TAMARA: ¿Qué pensás de mí?
LAUTARO: ¿Qué?
TAMARA: Eso, ¿qué pensás de mí? No es por mí que quiero que te quedes. Es por vos. ¿Cómo vas a irte así como estás, como estabas anoche? Estabas hecho un asco, seguís siendo un asco. Si vas así al shopping la gente te va a dar monedas, pelotudo.
LAUTARO: Se me parte la cabeza, Tamara. No te pongas así que voy explotar.
TAMARA: ¿Y vos te pensás que yo no puedo explotar también? No soy mamá… no soy ni tu mamá, ni tu pareja, pero igual te cuido y nos cuido. Como puedo. Ya te cubrí hoy a la mañana con tu jefe, no quiero que sigas así o te van a echar del trabajo, y ahí nos quiero ver.
LAUTARO: ¿Cuidás tu culo o el mío?
TAMARA: Cuido el culo de los dos.
LAUTARO: No te hagás la adulta, ¿querés?
TAMARA: ¿Qué?
LAUTARO: Que no te hagas la adulta responsable que cuida el hogar. Todavía sos una pendeja que le da vergüenza ir a cursar como si tuvieses doce años. Que no habla con nadie en ningún lado, “ay, me miran la mano. Ay, me miran el muñón. Me tienen lástima”. ¡Crecé!
TAMARA: Habló el adulto.
LAUTARO: Sí, soy al adulto acá, obvio que soy el adulto. Soy el que trae plata a casa mientras vos hablás con una araña horrible. Sos rara, rara y no porque te falta una mano, sino porque sos rara.
TAMARA: Te odio.
LAUTARO: Hacete ver.
TAMARA: ¡PUTO!
LAUTARO: ¡VIRGEN!
TAMARA: ¡PAJERO! ¡PUTO!
LAUTARO: Andate a cagar.
TAMARA: Degenerado. ¿A qué vas al shopping? ¿A pajearte con los pendejitos que juegan videojuegos?
LAUTARO: ¿Eso pensás de mí?
TAMARA: Sí, obvio. Estuve mirando tu celular. Ví las fotos que mandas y que pedís que te manden. ¿No te das cuenta que esos pibes pueden ser menores? Te van a meter preso, imbécil. Das asco.
LAUTARO: ¿Me revisaste el celular? (Mira su celular).
TAMARA: Tuve que borrar esas fotos, Lautaro, en serio te lo digo, no podes hacer eso.
LAUTARO: ¿Qué? Me revisaste el celular, la concha de tu hermana, ¿por qué hiciste eso?
TAMARA: Es por tu bien.
LAUTARO: Te voy a matar, ¡pendeja de mierda! ¡No, no, nooo!
Lautaro comienza a caminar sin rumbo por la casa. Tamara se asusta un poco.
TAMARA: Calmate, Lautaro.
LAUTARO: ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?!
TAMARA: Lau, perdón, pará. No grites. Calmate.
LAUTARO: ¡¡¡AAAHHH!!!
Lautaro grita y revolea la ropa que estaba sobre su cama por todos lados. Tamara lo mira asustada. Intenta acercarse.
TAMARA: Perdón…
LAUTARO: ¡Ni te me acerques!
TAMARA: No sabía…
LAUTARO: ¡¡¡NOOO!!!
Lautaro, muy nervioso, tira más y más cosas. Tira una zapatilla que da de lleno en el terrario de la tarántula, que se destruye y se cae al suelo.
TAMARA: ¡¡¡Williaaam!!!
Tamara corre hacia la pecera. Lautaro mira sin saber qué hacer. Tamara busca a su tarántula y se corta con los vidrios, sangra un poco y se queja, pero no para de buscar.
LAUTARO: Tamara…
TAMARA: ¡¡¡Andateeee HIJO DE PUTAAA!!!
Lautaro se va casi corriendo.
ESCENA V
Noche. La casa está acomodada, el terrario ya no está. Tamara lee a la mesa. Su única mano está vendada. Se escuchan las llaves, pero Tamara no baja el libro. Entra Lautaro y se detiene al ver a su hermana. Ella sigue leyendo.
LAUTARO: Hola. (Nada). Traje helado. (Nada). Lo voy a poner en el freezer.
TAMARA: ¡CUIDADO!
LAUTARO (Deteníendose en seco): ¿Qué?
TAMARA: Caminá mirando el piso, que William no aparece.
LAUTARO: La puta madre, ¿en serio? ¿Hay una tarántula suelta en el departamento?
TAMARA: Dicho esto, no voy a hablarte más.
Lautaro camina mirando el piso, coloca el pote de helado dentro del freezer. Al cerrar la puerta de la heladera se encuentra con la factura de la luz y un cartel que dice “PAGAR”. Agarra la factura y mira al techo, lamentándose. Va hacia la mesa, siempre mirando el piso y se sienta al lado de su hermana. Ella se da vuelta para darle la espalda y seguir con el libro frente a sus ojos.
LAUTARO: Mañana pago la luz… (Le muestra la factura. Nada). ¿Querés que te ayude a buscarlo? (Nada). A William digo. (Nada). ¿Te lastimaste mucho? (Nada). ¿Quién te vendó?
TAMARA: Lo hice yo sola.
Lautaro se sonríe.
TAMARA: ¿De qué te reís?
LAUTARO: Fue… gracioso.
TAMARA: A mi no me pareció.
LAUTARO: De verdad lo siento mucho.
TAMARA: No se murió.
LAUTARO: Por todo. Perdón. Por no ser un mejor hermano, por no ser un buen hermano, por… defraudarte. (Nada). Perdón por ocultarte cosas, pero creo que también me las oculto a mí. No estoy muy conforme conmigo, con como soy con vos. No puedo…
TAMARA: ¿Qué no podes?
LAUTARO: Ser lo que quiero, para vos por lo menos.
TAMARA: No sos mi papá.
LAUTARO: No se si soy una buena persona. (Nada). No, no soy papá.
TAMARA: Si fueses papá ya te hubieras ido.
LAUTARO: Lo intenté.
Tamara, por fin, lo mira.
LAUTARO: Una vez. Mamá vivía. Los médicos hablaban de darle el alta pronto. Vos habías empezado a trabajar. Estaba cerca la primavera. Hasta el gobierno nos daba posibilidades de vivir mejor. Yo no había cumplido los treinta años. Me sentía tan joven. Tomaba una sola cerveza los fines de semana y casi ni fumaba. Y me fuí. Crucé la calle y supe que me estaba yendo para siempre. Paré en una vidriera de un local de perfumes y te ví atrás mío, por el vidrio. Giré y no estabas. Saqué el celular para escribirte un mensaje, algo corto, un “chau”, así nomás, algo simple. Pero escribí “Hola”. Vos me respondiste: “Hola”, y después: “¿qué pasó?”. Entonces me dí cuenta de que mamá había muerto justo en ese momento. Y volví. Fue el viaje más largo que hice en mi vida y no duró más de media hora.
TAMARA: ¿Me estás diciendo que te quedaste por mí?
LAUTARO: No. Ojalá pudiera echarte la culpa, pero no…
TAMARA: No sos una mala persona. Sos… estás incompleto, como todos. Podés irte a donde quieras, cuando quieras; si creés que en otro lugar vas a encontrar algo. Nunca es tarde.
LAUTARO: ¿Ah no?
TAMARA: No.
LAUTARO: Ojalá. ¿Me perdonás… un poco?
TAMARA: Ayudame a buscar a William.
LAUTARO: ¿Dónde buscaste?
TAMARA: Por todos lados. Prefieren los lugares calientes, pero todo está caliente.
LAUTARO (Con media sonrisa): En el horno.
TAMARA: A ver…
Tamara se levanta y abre el horno.
LAUTARO: Cuidado Tamara.
TAMARA: Fijate entre los libros.
LAUTARO: Ay, no sé si puedo.
TAMARA: Dale, no seas maricón… Perdón.
Lautaro hace un gesto de restarle importancia al comentario. Se levanta y empieza a buscar entre los libros. Saca uno y se lo enseña a Tamara, es un volumen con tres tragedias Shakesperianas.
LAUTARO: ¿No estará perdido entre sus tragedias?
TAMARA: Que gracioso.
LAUTARO: ¿Te fijaste abajo de la heladera?
TAMARA: Sí, pero fijate de nuevo.
LAUTARO: No voy a poner la cara en un lugar reducido y oscuro, esperando a que aparezca una araña del tamaño de un ratón. (Tamara lo mira fijo). ¿Por qué no metemos el palo de escoba? Por ahí sale.
TAMARA: Ni se te ocurra. Se va a empachar de cucarachas el hijo de puta. Alumbrá con el celu.
Tamara se agacha a mirar y Lautaro alumbra con la linterna del celular, se le nota el miedo.
LAUTARO: ¿Y?
TAMARA: No. Apuntá mejor.
LAUTARO: Ya va a aparecer, no pudo ir muy lejos. Esto mide dos por dos.
TAMARA: ¡Tené cuidado cuando caminás!
LAUTARO: Sííí. ¿En el baño te fijaste?
TAMARA: Sí.
LAUTARO: Voy.
TAMARA: Ya me fijé, te dije.
LAUTARO: Por eso voy. (Yendo al baño). Te juro que vivir con la posibilidad de encontrarme con una araña gigante y peluda, es la peor tortura que una puede imaginar.
TAMARA: ¡Ahí, lo tenés en la espalda!
LAUTARO (Pega un salto): ¡¡¡¿Qué?!!! (Tamara se ríe). Te odio.
TAMARA: Igual no reacciones así, que puede pasar.
LAUTARO: Te odio, te odio mucho.
Lautaro entra al baño. Tamara abre el freezer y saca el pote de helado y lo abre, consigue una cuchara y se dirige hacia el balcón. Lautaro sale del baño al poco tiempo, camina hacia el balcón siempre mirando el piso.
LAUTARO: ¿No se habrá tirado por acá?
TAMARA: No es suicida.
LAUTARO: Pero con la tela, digo. Como en la canción.
TAMARA: ¿Qué canción?
LAUTARO: Incy Wincy.
TAMARA: Las tarántulas trabajan distinto con la tela. Es más… en las patas y eso.
LAUTARO: ¿Cómo?
TAMARA: ¿De verdad te interesa?
LAUTARO: Me interesa saber cómo es que sabés de tarántulas.
TAMARA: Tengo una, es mi mascota. Y soy alérgica a los gatos.
LAUTARO: Voy a buscar una cuchara. (Lautaro se dirige hacia la cocina). ¿Cómo van las cosas con… Ernesto era?
TAMARA: Anibal.
LAUTARO: Eso. ¿Cómo vá?
TAMARA: Mal.
LAUTARO: ¿Qué pasó?
TAMARA: Un tarado.
LAUTARO (Volviendo con la cuchara): ¿Por?
TAMARA: Quería cosas raras.
LAUTARO: ¿Qué tan raras?
TAMARA: Muy raras. (Pausa). Más raras que yo.
LAUTARO: No digas eso.
TAMARA: Es que eran MUY raras.
LAUTARO: No digas que vos sos rara.
TAMARA: Me lo dijiste vos.
Pausa.
LAUTARO: Yo también soy raro.
TAMARA: Cosas más raras que vos también. Más raro que lo que… eso.
LAUTARO: Tami, esos lugares… las páginas de internet en las que… entro. Son…
TAMARA: Pueden mentir. Vos mentís también ahí.
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Bueno, eso.
LAUTARO: ¿Y qué quería? Me podés contar, no me voy a asustar.
TAMARA: No quiero hablar de eso, de verdad, me da asco… y pena.
LAUTARO (Con voz lasciva): Mostrame el culito, nena, mostrame las tetitas. A ver, a ver… tocate un poquito, dale.
TAMARA: ¡Basta! Te juro que me hacés acordar a él.
LAUTARO: Uf. Perdón.
Pausa.
TAMARA: ¿Y vos? ¿Siempre fuiste así?
LAUTARO: ¿Cómo? ¿Raro?
TAMARA: Lo seguís diciendo vos. Digo, nunca se lo dijiste a nadie.
LAUTARO: No. En ese sentido sos más honesta que yo. Vos te permitís ser así… rara. Yo me escondo.
TAMARA: Yo también me escondo. Hace una semana que no salgo de casa.
LAUTARO: ¿Una semana?
TAMARA: Sí. Y no sé si voy a salir alguna vez.
LAUTARO: Salgamos juntos. Dale, es una noche hermosa.
TAMARA: ¿A dónde me llevarías?
LAUTARO: A… tomar un liso, en alguna veredita, cerca del río.
TAMARA: Tengo treinta años.
LAUTARO: Ya sé, ¿por qué me decís eso?
TAMARA: Me da miedo la gente. Solo puedo hablar con vos y estamos peleados.
LAUTARO: ¿Ya no? ¿No?
TAMARA (Levanta los hombros): No sé, hasta que no aparezca William creo que sí.
LAUTARO: Lo tenés en el pelo a William.
TAMARA (Tocándose suavemente el cabello): ¿Dónde?
LAUTARO: Es increíble que puedas reaccionar así.
TAMARA: Sabía que era una broma.
LAUTARO: Igual hubieses reaccionado así.
TAMARA: Sí.
LAUTARO: Va a aparecer. (Pausa). ¿No me vas a contar entonces?
TAMARA: ¿Qué cosa?
LAUTARO: Lo del viejo de mierda ese.
TAMARA: No quiero hablar de eso te dije.
LAUTARO: ¿Necesitás que lo mate? (Tamara se ríe). En serio, puedo ser muy peligroso si me lo propongo. En tiempos libres soy asesino a sueldo. Sé miles de artes marciales y puedo tirar cuchillos con una puntería milimétrica.
TAMARA: ¿Sos Batman?
LAUTARO: Batman, sí.
TAMARA: Batman no mata.
LAUTARO: Bueno, este Batman puede hacer una excepción si le tocan a su hermana.
TAMARA: No tenés que hacer nada por mí y podés irte cuando quieras, ¿sabés? Yo voy a estar bien.
Pausa. Los dos se quedan callados, piensan.
TAMARA: Qué gustos de mierda que pediste.
LAUTARO: Es helado. Disfrutá.
TAMARA: Si me querías pedir perdón con helado, tendrías que haberte ido al centro, hacerte el viaje, no ir a la Mickey.
LAUTARO: ¡Qué paladar!
TAMARA: Cambian el color, el gusto es el mismo. Igual, es la heladería que este barrio se merece, mirá lo que es, una boca de lobo. (Suspira). Qué tristeza todo.
LAUTARO: Sí.
Pausa larga.
LAUTARO: Tami, ¿no te gustaría estar con un chico?… De tu edad. Alguien bueno, hay mucha gente sola. Vos sos linda, de verdad, sos una linda chica. Sos buena, cocinás bien, seguro que hay alguien para vos. Alguien que te quiera, que te cuide.
TAMARA: Alguien como vos.
LAUTARO: Alguien mejor.
TAMARA: Y que no sea mi hermano.
LAUTARO: Y que no sea tu hermano.
TAMARA: Sí.
LAUTARO: ¿Querés que te ayude?
TAMARA: ¿A qué?
LAUTARO: A conocer a alguien.
TAMARA: ¿Tipo celestina?
LAUTARO: Sí, no sé.
TAMARA: Así vos te podés ir. Si tengo un hombre vos te podés ir.
LAUTARO: Sí, qué sé yo.
TAMARA: ¿A dónde te vas a ir?
LAUTARO: Todo lo lejos que me permita el sistema de transporte.
TAMARA: ¿Y me vas a escribir?
LAUTARO: Mails. Uno por semana.
TAMARA: Me sirve. (Pausa). Sólo estuve con un chico, ¿sabés? Era muy bueno y me quería. Vivía solo, cerca de la estación Mitre, la que está abandonada, allá en el sur. Era tierno… gracioso. Le faltaba este diente (Se señala un colmillo). Pero decía que eso era sexy y se reía, se reía igual, como mostrándolo. Nos veíamos cuando yo volvía de la profe particular. Después me enteré de que tenía novia. Creo que se casó al poco tiempo de cortar conmigo.
LAUTARO: ¿Y porqué era bueno?
TAMARA: No sé, me hacía sentir completa. Nunca sentí que me tratara diferente. Es muy lindo eso. Una vez, lo ví hablando con una chica, una vez que me escapé para verlo, no era miércoles, era sábado. Lo ví con esa chica y supuse, y supongo ahora, que tenían algo, entre ellos. Pero no me puse celosa, sino que me alegré al ver que la forma en que hablaba con ella, la forma en que él era con ella, no era para nada distinta a la forma en que era conmigo. Nunca le dije que lo había visto.
LAUTARO: ¿Cómo se llamaba?
TAMARA: Se llama Diego. Está vivo. Estuve con él un septiembre, perdón por la poesía, pero fue mi única primavera. Primavera, después otoño, invierno, otro otoño, otro invierno, y así.
LAUTARO: Muy mala poesía. Además no podés negar que los veranos existen.
TAMARA: Sí, verano sí. Mucho verano.
LAUTARO: Demasiado.
TAMARA: No necesito a nadie.
LAUTARO: Para tener una compañía.
TAMARA: Tengo a William… Si William aparece te podes ir.
LAUTARO: William no puede pagar el alquiler, el gas, la luz…
TAMARA: Y vos tampoco. (Se ríe). Si es por la plata no te preocupes que yo me las puedo arreglar. Que no quiera salir a la calle no significa que no pueda trabajar. Tengo el celu. Hay laburos online que pagan en dólares. Vos andá, yo me arreglo. Pero antes… William.
LAUTARO: ¿Y te quedás encerrada acá para siempre?
Tamara sólo levanta los hombros y mira hacia la calle. El viento trae una cumbia.
LAUTARO: ¿No querés salir entonces?
TAMARA: No.
ESCENA VI
Por la noche, no hay luna. Tamara lee y escucha ese rock distorsionado y ochentoso a un volumen mínimo, ya no tiene vendas en la mano. Lautaro entra, la puerta se abre fuerte golpeando contra la pared.
LAUTARO: ¡Tamarita! ¿Qué acelga?
TAMARA: Todo viento, ¿y botella?
LAUTARO: ¿Cómo sigue?
TAMARA: ¿Eh?
LAUTARO: No puedo repetir el todo viento. ¿Qué otra palabra? Todo Bienal… Viena… VIENTRE… Bienaventurados… los limpios de corazón, porque VEN a Dios. ¡Cómo me gustaba leer! A vos te sigue, veo.
TAMARA: Estás borracho, tenés olor.
LAUTARO: ¡Borracho mal! Maleficio, malón… MALAMBO.
TAMARA: Después decís que no tenés plata para comprarte ropa o para arreglar un poco la casa. No entiendo, ¿sabés todas las cosas que podrías haber hecho con la plata que gastás en pucho y cerveza?
LAUTARO: ¿Qué cosas podría haber hecho?
TAMARA: Cosas importantes.
LAUTARO: Cosas aburridas. ¿Vos fumás?
TAMARA: No.
LAUTARO: ¿Tomás alcohol?
TAMARA: No como vos.
LAUTARO: ¿Y dónde están tus cosas importantes?
TAMARA: Andá a bañarte y dejame leer.
LAUTARO (Imitándola): Anda a bañarte y dejame leer. (Sigue con esa voz, pero ahora un poco más cascada:) Lautaro, ¿vas a ir vestido así al cumpleaños? Lautaro vas a llegar tarde al trabajo. Lautaro levantate que son las tres de la tarde.
TAMARA: ¿Esa soy yo?
LAUTARO: Vos, mamá, da lo mismo, es increíble lo que te estás pareciendo a ella.
TAMARA: ¿Querés que te diga cómo te estás pareciendo a papá?
LAUTARO: Vos no conociste a papá.
TAMARA: Sé que era un borracho y me da mucha pena, mucha pena que sigas sus pasos.
Lautaro sólo se dedica a fumar.
LAUTARO: Es lo que podía hacer. Pobre hombre.
Tamara vuelve al libro. Lautaro sigue fumando en silencio. Se hace una pausa.
TAMARA: ¿Podés fumar en el balcón?
Lautaro con el pucho en la boca, se acerca al rostro de Tamara, casi la toca con la brasa.
TAMARA: ¡Lautaro! ¡Por dios, sos un asco!
LAUTARO: Voy.
Lautaro va hacia el balcón. Sin sacarse el pucho de la boca.
TAMARA: ¡Asqueroso! ¡Qué olor! (Simula una especie de arcada). ¿Podés comprar otra marca de puchos? ¿Qué tienen esos, kerosén?
LAUTARO: Puede ser.
Tamara se queda tapándose la nariz con la mano. Lautaro va al balcón y fuma. Se sienta en una de las sillas plásticas, lo hace muy al borde y se cae al suelo, con ruido. Tamara se asusta y lo mira. Él se recompone y se queda ahí, en el piso, fumando.
TAMARA: ¡¿Estás bien?!
LAUTARO: Bien borracho. Creo que se me rompió el huesito dulce.
TAMARA: ¿En serio? Fijate si te podés levantar.
LAUTARO: No, no puedo.
TAMARA: ¿Estás intentándolo?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Lau, no me asustes.
LAUTARO: ¿Vos pensás que existe el “huesito dulce”?
TAMARA: Claro que existe.
LAUTARO: Yo creo que es algo que inventan los padres, algo así como el niñito dios.
TAMARA: Ya no se usa más eso del niñito dios.
LAUTARO: ¿Ah no?
TAMARA: No, ahora es papá noel.
LAUTARO: ¿Ves? Lo bueno de la mentira es que tiene patas cortas, sobre todo si sos un niñito. (Se ríe). Reite, es bueno el chiste.
TAMARA: Pero el huesito dulce sí existe, es el último hueso de la columna vertebral. Es terrible fracturarlo. ¿Te lo golpeaste o no?
LAUTARO: Estoy bien.
TAMARA: Parate a ver.
LAUTARO: Eso si que no.
TAMARA: ¿Por el hueso o por la borrachera?
LAUTARO: ¿Qué hueso?
TAMARA: EL DULCE.
LAUTARO: Ah… (Se toca). No, el hueso está bien. ¡William! ¡Vení! MATAME WILLIAM, esta es TU oportunidad, picame. No vas a verme en el suelo, nunca más.
TAMARA: Ojalá fuera cierto. ¿Te ayudo?
LAUTARO: ¿A?
TAMARA: A levantarte.
LAUTARO: Estoy bien.
TAMARA: ¿Querés comer?
LAUTARO: Comí.
TAMARA: ¿Dónde?
LAUTARO: Piqué algo.
TAMARA: Raro. Pero bien.
LAUTARO: Tengo un amigo.
TAMARA: ¿Mhm?
LAUTARO: Eso, tengo un amigo. Salí con un amigo.
Tamara se acerca al balcón.
TAMARA: ¿Un…
LAUTARO: Amigo.
TAMARA: Okey…
LAUTARO: Amigo Tamara.
TAMARA: Está bien. ¿Saliste con él?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Bien. ¿De dónde lo conocés?
LAUTARO: Es un proveedor del trabajo. Hablamos de vez en cuando y… nos reímos mucho. Le gusta leer. Hoy vino antes de cerrar y le dije de tomar unas birras y salimos.
TAMARA: ¿Te gusta?
LAUTARO: ¿Eh? No, no.
TAMARA: ¿Es lindo?
LAUTARO: Qué sé yo. Sí.
Tamara sonríe.
LAUTARO: Le dije que venga… a casa, mañana.
TAMARA: ¿Acá?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: No.
LAUTARO: ¿No?
TAMARA: No. ¡MIRÁ ESTA CASA! No lo podés traer acá. ¿Y a dónde voy a ir yo, Lautaro? Todavía no puedo… salir.
LAUTARO: No, es que… vos… tenés que estar.
TAMARA: ¿Cómo?
LAUTARO: Sí, le hablé de vos, le dije que… tenía una hermana… que… bueno, le hablé de vos.
TAMARA: No entiendo, ¿me estás buscando un novio vos?
LAUTARO: No.
TAMARA: ¿Entonces qué? ¿Me estás usando para traer un tipo a casa y levantártelo?
LAUTARO: No, tampoco.
TAMARA: ¡¿Entonces qué?!
LAUTARO: ¡Es un amigo! Un amigo.
Pausa.
TAMARA: La casa es una mierda.
LAUTARO: Mañana limpiamos, acomodamos.
TAMARA: Vos te vas a trabajar todo el día y yo sola no puedo con este quilombo.
LAUTARO: Yo no voy a trabajar mañana.
TAMARA: ¿Cómo que no?
LAUTARO: Renuncié.
TAMARA: ¿Te echaron? Te echaron.
LAUTARO: No, no me echaron. Renuncié. (Pausa). Me echaron. Pero todo va a estar bien.
TAMARA: ¿Tenés alguna noticia más? ¿De qué vamos a vivir?
LAUTARO: No sé, vos dijiste que podías conseguir un trabajo, hablaste de dólares.
TAMARA: ¿Para mañana? ¿Querés que tenga el trabajo mañana? No, peor, HOY. AYER.
LAUTARO: Me compré un pasaje Tami.
TAMARA: ¿Te vas a ir? ¿A dónde?
Lautaro le da un papel que saca del bolsillo. Tamara lo revisa, se lo entrega.
TAMARA: No me digas que este amigo tuyo es de acá.
LAUTARO: No. (Pausa). Pero fue él el que me habló de este lugar, me habló de los paisajes y de lo lindo que era, de que se respira otro aire. Siempre iba a vacacionar ahí con su familia y hasta hoy sigue yendo, al menos una vez al año.
TAMARA: ¿Y pensás que te vas a encontrar con él, ahí?
LAUTARO: No pensé en nada de eso. De verdad.
TAMARA: Y te irías… ¿para siempre?
Sólo se miran. Largo rato. Tamara alcanza a afirmar con la cabeza.
LAUTARO: Yo limpio y vos cocinás.
TAMARA: Tengo que cocinar.
LAUTARO: Te dije que le hablé de vos.
Tamara niega con la cabeza y mira al cielo.
LAUTARO: Ey. Falta todavía.
TAMARA: No me gusta la gente. (Pausa). Es una pena que no haya luna. Está todo tan oscuro.
LAUTARO: ¿Qué querés con la luna? ¿Pedirle un deseo? Como mamá. Nunca le funcionó muy bien eso de los deseos y siempre pedía lo mismo.
TAMARA: La felicidad de sus hijos. Pobre.
LAUTARO: Esperanzas de pobre.
TAMARA: La esperanza es lo último que se perdió.
Tamara y Lautaro, juntos ahora, miran la noche oscura. No sonrien. Tamara suspira, Lautaro la mira un momento y vuelve a mirar el cielo.
ACTO II
Hay música, otro rock pesado y movedizo. La casa se modifica gracias al accionar de los hermanos, se corren los tules liberando el espacio, hasta generar un solo espacio bastante grande y abierto. La mesa pasa al centro, una de las camas, contra la pared, se transforma en una especie de sillón, lo cubren con una sábana. Queda lindo. Tamara se dedica a la cocina, mete una fuente en el horno. Lautaro limpia y acomoda el balcón. Pasa, así, el día. La luz clara se vuelve naranja y luego se va. Es entonces cuando se encienden las lámparas artificiales y todo es más amarillento.
ESCENA I
La música sigue sonando. Ambos beben vino.
LAUTARO: Muy bien, ahora nosotros. ¿Te vas a bañar?
TAMARA: Sí.
LAUTARO: ¿Qué hora es? (Mira su celular). Voy yo, ¿sí?
TAMARA: Dale.
Lautaro sale en dirección al baño. Tamara lloriquea con sonido, Lautaro se da cuenta y gira para mirarla.
TAMARA: Pensé que…
LAUTARO: ¿Qué pasa?
TAMARA: Pensé que acomodando todo iba a aparecer.
LAUTARO: William.
TAMARA: Sí. (Lloriquea). Sí salió del departamento alguien la mató, ¿me entendés?
LAUTARO: Tami. No… no llores.
TAMARA: Todo lo que tengo se muere… o se va. Mamá… Williaaam (Llora mucho).
¡ESTOY TAN TRISTE!
LAUTARO: Vení.
Lautaro le ofrece un abrazo, ella lo acepta. Llora en el hombro de su hermano. Después de un tiempo sale, tiene cara de asco.
TAMARA: Bañate y cambiate, que tenés olor.
LAUTARO: Sí.
Lautaro va hacia el baño mientras mira el celular.
LAUTARO: No entiendo por qué no contesta los mensajes.
TAMARA: Estará manejando. ¿Cuántas veces le escribiste?
LAUTARO: No, le pregunté algunas cosas.
TAMARA: ¿Te gusta?
LAUTARO: ¿Quién?
TAMARA: Nuestro invitado.
LAUTARO: ¿A mí? No.
TAMARA: Me a voy bañar yo, ¿sí?. Vos te quedás acá con el celu y el horno. Solo mirás, no tocás nada. Cualquier novedad me avisas.
LAUTARO: Está bien.
Tamara se mete en el baño. Pasan unos segundos y Lautaro prende un cigarrillo, sale al balcón. Se huele los sobacos y comenta el mal olor con el rostro. Le suena el celular, mira y sonríe.
LAUTARO (Grabando audio): ¿Qué hacés Manolete? Me imaginé que estabas ocupado, no te hagas drama. No, mi hermana quería saber a qué hora llegabas por… para calcular el tiempo de la comida. Emmm… Bueno, ¿estás viniendo? ¿A qué hora estás llegando, querido? Tengo… tengo una sorpresa para contarte. (Se ríe). Nos vemos en un ratito.
Manda el mensaje y espera. Fuma. Llega un mensaje. Lautaro lee y frunce el ceño. Escribe. Se refriega la cara con la mano. Llega un mensaje, lee.
LAUTARO (Grabando un audio): Ehhh… No, no… Yo… Yo te había invitado de verdad, claro. Entiendo que teníamos alguna, algunas copas de más pero la invitación fue real. Emmm… Pensé que venías hoy… Ya preparé, ya preparamos todo, escuchame… ¿vos no podes… no vas a venir?
Manda el mensaje. Espera. Pita el cigarrillo y lo tira antes de terminarlo. Espera. Llega un mensaje. Lo lee. Mira hacia la casa, la mesa servida, el horno prendido, Se lamenta en silencio.
LAUTARO: Forro. (Grabando audio). Bueno, bueno, bueno… Quedará para otra oportunidad. (Se ríe, la risa es falsa). Te mando un beso… Un abrazo.
Con cara de asco Lautaro se queda en el balcón. Tamara sale del baño, cambiada con un vestido azul, corto y de una tela muy liviana. Lautaro la mira y se queda en silencio, largo rato.
TAMARA: ¿Qué pasa? ¿Me queda mal?
LAUTARO: Estás… preciosa. Realmente hermosa.
TAMARA: Ay Lau, es la primera vez que me decís algo lindo y que realmente te creo. Gracias. (Pausa). ¿Estás bien?
LAUTARO: No va a venir.
TAMARA: ¿Quién? ¿Por?
LAUTARO: Qué sé yo… Dice que… No sé.
TAMARA: ¿Y qué hacemos con toda la comida?
LAUTARO: Tirala a la mierda.
Tamara mira a Lautaro un rato.
TAMARA: No, bueno, tendremos pescado para toda la semana.
LAUTARO: Me voy a bañar yo.
Lautaro hace unos pasos en dirección al baño.
TAMARA: ¿Estás bien?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Sirvo si querés y comemos… cuando salgas.
LAUTARO: No tengo mucha hambre ahora.
Lautaro entra en el baño, se escucha el sonido del agua correr. Tamara revisa la comida del horno. Baja el fuego. Por el balcón ingresa la melodía de una cumbia santafesina. Tamara tararea, canturrea y baila. Bebe un poco de vino. Sigue bailando y se marea. Comenta con el rostro, negando con la cabeza, levantando las cejas. Lautaro sale del baño con el pelo mojado y la misma ropa con la que entró.
TAMARA: ¿No te vas a poner la ropa nueva? (Nada. Cambia de tema rápidamente). Creo que no voy a tomar más. Estoy un poquito tocada.
LAUTARO: Mantenete ahí, es lindo eso. Todo empieza a importar menos.
TAMARA: Sí.
LAUTARO: Esa es la idea.
TAMARA: Igual creo que no voy a tomar más.
LAUTARO: Hacé como yo. (Se sirve una copa de vino y se la toma de un sólo trago). Me voy.
TAMARA: ¿A dónde?
LAUTARO: A comprar más vino.
TAMARA: Hay otra botella entera.
LAUTARO: Quiero más.
TAMARA: No Lautaro, por favor.
LAUTARO: Me quiero ir.
TAMARA: ¿A dónde?
LAUTARO: ¡Me quiero ir, Tamara! ¡Dejame en paz!
TAMARA: Tengamos esta cena nosotros juntos, como hermanos, como despedida. Como… como una cena de hermanos, de familia.
LAUTARO: Hace falta más vino para eso.
TAMARA: Lau, estemos juntos, tengamos esta cena nosotros dos, juntos. ¿Qué importa?
LAUTARO: Solos.
TAMARA: No, solos no. Nosotros.
LAUTARO: ¡Solos, nosotros estamos solos!
TAMARA: ¿Y?
Pausa.
LAUTARO: Me voy, ya vengo.
TAMARA: No vas a volver, sí te vas no vas a volver, lo sé. (Le toma la mano). Hice… hicimos un montón de comida.
LAUTARO: No me agarres.
TAMARA (Soltándolo): Por favor.
LAUTARO (Piensa antes de hablar): No, no puedo, no puedo más.
Casi llorando, Lautaro sale, cierra la puerta de entrada y casi al mismo momento se corta la luz. No se vé nada. Se la escucha a Tamara tocar las perillas de luz. Se la escucha caminar. Se golpea con los objetos.
TAMARA: La puta madre que nos parió.
ESCENA II
Todo está oscuro pero debajo de la puerta de entrada se divisa una línea de luz. Tamara la abre y ahora la luz del afuera le ilumina la silueta.
TAMARA: Es acá. Nos cortaron la luz. A esta hora. La puta que los parió. La puta que te parió.
Tamara suspira resignada, cierra la puerta lentamente, cuando está a punto de llegar al tope, la mano de Lautaro la interrumpe.
LAUTARO: Perdón. Un chico muy bonito, muy inteligente que se llama Lautaro, me invitó a comer acá hoy. ¿Vos sos Tamara, puede ser?
TAMARA: Ah… ¿Manuel?
LAUTARO: ¿Manuel? No. Diego me llamo yo.
TAMARA (Sonríe): ¿Diego qué?
LAUTARO: ¿Mi apellido decís? (Pausa). Maradona.
TAMARA: Ah mirá. No, es que… No es que no me sorprenda que venga Diego Maradona a mi casa, pero pensé que podía ser un Diego, otro, que conocí hace muchísimo tiempo.
LAUTARO: ¿Un novio?
TAMARA: Algo así.
LAUTARO: ¿Y estabas enamorada de ese “novio”?
TAMARA: Sí.
LAUTARO: Bueno, puedo ser ese también.
TAMARA: ¿Te la bancás?
LAUTARO: Por supuesto, soy Maradona. Digo, soy… ¿quién soy?
TAMARA: Noble.
LAUTARO: Diego Noble, un gusto.
TAMARA: No te puedo dar la mano, me falta.
LAUTARO: Uh, no sabía nada, perdón.
TAMARA: Sí que sabías. ¿Te acordás de cómo me llamabas?
LAUTARO: No.
TAMARA: Renata Lavand.
LAUTARO: ¿Qué? Espero no haberte molestado con eso.
TAMARA: No, me encantaba. Decías que podía hacer magia, que todo conmigo era mágico. Después pareció una ilusión, un espejismo.
LAUTARO: “No se puede hacer más lento”.
TAMARA: Fue muy rápido, ese es el verdadero truco.
LAUTARO: ¿Y ahora? ¿Desapareció la luz?
TAMARA: Nos la acaban de cortar.
LAUTARO: ¿Querés que me fije si saltaron los tapones?
TAMARA: No, es que… mi hermano, Lautaro, el que… conociste recién, se olvidó de pagar la luz. Ya se venía olvidando y, como verás, afuera HAY luz. El otro día agarró la boleta y me prometió que la iba a pagar, pero…
LAUTARO: ¿Qué habrá hecho Lautaro con esa boleta?
TAMARA: Seguramente la usó para limpiarse el culo.
LAUTARO: ¿Velas?
TAMARA: No, la casa tiene muchas telas y no, no podemos prender fuego. Nunca tuvimos telas, ¡velas! ¿Tenés hambre?
LAUTARO: Sed.
TAMARA: ¿Qué querés tomar?
LAUTARO: ¿Qué estás tomando?
TAMARA: Vino.
LAUTARO: Bueno.
TAMARA: Si querés andá yendo para el balcón, ahí algo de luz vamos a tener.
Lautaro va hacia el balcón, hay un poco más de luz, no mucho, la calle de abajo no está demasiado iluminada y no hay luna. Tamara aparece desde las sombras con la botella de vino bajo el antebrazo derecho y las dos copas en su única mano.
TAMARA: ¿Me agarrás los vasos? Es verdad que solo tengo una mano.
LAUTARO: Sí.
Lautaro sostiene los vasos y Tamara los sirve hasta arriba. Apoya la botella en el piso.
TAMARA: Salúd.
LAUTARO: Salúd.
Tamara bebe la totalidad del vino de un solo gesto. Lautaro, al verla, hace lo mismo. Tamara vuelve a servirse.
TAMARA: Ah, tenía sed. ¿Más?
LAUTARO: Dale.
Tamara le sirve. Ella vuelve a tomar todo el vaso, Lautaro ya no.
LAUTARO: Despacio.
TAMARA (Eructa sin sonido): Hay otro.
LAUTARO: ¿Estás bien?
TAMARA: Te veo poco, te juro que si entrecierro los ojos…
LAUTARO: No hay mucho que ver.
TAMARA: Eras tan lindo.
LAUTARO: ¿Ahora no?
TAMARA: Te veo poco.
Pausa. Lautaro toma un poco más de vino.
TAMARA: ¿Diego?
LAUTARO: Sí.
TAMARA: ¿Alguna vez volviste a pensar en mí?
LAUTARO: Sí claro.
TAMARA: Contame cómo.
LAUTARO: Contame vos, contame de qué me puedo acordar.
TAMARA: Una vez me quedé dormida en tu casa, yo siempre volvía a dormir acá, pero esa vez no sé qué me pasó. Me desperté tarde, como a las cuatro de la mañana y vos me estabas abrazando, yo sabía que mi mamá… y mi hermano también, aunque menos, iban a estar desesperados porque la nena, la nena manca y diferente, estaba perdida. No me volví a dormir, pero tampoco me moví de esa posición. Estaba tan bien, horas de felicidad… y de calambres.
LAUTARO: Uf, me acuerdo.
TAMARA: ¿A sí?
LAUTARO: Bueno, no yo yo. Sino la parte de mí que estaba acá en casa. Me despertó mamá desesperada.
TAMARA: ¿Ya terminamos de jugar?
LAUTARO: No, es que… Perdón.
TAMARA: Igual creo que Lautaro está por llegar, fue a comprar algo.
LAUTARO: No, tranquila, Lautaro no va a volver.
TAMARA: ¿Nunca?
LAUTARO: Nunca.
TAMARA: ¿Querés comer?
LAUTARO: No tengo hambre.
TAMARA: Mejor. Puede que la comida esté hecha un desastre. Gas hay y supongo que todo debe estar hecho. Pero mejor no arriesgarnos.
LAUTARO: Me voy a poner más vino, ¿puede ser?
TAMARA: Re. ¿Querés traer la botella? Yo también quiero un poco.
LAUTARO: Okey.
Lautaro va en busca de la otra botella, desde el camino, habla.
LAUTARO: ¿Y cómo es tu hermano?
TAMARA: Es bueno. Me cuida.
LAUTARO: ¿Necesitás que alguien te cuide?
TAMARA: No. Me cuida porque es mayor, porque es mi hermano. Creo que todos los hermanos mayores cuidan a su hermana chiquita. Además no tenemos otra familia. Somos nosotros dos solos.
LAUTARO: Si yo fuera tu hermano…
Llega con la nueva botella.
TAMARA: ¿Qué?
LAUTARO: También te cuidaría mucho. Intentaría que seas feliz.
TAMARA: ¿Y después te irías?
LAUTARO: ¿Cómo?
TAMARA: Eso, si podés verme feliz, misión cumplida.
LAUTARO: Sí.
TAMARA: Yo creo que SOY triste. Qué SOMOS tristes.
LAUTARO: ¿Quienes?
TAMARA: Mi hermano y yo.
LAUTARO: ¿Entonces crees que tu hermano no se va a ir nunca?
TAMARA: No, creo que se propone cosas demasiado grandes para no tener que irse. Creo que se conforma con pensarlo, con desearlo. Creo, aunque él diga que no, que me echa la culpa. Y antes de esto le echaba la culpa a mamá. Pero en realidad no puede irse por él.
Pausa.
TAMARA: Te quedaste callado.
LAUTARO: Mejor no hablemos de tu hermano.
TAMARA: ¿Me servis?
LAUTARO: Ah, sí.
Lautaro se acerca para servir la copa de Tamara. Ella lo mira en la penumbra.
TAMARA: Hola.
Lautaro acaricia el rostro de Tamara.
LAUTARO: Sos muy hermosa.
TAMARA: Mmm.
LAUTARO: Vos… Sos muy linda, ojalá encuentres un Diego… de verdad.
TAMARA: ¿De verdad? Perdón, no entiendo. Estoy un poco… borracha, perdón.
LAUTARO: Nada, no dije nada.
Están cerca. Se escucha desde afuera una cúmbia santafesina y melosa.
TAMARA: ¿Querés bailar?
Pausa.
TAMARA: Sí no querés está bien, es que me gusta mucho esta canción.
LAUTARO: No, está bien, bailemos.
Bailan cumbia. Dos, tres vueltas. A la cuarta, Lautaro la abraza. Bailan juntos, abrazados.
LAUTARO: ¿Querés que te bese?
Tamara se ríe.
LAUTARO: Lo digo de verdad.
TAMARA: Estás borracho.
LAUTARO: Sí, pero alguien debería hacerlo.
Se besan, juntan los labios. Se intensifica la pasión del beso con algunas caricias en la espalda. Pasa un tiempo considerable. Después, Lautaro se aleja. Llora un poco.
LAUTARO: Sin lengua, Tamara.
TAMARA: Perdón. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
LAUTARO: No, sí, es que…
TAMARA: ¿Te dió asco?
LAUTARO: No, no. No hay nada malo, no hay nada malo en vos. Es que…
TAMARA: Ya sé Diego, es tu novia, vos te ibas a casar. Decime, decime qué es eso…
Lautaro y Tamara vuelven a mirarse a los ojos. Tamara también está llorando un poco.
LAUTARO: Sí, es eso. Soy yo. Yo… tengo una novia, ya sabías. Es muy buena y… Te quiero, te quiero mucho…
TAMARA: ¿A mí?
LAUTARO: Sí, te quiero. Te quiero mucho. Tengo que irme. No puedo.
TAMARA: Te vas para siempre.
LAUTARO: No puedo estar más acá. Es por ella, por mi novia, me está esperando.
TAMARA: ¿A dónde?
LAUTARO: En… en todos lados, en todos los lugares a los que voy. Tengo que irme.
TAMARA: ¿Voy a volver a verte?
LAUTARO: No hay luz.
Lautaro sale en dirección a la puerta. Se detiene de golpe.
LAUTARO: ¡No!
TAMARA: ¿Qué pasó?
Pausa.
TAMARA: ¿Diego?
Pausa.
TAMARA: Lau, ¡¿qué pasó?! ¿Estás bien? ¡Diego! ¡Lau, decime!
LAUTARO: Pisé algo.
TAMARA: ¿Qué, qué pisaste?
LAUTARO: Dios, soy un imbécil.
TAMARA: ¿Qué pisaste? No pasa nada.
LAUTARO: Creo que… creo que la maté.
TAMARA: ¿William? ¿Dónde?
LAUTARO: Acá.
Tamara se acerca a Lautaro, se agacha y tantea con las manos el piso cerca de los pies de Lautaro.
TAMARA: No. Está bien, no está muerta. Camina.
Tamara vuelve hacia el balcón, le da la luz. Tiene a William en la mano. Lautaro no se mueve.
TAMARA: Está bien. Un poco herida, le pisaste las patas. Pero va a estar bien.
LAUTARO: ¿Segura?
TAMARA: Va a estar bien. Andá tranquilo.
Tamara se sienta en la silla del balcón, iluminada un poco por las luces de la calle, con William caminando por su brazo. Saca su celular, la pantalla le ilumina el rostro, está sonriendo. Le saca una foto a la tarántula, la acaricia.
TAMARA: ¿Lau?
LAUTARO: Sí…
TAMARA: ¿Dónde estabas?
LAUTARO: Acá.
TAMARA: Pensé que te habías ido.
LAUTARO: Sí… ¿Vos? ¿Todo bién?
TAMARA: No, tiene novia, ¿sabías? (Nada). Que vas a saber vos. (Pausa). Te pido algo antes de que te vayas… lo último que te pido. ¿Me ayudás a conseguir un terrario nuevo para William?
LAUTARO: Mañana…
TAMARA: ¿Qué?
LAUTARO: Mañana lo consigo.
TAMARA: Abajo de mi cama hay una caja de zapatos, pasámela.
Lautaro busca debajo de la cama y le alcanza la caja a Tamara. Ella coloca a William en su interior y cierra la tapa.
TAMARA (Hablándole a William): Ahí está mi chiquita, en su casita, no será la gran cosa, pero algo es algo, un hogar provisorio. Después mamá te va a conseguir un lugar mejor, ¿sí? Una hermosa casita en la que puedas estar bien y cómoda para siempre. Pobre mi amor.
LAUTARO: Pobre.
TAMARA: Tomá, ponela arriba de la mesa. Te juro que yo no estoy en condiciones de caminar, demasiado vino.
Lautaro cumple con esa indicación.
TAMARA: Perdón.
LAUTARO: ¿Cómo?
TAMARA: Por todo.
LAUTARO: Okey.
TAMARA: No esperes que yo sea feliz para poder irte. Andate para que vos puedas ser feliz.
LAUTARO: ¿A dónde? ¿A dónde puedo ir?
Pausa.
TAMARA: No sé, qué sé yo, a cualquier lado… A la luna.
LAUTARO: Demasiado cerca.
TAMARA: ¿No salís hoy?
LAUTARO: No hay luz.
TAMARA: Afuera sí.
LAUTARO: No. Ya es tarde.
Lautaro se acuesta en lo que ahora es el sillón.
-FIN-
Comentarios
Publicar un comentario